Palabra y obra

Luis Fernando Cuartas: “to live only in poetry”
Luis Fernando Cuartas: “sólo vivir en poesía”
2 de Diciembre de 2016


Una conversación con el autor, a propósito del Premio Octava Convocatoria de Becas de Creación En Arte y Cultura Cdcm 2016, por su libro En la calle no calle.


Óscar Jairo 


González Hernández


 


¿Por qué decidió usted nombrar el libro En la calle no calle? 


La calle siempre me ha fascinado, decía mi madre que la primera palabra que aprendí a decir era calle, pero no para hacer silencio, era la boca abierta al afuera, a ese mundo ignoto de lo que no estaba encerrado entre las paredes de una casa. He creído que las calles se hicieron para hablar y no para callar, el ágora de lo público, el sobresalto, la historia que rueda literalmente entre transeúntes, el jolgorio del barrio y los murmullos de ciudad.  


Cuando inicié este poemario, entre esquinas, era la incitación a ver la ciudad, tomando nota, haciendo diálogos, buscando palabras del diario vivir para hacerlas explotar como crispetas saladas en el escenario de lo urbano, que es mi sitio aun así ame el campo, lo rural, pero sigo siendo un callejero, una transeúnte de ciudad. 


¿Qué tiene de los indicios, de los símbolos y los sueños de su interés e  inclinación por el movimiento surrealista y qué no? 


El libro es un estado entre el sueño, el azar, los escombros mentales, lo que queda de pacientes raspados imaginarios, la terquedad, la osadía, un amor sin ataduras, el deseo como pasión imantada de manifestarse, de dejar de ser preso, me expreso, me la juego, en esa expresión de los encuentros fortuitos, la amistad entre el muro y la ventana, entre la esquina y la “gallada”, ese mundo de acertijos y de coordenadas que se nos brinda cuando se es un andariego con ojos de desnudez. Creo que en ese sentido hay una gran afinidad con el surrealismo, más no desde la ortodoxia, nada de dogmas, nada que me haga sentir empotrado en una escuela, mi cercanía es por afectos, admiraciones, actos de libertad más que por adhesiones y astados de acolito. Ni prosélito, ni predicador a ultranza, sólo vivir en poesía como una lúdica necesaría para resistir en esta vida.  


¿La poesía y la prosa, podríamos decir, en su forma, se evidencian aquí como un arte de la combinación (ars combinandi), por qué recurrió a hacerla? 


He escrito poemas de los que se ha llamado en verso, versos libres y esas cosas, mas lo de la “prosa” es lo menos prosaico. Se me fue arrimando una manera de escribir donde el relato, si es que se puede llamar así, aparece fosforescente, inaudito, salido de un estado automático muchas veces, y así se van llenando cuartillas de Cuartas, hoja por hoja en un frenesí, a ratos quiero corregir, tomar nota, rayar, borrar frases, mas muchas veces hago breves toques, salto de un lugar a otro, juego, me divierto, que es una manera de verter, de propiciar una multiplicidad de formas vivas en la palabra fluida y sin pretensiones de clasificaciones o encuadramientos. Divertirse en muy distinto a entretenerse, di-verter es verter, converger, fusionar, engendrar, un eros exquisito en la acción, entre-tener, es aislar, esta uno detenido, tenido para ser más claro, ajustado a una manera de gastar el tiempo, de pretender ser entre-tenido en los barrotes de una lúdica inyectada, prefabricada y sin sueños.


¿En qué medida estableció su temperatura de la observación, para extraer de la realidad de la vida del barrio Moravia, los textos que incluye en este libro? 


El libro no habla sólo de Moravia, el basurero, el bosque de la Independencia o Jardín Botánico, ni de Miranda, Campo Valdés, La Esmeralda, Palermo, Berlín, Bermejal, San Isidro, La Piñuela, la Arboleda, entre otros sectores de ciudad Comuna 4, no pretendo hacer crónica, dejar una memoria  de anécdotas o circunstancias de paso, para “retratar” personas; el libro no retrata, trata, establece un trato, un diálogo de metáforas y de signos con las calles. Es obvio que donde he vivido por tanto tiempo, salen páginas donde se mencionan lugares exactos, calles perplejas, amores vividos, palabras sentidas, lluvias y escándalos, fuego y sexo, humo y cervezas donde uno ve pasar la calle hablando, como si brotara de cada paso dado una palabra.


¿Desde qué base mercurial narrativa como historiador se apoyó usted para relatar las historias: son historias de historiador o no?


Soy historiador de la Universidad Nacional de Colombia, mas algo queda incierto, la literatura es mi condición, vago, en el sentido estricto, vagancia de errabundo entre la historia y los sueños. Vivencias, postres de palabras que me han obsequiado en conversaciones de cafetín, besos robados en los buses, algebra de párvulos entre las líneas de un cuaderno y los piropos untados de chocolatina. Voces ministeriales de las mamás mandando a pulmón libre sus gritos y estrujones, loras cansadas de ser loras de jaula y se convierten en profesoras de gramática, niños que juegan balonazos con la luna y se levantan cansados de ver ángeles desnudos en las pantallas del tedio. Todo eso lo alcanzo a ver, lo miro, lo degusto, me deleito, no añado cansancio a los cansancios, sólo salgo con mi maletín de notas, mi bolígrafo de antojos, mis oídos de cancionero barrial, mis manos temblorosas sobre el césped de un matorral de abrazos, creo que me he convertido en un coleccionista de asombros, en un estado de alteridad constante, por eso no me veo como un historiador en el sentido estricto, ni como un narrador lineal, es algo así como un caleidoscopio que se mueve entre cerebro y vías, entre piel y sueños. 


