Columnistas

De la selva a la calle
Autor: Dario Ruiz Gómez
12 de Diciembre de 2016


Mi mirada, prácticamente desde niño, estuvo mediatizada por el cine, para ver a mi mamá utilizaba un plano americano, para describir las aventuras que por los solares realizaba con mis primos recurría a largos travelling.

Mi mirada, prácticamente desde niño, estuvo mediatizada por el cine, para ver a mi mamá utilizaba un plano americano, para describir las aventuras que por los solares realizaba con mis primos recurría a largos travelling. Carrasquilla fue quien comprendió que, huyendo de una visión subjetiva y por lo tanto deformante, el lenguaje cinematográfico permite adentrarse con mayor objetividad en la descripción de una vida, de los hechos que la rodean para que, finalmente el espectador haga un juicio propio sobre lo que ve. Debo confesar que desde que se iniciaron las conversaciones de la Habana los distintos comandantes de las Farc para mí se fueron objetivando a través de esas reacciones propias de quien, escapado del lodazal, de la amibiasis crónica, no lograba dar crédito a lo que empezaba a disfrutar, aquel logro de su odiado capitalismo: el confort. “Yo soy la víctima porque aquí he pasado años comiendo yerba”, exclamaba amargado Romaña al regresar a un campamento, después de acceder en el hotel de la Habana a aquello que no había podido disfrutar en las selvas, mientras sus teóricos sin salir de sus casas en Bogotá nunca les informaron que la revolución marxista-leninista había ya periclitado gracias a quienes ofrendando sus propias vidas lucharon contra la dictadura del odio y derribaron las estatuas de los falsos profetas. ¿Apenas ahora han venido a descubrir estos muchachos que lo que la teoría materialista les justificó, eran en realidad crímenes de lesa humanidad ante los cuales no puede alegarse inocencia?


 Al salir de la selva los comandantes han podido comprobar estupefactos que no aterrizaron en el futuro del socialismo sino que deben enfrentar las pavesas de unas teorías revolucionarias anacrónicas, sin lenguaje apropiado para entender las contradicciones de la democracia. “La asunción de las responsabilidades respecto al terrorismo pasado, ha señalado Florencio Domínguez, a la Eta, es siempre ineludible para evitar que las violencias se reproduzcan en el futuro”. Llegados a este punto nuestra cámara copia el relato de aquella película alemana – “Adiós Lenin” - donde un hijo debe recurrir a mil ingeniosidades para ocultarle a la madre, que despierta de un largo coma, la verdad de que el régimen comunista de Alemania Oriental en el cual ella cree fervientemente, se ha derrumbado y la libertad canta en las calles.


La contraposición de estos personajes extraviados en el túnel del tiempo consistirá en buscar varios planos secuencias para describir la transformación de estas conductas. ¿Por qué nadie les informó a los muchachos del Secretariado que en las calles del mundo continúa vigente la justicia universal, la implacable fuerza moral de la ciudadanía? ¿De, que, Trump, como vino Biden a informarle a Santos, tomará medidas inmediatas contra la perversa noción del narcotráfico como delito conexo con lo político? En la t.v. el rostro demudado de Lozada anunciando iracundo que va a meter en la cárcel a empresarios, comunicadores, militares contrarios a sus ideas y por eso “guerreristas”, nos puso a temblar al recordar aquellas películas sobre detenciones, condenas, fusilamientos, padres denunciados por sus hijos, olvidando Lozada que, si bien nos espanta ver de nuevo Los juicios de Moscú y Praga, Los 22. 000 profesores, intelectuales masacrados y enterrados en las fosas de Katyn, por su demoledor enfoque de la brutalidad a que puede llegar una ideología política, también está La vida es bella de Benigni donde la vida es resistencia y triunfo sobre la barbarie: ¿No es la intemperancia de Lozada, no la voz del diálogo necesario sino de la continuidad de la guerra? (Sobre la pantalla aparece la palabra FIN.)