Columnistas

La posverdad y la política
Autor: Hernán Mira
4 de Diciembre de 2016


Nadie ha dudado jamás que la verdad y la política nunca se llevaron bien, y nadie, por lo que yo sé, nunca puso la veracidad entre las virtudes políticas” Hannah Arendt.

Nadie ha dudado jamás que la verdad y la política nunca se llevaron bien, y nadie, por lo que yo sé, nunca puso la veracidad entre las virtudes políticas” Hannah Arendt.


El famoso Diccionario Oxford acaba de elegir la posverdad (post-truth) como palabra del año y la ha incorporado a su diccionario. La elección se basó en que fue la palabra que multiplicó su uso, particularmente en los análisis que se hicieron durante las elecciones en el Brexit y las presidenciales en Estados Unidos que terminaron en el triunfo de Donald Trump. Se ha señalado también que el plebiscito del 2 de octubre cabe muy bien en esto de la posverdad, cuando este diccionario dice que su significado “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.


En las campañas del Brexit, Trump y en plebiscito, fueron prácticamente la regla las mentiras. Trump decía que Obama era de origen musulmán y hasta había participado en la creación de Isis. Insistió tanto en esto que caló en el electorado como posverdad y los ciudadanos salieron a votar más con la emoción, en este caso la rabia o el desencanto de la clase política, que con la razón y el análisis de los argumentos políticos. En el proceso electoral del Brexit, se dijo que  Londres no podrá reinvertir en la sanidad británica los 350 millones de libras esterlinas a la semana (más de 478 millones de dólares) que, según afirmaba los antieuropeístas, el Reino Unido paga a Bruselas. Después el autor del infundio, admitió que no era cierto.


En el plebiscito, está ahora llamada posverdad fue bien dominante en la campaña por el no. Una de esas, fue la llamada “ley antipensional”, la apócrifa “ley Roy Barreras”, presuntamente aprobada por el Congreso que reducía la mesada a los pensionados para financiar la reintegración de los guerrilleros. Y otra fue la que decía que se iban a borrar los votos por el no, pues la tinta del bolígrafo que se daba en las mesas de votación, se borraba poniendo el calor de un bombillo debajo del papel.


Esta política de la posverdad es más que un invento de las élites amenazadas, en ella se deja ver que la verdad no es modificada, ni controvertida, pero sí queda reducida a una importancia secundaria. El propósito de la mentira en política ha sido crear una falsa visión del mundo, en cambio, las mentiras de ahora no funcionan así, pues no pretenden convencer a la clase dirigente en la que los votantes no confían y desprecian, sino que conducen a reforzar los prejuicios.


“La verdad se ha devaluado tanto que ha pasado de ser el ideal del debate político a una moneda sin valor”, se dice en un artículo de The Independent citado por Oxford. Lo importante no es lo que pasa, sino lo que la gente está dispuesta a creer que pasa. Las redes sociales han contribuido grandemente a la posverdad, en detrimento de la prensa seria. Las campañas de Trump, Brexit y el plebiscito han negado realidades,  afirmado mentiras y con ello han conseguido que buena parte de los electores, se hayan decidido a ‘comprar’ una posverdad que les resultaba más atractiva. Como si esa realidad que se les hacía tangible fuera más una cuestión de fe y no de razón. Se ha llegado a decidir creer  mucho más en lo que gusta y menos en lo que es real. 


¿Qué importa si los políticos dejan de decir la verdad por completo? Preguntaba el editorial El arte de la mentira de The Economist. La respuesta es: mucho, porque esa peste de la mentira y medias verdades se disemina por todos los niveles y enferma la sociedad. A la ciudadanía le toca enfrentar esta ola de la posverdad con pensamiento crítico, discernimiento, sin dejarse llevar del fanatismo y trabajando por una democracia real y transparente. La verdad se impone, por eso la odian los tiranos por que no la pueden dominar.