Columnistas

No son sorpresivos
Autor: Tomás Castrillón Oberndorfer
26 de Noviembre de 2016


Si se analiza detenida y profundamente, el triunfo del NO en el pasado plebiscito del 2 de octubre, resulta que no fue tan sorpresivo,

Si se analiza detenida y profundamente, el triunfo del NO en el pasado plebiscito del 2 de octubre, resulta que no fue tan sorpresivo, si se tienen en cuenta los niveles de desprestigio del Primer Mandatario, el Gobierno, el Congreso y las Cortes por un lado, y por el otro lado la Farc y algunos de los garantes como Venezuela y Cuba.


Tampoco fue sorpresiva la actitud del Gobierno que trato de “enredar la pita” adoptando una serie de procedimientos “enmermelados” como eso de que “El Presidente escucha”, pobrísima copia del “Aló Presidente” de Chaves. Hablando aparte, de la salud del señor Presidente, hay que dar gracias al Altísimo porque no se confirmó ninguna gravedad, pero si hay que tener en cuenta que hace mucho le hicieron metástasis la Soberbia y la Mentira.


Pero volviendo a las inexistentes sorpresas, no sorprendió, para nada, la decisión de que volvieran a la “misma” Habana, los “mismos” negociadores, con los “mismos” garantes y salieron con el “mismo” acuerdo, confirmando el adagio de: Los mismos con las mismas.


Y salieron con el mismo bodrio a pesar de algunos retoques y camuflajes. Están buscando que no se cumpla el sabio dicho: “Al perro no lo capan dos veces”. ¡El que entendió, entendió!


Si causó sorpresa la reacción de los partidarios del NO, puesto que les pasó la del boxeador que teniendo a su contrincante “groggy”, no es capaz de noquear al contrario. Les faltó “punch” y al contrincante le “dejaron tomar un segundo aire” y se dejaron embaucar por un Gobierno especialista en eso. En resumen se comportaron en una forma bíblicamente tibia.


En definitiva, no se tuvo en cuenta el resultado del 2 de octubre, con la consecuencia de la inexistencia del “tal” acuerdo, y salieron con el mismo, pero peor, lo que se demuestra por la manifiesta mala fe del Gobierno, al anunciarlo en medio de un puente vacacional, y el apresuramiento para volver al despliegue usual de la propaganda y recurrir a los ridículos shows en la Habana y en la OEA. También surgieron “espontáneamente” multitud de manifestaciones como la “petrista” invasión del espacio público en la Plaza de Bolívar de la capital. Tales invasores auto considerados como “intocables”, fueron desalojados tardíamente, y ya empiezan, automáticamente, las manifestaciones de inconformidad.


Se ha instaurado en el País la falacia de que el acuerdo tiene el apoyo mundial. ¡Esa es una falsedad! Lo que se manifiesta, casi universalmente, en el mundo, es que están de acuerdo en que haya un proceso de conversaciones, pero ese apoyo no es extensivo al “tal” acuerdo, porque, en un altísimo porcentaje, lo desconocen. Las tardías intervenciones del clero vaticano merecen un análisis mucho más profundo.


También se desatan los izquierdosos de cafetería, con recursos económicos, con conflictos de intereses algunos, que abundan en la “gavilla mediática”, especialista en el uso descarado de un enmermelado “tapen, tapen”, y que suelen ser los “revolucionarios” más peligrosos, porque embadurnados con mermelada, generalmente creen que no tienen nada que perder. 


Al final cuando los representantes del NO, lograron presentar, luego de un afanado estudio, sus objeciones, el Gobierno les dice que “No hay tu tía”, que es inmodificable, pero que, si acaso, se pueden introducir variaciones durante la “tal” implementación del acuerdo. ¡Ya voy Toño!


También surgen las repetidas amenazas, con una guerra civil, del negociador principal y de los áulicos del gobierno con una credibilidad nula, como Cristo, Barreras, Cepeda, Benedetti, con antecedentes muy cuestionables.


Al final culmina, en forma no sorpresiva, un proceso tramposo porque ¿Qué más puede esperarse de un proceso entre tramposos consuetudinarios?


A la comunidad, le queda claro que eso del “Pueblo soberano” ha sido dado de baja, porque al decir del Primer Mandatario: “El soberano soy yo”, imitando pobremente al rey Luis XIV de Francia.