Las camelias, Las Rosas y Los bares, fueron otros de los títulos que Luis Fernando Cuartas otorgó a los textos de su libro En la calle no calle.  


¿Dada la ciudad en la que vivió este libro, qué le interesó relatar de esta comunidad en formación y eclosión? 


Esta ciudad está signada por la violencia y el amor, por la tragedia y el juego, por la estupidez y la inventiva, por el erotismo y la pornografía, por el sexo y su caricatura, por el miedo y la valentía, y tomo estos conceptos no como dicotomías sino como encuentros entre sí, en diálogos de circunstancias, escenarios donde muchas cosas pasan y muchas veces creemos que es un “pasar de naderías” hasta el agotamiento de los días. No hay relato, hay excavaciones, murmullos, decires, angustias, peroratas, miedos, amores, como un escenario de iniciaciones y de olvidos, de reencuentros y de ausencias.  


¿Es usted también caminante, hace su tarea desde allí en medio de la naturaleza, cómo la ciudad se hace su caminar y para qué? 


El acto de poner nuestros plantares sobre el mundo, de echar a caminar, nos hace humanos en el pleno sentido de la palabra, somos transeúntes, somos eso que hemos caminado. Camine y vamos, dicen, bien se dice, caminar aun sea solo es un acto colectivo, se anda entre vivencias, se recorre la biografía, se hace una geografía con cada paso dado, se hace una topogénesis de nuestras vidas caminando, el ser humano evolucionó en lo errabundo, en la búsqueda, los estados sedentarios generan encierros, murallas, oficinas, abulia, la capacidad de errantes nos hace sacerdotes de todos los vinos. En poco tiempo mi condición errática me ha dado por conocer paisajes, caminos antiguos, pueblitos de Colombia, parajes, villas, veredas, ríos, desiertos, alta montaña, valles, selvas, mas uno, tal vez como lo diría mejor Kavafis, uno lleva su lugar de origen en la espalda, fuera a donde fuera, yo nací entre calles, entre asfaltos, entre casas derrotadas, tapiales que poco a poco se iban perdiendo, mas uno es de un mundo abierto, todos somos agro descendientes, somos vecinos de lo rural y nacimos muchos de nosotros cerca  una factoría urbana, esa es nuestra naturaleza, una hibridación entre tradiciones y modernidades, entre lo caduco y lo innovador, entre la belleza de lo común y la crema de la teorización, somos mezcla, amasijos, estruendos recortados, alusiones, insinuaciones, ribetes, bordes, desbordamientos, zanjas, grietas, somos seres tras mutantes, transeúntes, eso de alguna manera debería quedar en los escritos.


¿Considera que todavía la historia y el carácter de barrio se mantienen indelebles ante la denominación de comunas y cuál su perspectiva?


La nominación de comunas no deja de ser muy “esquemática”, algo parametrizado desde las oficinas. En el barrio real uno no alcanza a percibir dónde inicia o dónde termina un sector. En lo que se ha llamado fronteras invisibles no hay líneas pintadas pero sí sangre derramada. Este tipo de convenciones en la vida del afuera, donde palpita un barrio es algo más poético, cada ser tiene una tía, una abuela, un primo o un amigo en otro lugar, en un “no lugar” que queda lejos y cerca, se sale a visitar a una novia al otro extremo de la ciudad, se busca juerga y grupos de amistades a kilómetros de distancia, la ciudad misma pasa del norte al sur y del sur al norte siendo distinta es la misma, obreros arrumados en los cajones del metro, van y vienen, ciudad errante y a la vez anclada, hay un trasteo permanente en la ciudad, de momento nos llenamos de vecinos nuevos y algunos viejos con la que lo vemos y luego desaparece, la ciudad derrumbes, la ciudad edificios, la ciudad no mencionada, en el mapa, en la nomenclatura , la ciudad no suda ni llora ni fornica.




Luis Fernando Cuartas

Sus letras


La curva del diablo


Si existieran diablos estos no serían de carnaval con las caras rojas y los ojos de chispeante furia. Existe la calle donde descremaban a la muerte en dulce de fruta y panelitas arrojadas contra los barrancos. La muerte misma se volvió cobarde, al ver caer los cuerpos con ojos vendados y las manos atadas, curva peligrosa no pasar despacio, en horas nuevas donde el sol no nace, los perros hacen oraciones ladrando y los gatos maúllan los despojos del que ayer jugaba en una cancha. La curva del diablo es la curvatura de una joven que se desnuda en la esquina tras un armario viejo, la misma curva de la loca que se fugó algún día del bermejal de encierros. La curva misma donde suspendidos en el aire se balanceaban  los cuerpos, imágenes flotantes en las noches sin luna y la bruma dejaba sus figuras sobre el asfalto húmedo, algo suspendido entre la herradura de la curva y el miedo de pasar por los mismísimos infiernos. La curva del fantasma vivo que lanzaba entre cartones los últimos alaridos de un difunto nuevo. 


(Este texto hace parte del libro En la calle no calle De Luis Fernando Cuartas. Medellín. Editorial Ojo Mágico. 2016. Págs. 18-19, 25-26, 40, 70. )


1. Poeta, caminante, contador de historias. 


2. Historiador de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín.


3. Cofundador de la revista Punto Seguido, de El Laberinto Lunario (Unal), del Taller de Literatura y paisaje, de la misma Universidad.


4. Coordina el Taller de Luna, programa radial sobre cultura y literatura, UN Radio (Medellín).


5. Elabora rutas patrimoniales y recorridos urbanos sobre la historia y la literatura de la ciudad.