Columnistas

Un tema explosivo
8 de Diciembre de 2016


En la película “Brazil” Terry Gilliam expone de modo cómico y poético el tema del control social y el límite muy pequeño para las libertades humanas. La película (1985) es un homenaje a la novela de George Orwell “1984”,

Eufrasio Guzmán Mesa


tirtamo@hotmail.com


En la película “Brazil” Terry Gilliam expone de modo cómico y poético el tema del control social y el límite muy pequeño para las libertades humanas. La película (1985) es un homenaje a la novela de George Orwell “1984”, su tema central es la reducción de todas las libertades y el desarrollo de un control despótico de todos los ciudadanos sin resolver el problema de una vida buena y justa.


Las utopías desde Platón hasta Marx son una puesta en escena del anhelo de felicidad de la especie; en ellas se expresan la contradicción entre la realidad dura de la vida con sus fuerzas que nos gobiernan destruyendo nuestro ser y la frustración del anhelo de disfrutar las cosas que sin daño se pueden obtener.


La vida es maravillosa, la naturaleza pródiga, la tierra rica y exuberante, un paraíso. Y no solamente ahora que el desarrollo de la ciencia y la tecnología están haciendo posible la prolongación de la salud y la provisión de recursos alimentarios y energéticos nunca soñados. No es una tontería afirmar que siempre se ha dispuesto de lo necesario para la subsistencia mediante el esfuerzo y el trabajo, la serpiente en el paraíso ha sido el egoísmo propio de la especie y el derroche de los recursos. Una suerte de contradicción de la naturaleza humana que biólogos como Dawkins atribuyen a los genes; incurriendo en el género de la ciencia ficción imagina que los genes son máquinas destructivas que solo quieren garantizar su subsistencia y perpetuarse.


Independiente de las utopías y la fantasía es cierto que la humanidad va convirtiéndose en una máquina depredadora descomunal de los recursos vitales del planeta y está acercándose peligrosamente a poner en riesgo toda la naturaleza como se ha conocido desde su origen. El planeta y la vida están ahora en una situación de conmoción y riesgo parecida a la acción de las fuerzas descomunales de asteroides que en el pasado causaron la extinción de millones de especies. El hecho es que los detritus de la primera extinción masiva, el petróleo, ha sido usados en la época industrial para poner una energía enorme en las manos del ser humano; pero no para su redención sino para crear una descomunal destrucción: la contaminación ambiental y la puesta en peligro de la vida en el mismo océano. Ya el  mar parece más una cloaca infernal que el caldo primordial que dio origen a toda la belleza que transformó un planeta de rocas en ebullición en el paraíso que nos dio la vida maravillosa.


Quizás la serpiente en el paraíso del relato bíblico no haya sido tanto el deseo de saber tanto como Dios como el uso que se le ha dado al logro humano del conocimiento más excelso. Ya en Arquímedes la ciencia se pone al servicio de la guerra de defensa de Siracusa. ¿Era una guerra justa? Oprimidos siracusanos o Roma invasora quizás obedecían a otro gesto terrible y depredador, la otra serpiente, la violencia para obtener lo necesario para la vida. 


El caldo destructivo, sin lugar a dudas, lo forman el conocimiento unido a la violencia. Ese es el origen del terrorismo pero lo que no podemos olvidar de ninguna manera es que esa respuesta explosiva de la especie es un grito desesperado del propio ser humano contra las cadenas opresivas del control que ha hecho que el egoísmo ponga la belleza y el bien en un solo plato de la balanza.