Columnistas

蒷ites, acuerdo y democracia
Autor: Alfonso Monsalve Sol髍zano
27 de Noviembre de 2016


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Hay una contradicción política fundamental en Colombia, entre una minoría que detenta el poder real y el pueblo, que en su mayoría rechaza los manejos que aquella da a temas tan trascendentales como el acuerdo con las Farc. Y del manejo de dicha discordancia depende el futuro del país durante una buena cantidad de años.


Dentro de la minoría, está el sector del establecimiento empotrado en las instituciones que hoy gobiernan el país, compuesta de una casta de ciertos políticos y empresarios, imbricados en un monstruo bifronte que durante generaciones ha heredado el mando, como si tuviesen un derecho natural a ejercerlo. Pero con el auge del narcotráfico, otro grupo ha hecho presencia, el de los traficantes, con o sin ropaje político, que se arrimó al poder a fuerza de dinero sucio; primero, con la mafia que penetró la campaña de Samper, y ahora con la guerrilla que pretende tomarse el estado; en ambos casos, a punta del terror y crímenes de lesa humanidad.


Las dos élites se coluden y se convierten en un monstruo bifronte porque, en esencia, profesan las mismas creencias: el culto al dinero fácil a través contratos leoninos y de corrupción, o de drogas malditas, minería ilegal y extorsión, en una combinación que depende de cada uno de sus miembros y de sus intereses. Y porque ambas desprecian al pueblo: la primera, está convencida, con Platón, que es la aristocracia, es decir, ella, la que debe gobernar, porque es más “sabia”; y la segunda, con Lenin, cree a pie juntillas, que es ella la depositaria de la verdad histórica (Recuerdo la frase de alias Tirofijo, cuando le dijeron que el pueblo lo rechazaba: “Ya nos querrán cuando los gobernemos”).


Esta semana en el Teatro Colón las dos élites firmaron por cuarta vez su alianza en contra de la voluntad popular mayoritaria que rechazó el acuerdo en el plebiscito diseñado a la medida para que bendijera el maridaje. Esto, a pesar de que la mayoría de la opinión pública pedía que no se cerrara el acuerdo sin tener en cuenta la opinión de la oposición.  Y lo hicieron manteniendo lo fundamental del texto rechazado: los jefes de las Farc sólo tendrán sanciones simbólicas e irán directamente al Congreso y a otros cargos; las víctimas continuarán sin saber de los miles de secuestrados y desaparecidos por acción de esa guerrilla, se mantendrá el bloque de constitucionalidad, la tutela será prácticamente imposible de ejercer, aunque se la reconozca formalmente; a los militares les dan un trato que terminará por encarcelar a sus mandos (los del gobierno les aseguraron que quitarían unilateralmente la parte lesiva, y ya sabemos cómo son las promesas de Santos).


Para refrendar y desarrollar lo que el pueblo rechazó, acudirán a un Congreso enmermelado, que es un órgano de democracia representativa, es decir, que es delegatario de la soberanía popular. El constituyente primario ya dio su veredicto, por lo que el parlamento no podría ir en contravía de lo que le ordenaron los ciudadanos, si se respetaran los valores democráticos, pero lo que allí habrá, casi con total seguridad, durante el próximo futuro, es un acto de genuflexión a quien los alimenta a manos llenas. La mayoría votará con el estómago y no con los principios que éticamente están obligados a respetar. Adicionalmente, Santos y sus aliados de las Farc están esperando que la Corte Constitucional admita el Acto Legislativo 01 que aprobó el Fast Track, que permitirá al presidente presentar las leyes que necesita para poner en marcha el acuerdo, de manera rápida y sin que puedan ser reformados. Esperemos que la Corte Constitucional cumpla con su deber de ser guardiana de nuestro ordenamiento jurídico. 


A la oposición le queda resistir pacíficamente el acuerdo. En el Congreso deberá dejar constancia de su posición, pero también tendrá que volcarse a la calle. Uribe habla de trabajar por convocar un referendo donde se consulten los puntos esenciales. Habría que desarrollar esa idea. Y la gran batalla se dará en las elecciones 2018, para evitar el gobierno de transición que pide alias Timochenko. 


La resistencia pacífica será estigmatizada de violenta. Ya comenzaron a achacarle muertes. No y no. La oposición es pacífica. Quienes ejercen la violencia deben ser severamente castigados. Y Como dijo Uribe: “No olviden que este año ha habido 62 atentados terroristas contra la infraestructura del país. El martes veamos la lista de asesinatos de policías y piensen que, si esto se ha hecho con las Farc, ¿qué va a hacer el país entonces con sus disidentes? ¿qué va a hacer con el Eln, qué va a hacer con las 3.500 bandas criminales, con 150, 170 mil hectáreas de narcotráfico?”.