Editorial

Mercosur enfrenta al chavismo
4 de Diciembre de 2016


El despertar de Mercosur llega como aliento, así sea tibio, para los valientes miembros de la Mesa de Unidad Democrática que persisten en jugar en las reglas de juego del orden jurídico venezolano.

El club de naciones escogidas por Hugo Chávez para atestar su golpe mortal contra la Comunidad Andina de Naciones, entonces último baluarte de la democracia en Sudamérica, le acaba de notificar a los sucesores del coronel-presidente que toma las banderas de las libertades políticas y económicas, así como de los derechos humanos, frente al régimen que las pisotea confiando en la impunidad que le estaría garantizada por el cobijo de la comunidad internacional, en cabeza del bien intencionado pero inoportuno papa Francisco, el silencioso Ban ki-Moon, el cómplice Ernesto Samper, y a pesar del valiente Luis Almagro. Pequeña en cantidad de países involucrados (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), además de apenas significativa en materia económica, al menos mientras Estados Unidos le compre crudo a Caracas, la suspensión decretada por Mercosur es decisión pionera en notificar al régimen de Nicolás Maduro que comienza a desvanecerse el embrujo chavista.


Sin ocultar que aún pervive entre ellos cierta tolerancia con el “socialismo del siglo XXI”, reflejo de la que sufren los organismos multilaterales, los medios internacionales de comunicación han destacado el aparte de la resolución que ordena la suspensión de Venezuela por haber incumplido sus compromisos con la integración de mercados, incluyendo la liberación de aranceles. Esas mismas informaciones apenas reconocen la importancia que los gobiernos dan al componente de aplicación del “mecanismo democrático” de Mercosur, contenido en el Pacto de Ushuaia, que data del 24 de julio de 1998, y que se puede consultar en https://goo.gl/zTI5rc. La apelación a ese convenio significa que los países otrora aliados, menos que validos, del chavismo, condenan las violaciones a los derechos humanos y las evidentes constricciones a las libertades políticas de un pueblo que ha sorteado amenazas, presiones y desinformación, para expresarse electoralmente, y en contundentes marchas, a favor del cambio de Gobierno. Su acción da ejemplo. 


Aunque tamizada por las presiones de José Mujica a favor del chavismo, la suspensión, al parecer no expulsión, de Venezuela, es una victoria de Luis Almagro, el uruguayo amigo de don Pepe que desde la Secretaría General de la OEA ha pretendido sacudir el inmovilismo de los aliados políticos, los validos económicos y los indiferentes, o irresponsables, frente a un Gobierno que abusa del poder militar y judicial para garantizar su perpetuación, ilegal y antidemocrática, y para perseguir a valientes opositores que no se arredran ni siquiera en los momentos de máxima soledad y mayor presión. Por independiente y valiente, esta decisión ofrece importantes mensajes al papa Francisco, padrino del diálogo de última hora que el chavismo usa hábilmente para evitar el referendo revocatorio, y a los restantes personeros de las instituciones internacionales, las multilaterales y las de derechos humanos, que hoy están convertidos en impávidos espectadores de la trágica dictadura que amenaza al bravo pueblo.


El despertar de Mercosur llega como aliento, así sea tibio, para los valientes miembros de la Mesa de Unidad Democrática que persisten en jugar en las reglas de juego del orden jurídico venezolano -la votación del referendo revocatorio, la liberación de los detenidos políticos y el diálogo- frente a un Gobierno que desafía a propios y extraños demostrando que su asistencia a la mesa de diálogo del papa es apenas otra estrategia para dilatar el referendo revocatorio hasta fecha posterior al 10 de enero de 2017, cuando el chavismo garantizaría su permanencia en el poder, así lo hiciera con otro de los cabecillas del partido. La generosidad demostrada por los opositores al suspender las multitudinarias marchas pacíficas que se realizaron a pesar de la interferencia y las amenazas del madurismo y parar, al menos temporalmente, el juicio político que iba a emprender la Asamblea Nacional, no puede terminar convertida en una frustración del digno pueblo venezolano que ha desafiado a un Gobierno criminal. Eso significa que ese pueblo necesita de otros pronunciamientos, y decisiones, con que la comunidad internacional ratifique al Psuv como paria. Mantener el silencio, que es indiferencia frente al conejo en el diálogo, es indolente. Y representa el riesgo de condenar a un pueblo que ha sabido resistir en forma civilizada, a la explosión de sus quejas reprimidas por respeto a los valores democráticos, así no pueda disfrutar de ellos.