Columnistas

Golpe a la democracia y premio espurio
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
4 de Diciembre de 2016


Dos hechos marcaron la agenda del país. La “refrendación” en el Congreso del nuevo viejo arreglo entre el gobierno y las Farc, y el premio nacional de paz.

Dos hechos marcaron la agenda del país. La “refrendación” en el Congreso del nuevo viejo arreglo entre el gobierno y las Farc, y el premio nacional de paz. 


Los dos acontecimientos están claramente ligados: el primero, constituye un verdadero atropello al pueblo colombiano por parte del Gobierno y su coalición en el parlamento. Se trata, en realidad, de un extraño golpe de Estado a nuestro sistema democrático, porque los conjurados impusieron su acuerdo por la puerta de atrás, ignorando el mandato popular, rompiendo de esta manera con la regla central de toda democracia: el acatamiento del pronunciamiento político del pueblo, el constituyente primario, fuente de todo el poder político, mediante un sistema reglado de votación (que, además, en este caso, fue amañado para que no pudiese expresar libremente su parecer). Y no vale el argumento de que los congresistas son representantes del soberano, como ya lo dije la semana pasada, porque no están defendiendo el mandato que este les dio el 2 de octubre.


Ahora bien, violar la democracia es bien visto por algunos personajes, respetables algunos de ellos, conocidos de autos, otros, y unos más con intereses privados que se han usufructuado del actual gobierno; en fin, un conjunto de individuos que piensa que el pacto entre el Gobierno y las Farc está por encima de las instituciones democráticas, pero también de los principios universales de justicia que hoy están vigentes -los cuales no admiten la ausencia de castigo a los terroristas, delincuentes de lesa humanidad y autores de crímenes de guerra- y creen que todo hay que concederlo para tener felices a los terroristas que transitan por anchas avenidas hacia el asalto de nuestro estado de derecho. 


Eso es, precisamente, lo que hacen quienes otorgaron el premio nacional de paz a los negociadores del gobierno y de las Farc. Este “reconocimiento” estuvo organizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el periódico El Tiempo, Caracol Radio, Caracol Televisión, Pro Antioquia, Alquería y la Friedrich Ebert Stiftung en Colombia -Fescol-. Como puede verse, todas estas instituciones y empresas han apoyado abiertamente al gobierno de Santos y algunas de ellas, han recibido publicidad para apoyar incondicionalmente esta negociación. Y el jurado estuvo compuesto por Jorge Orlando Melo, el sacerdote Darío Echeverri, Juan Luis Mejía, el padre Francisco de Roux, Socorro Ramírez, Manuel José Bonnett (General retirado), Sylvia Escovar, la presidente de la Cámara de Comercio Mónica de Greiff y el periodista Juan Gossain. Uno esperaría que algunos de ellos hubiesen reflexionado sobre el significado de lo que hacían. Pero no fue el caso. Lamentable.


¿Qué se buscaba con semejante estímulo? ¿Tratar de legitimar el golpe del gobierno y el congreso? Pues fallaron.


En efecto, premiar con un galardón semejante a terroristas, con el argumento de que pactaron cesar sus terribles actividades, es enviar el equivocado mensaje a la sociedad de que es extremadamente rentable asesinar, secuestrar, extorsionar, todo de manera masiva y sistemática con el propósito de acorralar una sociedad, porque se premiará a sus autores concediéndoles todas las ventajas posibles en lo político y en lo personal. Delinquir paga, y mucho, es el corolario de esa condecoración. 


Y no puede decirse para justificar la distinción, por ejemplo, que se otorgó el premio nobel de paz a individuos vinculados con actos terroristas por firmar el Acuerdo de Oslo entre palestinos e israelíes en 1994, porque paralelamente se venía debatiendo en la comunidad internacional temas como el genocidio yugoslavo y el de Ruanda, que desembocó en la creación de la Corte Penal Internacional en 1998. Desde ese momento hay un impedimento moral y jurídico para avalar el terrorismo y una exigencia del mismo tipo para castigarlo. Es muy diciente que el Gobierno Nacional y las Farc hayan intentado hacerle el esguince al Tribunal de Roma y que ahora estos jurados, premien a los terroristas. Y lo que han conseguido los otorgantes es echar más sombras al manejo antidemocrático de esta negociación. No hay premio que le lave la cara al terrorismo, lo que hace es desprestigiar a quienes lo otorgaron. Y a Santos, que está detrás de todo esto, preparando su viaje a Noruega.