Palabra y obra

Childhood that paints, childhood that dreams
La infancia que pinta, la infancia que sueña
Autor: Daniel Grajales
25 de Noviembre de 2016


El Concurso Nacional de Pintura Infantil Personitas de Colores de EL MUNDO expone la importancia de pintar a temprana edad. Este es un recorrido por la pintura como una manera de acercarse a los niños y los jóvenes, con historias y voces expertas.


Foto: Archivo El Mundo 

En las instituciones educativas, los docentes guían a los estudiantes en la realización de sus obras, respetando su criterio y creatividad. 

¡Oh!, una artista”, gritó en ese momento la religiosa, con su hábito impecable, perfectamente puesto, mientras en su rostro se evidenciaba lo sorprendida que estaba al ver en esa hoja de papel una obra de arte. Era Bucaramanga, Santander, en la década de 1940, cuando la niña Beatriz González, hoy una de las más importantes pintoras vivas del país, comenzaba a crear. La obra era una mandarina, con una fruta iniciaba una vida dedicada a las artes visuales. 


La naturaleza y los animales,  realizado por Paola Osorio Hernández de 11 años, del CER Vicente Arbeláez.


Foto: Cortesía 

Lejos de las tierras de Beatriz González, en Medellín, otra religiosa tendría que ver con la historia de una gran artista. Fue la madre María Rabaccia, monja salesiana del Colegio María Auxiliadora, quien encontró entre sus alumnas el brillo de quien sería fundamental para el arte de Antioquia: Débora Arango. Según María Clara Martínez Rivera, uno de los biógrafos de Arango, fue la madre Rabaccia quien la motivó a las artes, luego de ver sus destrezas, cuando apenas era una niña.


En Boston, otro barrio de Medellín, un niño disfrutaba hasta el cansancio de dibujar y pintar: “Mis cuadernos de zoología eran fantásticos, era el mejor de la clase para dibujar”, dice ahora el maestro Fernando Botero, recordando su infancia, etapa en la que comenzó a gestar una carrera marcada por el éxito, sin que se diera cuenta. 


Estas son apenas algunas de las historias de los artistas del país que se relacionan con su infancia, que dicen cuán importante ha sido dar rienda suelta a sus manos y ojos ante un papel, cuando apenas eran niños, como lo propone el Concurso Nacional de Pintura Infantil Personitas de Colores de EL MUNDO. 


Irene Gaviria Correa, directora de EL MUNDO, relata que esta actividad “nació hace catorce años de la necesidad y el deseo de explorar mecanismos para promover las participación y escuchar de la manera más auténtica, directa, poco manipulada, la voz de la infancia y la adolescencia”. 


Para ella, “cuando un periodista busca ese propósito, acude a herramientas tradicionales como la grabadora, el micrófono o la cámara, y vimos que no eran las más adecuadas, ya que son un poco intimidantes. Además, responder preguntas a través del lenguaje, mediante palabras, no siempre produce la más completa y sincera de las respuestas. Si uno hace preguntas a la infancia, destinadas a la edad específica en la que están los niños, como consultarles entre los 5 y 6 años ‘¿cómo es tu familia?’, sabemos que están empezando a hacer sus trazos, que no tienen casi escritura, pero a través del dibujo pueden responder, de una manera que genera muchas reflexiones, al poner unas familias muy numerosas, o una en la que es evidente que falta uno de los miembros principales, o el simple hecho de ponerlas dentro de una casa o al lado; el cómo se toman de la mano o no los miembros de la familia: es un tesoro de interpretaciones”. 


La pintura y la infancia 


según voces expertas


Nélida María Montoya, docente de Comunicación de la Universidad Católica Luis Amigó, autora del libro Historias en colores, la niñez y adolescencia antioqueñas vistas a través de sus dibujos, precisa que “el dibujo infantil es, en esencia, una forma de expresión comunicativa del niño. Cuando pinta, dependiendo de la edad, nos está diciendo algo. Eso que nos dice no solamente tiene que ver con lo que piensa en solitario, sino que nos habla de su relación con el entorno cercano. Es su manera de tomar la palabra en el mundo, es una relación de él, la mano, el lápiz y el juguete. Ahora, con toda la tecnología que tenemos, estamos olvidándonos de eso, pensando que va a pintar igual en paint, pero no es así, se trata de un contacto muy íntimo”.


Portada del libro Historias en colores, la niñez y adolescencia antioqueñas vistas a través de sus dibujos, de Nélida María Montoya y Ligia Inés Zuluaga, con el apoyo de EL MUNDO, la Universidad Católica Luis Amigó y la Fundación Éxito. 


Foto: Cortesía 

Desde su experiencia, en el dibujo se pueden analizar aspectos “étnicos, que tienen que ver con las raíces y costumbres; lo fáctico, que habla de las normas o leyes; lo multimedial, que tiene que ver con lo tecnológico; y lo emblemático, que se relaciona con el partido, el equipo de futbol, el uniforme de la escuela”.  En el caso de la investigación que realizó para el libro, junto a su coinvestigadora Ligia Inés Zualuaga, la cual estuvo basada en los dibujos de Personitas de Colores, se dieron cuenta, por ejemplo, que “siempre pintan sus contextos, son antioqueños, pintan mucho las montañas. En cuanto a su relación con la familia, las familias que más aparecieron fueron las familias extendidas, esa gran familia antioqueña, pero también familias encabezadas por mujeres”. 


Por su parte, el psicoanalista Hernando Bernal, docente de la Universidad Católica Luis Amigó, asegura que “el hecho de que los niños pinten en su infancia está asociado con esa capacidad creativa que tienen los niños, y estrechamente relacionado con el juego. Pintar hace parte de las actividades lúdicas de los niños y es importantísimo porque, a través del juego y el pintar, expresan todas aquellas emociones, tanto traumáticas como emociones que están intentando controlar, o reflexionar. El juego y la pintura son fundamentales para que pueda tramitar sus emociones”. 


Para la profesora, curadora y crítica de arte Libe de Zulategui y Mejía, “pintar es un momento feliz para los niños, están ellos con ellos, nadie los regaña, nadie les dice que no”. 


Según plantea, “al estar investigando colores”, tienen un desarrollo “motriz, físico, al mismo tiempo que uno mental-creativo”. Así  van entrando a la estética, “van sacando todos los nudos emocionales que pueda recoger un chiquito, la pintura los va limpiando. Es importantísimo por donde se mire, van creando equilibrio, el chiquito que aprende a pintar pintando, tiene un equilibrio, no porque lo haga pensando que va a equilibrar, sino que ve que falta algo y se lo pone, ve que necesita un color y se lo pone. Eso hacer que organice el cerebro para cualquier disciplina que va a hacer. Lo mismo pasa con la pintura, la danza, la música, por eso todos los europeos a los 15 años son músicos”. 


Respecto a lo que los niños pintan, Bernal concluye que “es preocupante ver cierto tipo de dibujos en los que aparecen personas adultas tocándolos, cuando comienzan a aparecer figuras obscenas o grotescas. Antes de preocuparse, hay que sentarse con el niño, conversar con él sobre qué pinto, qué significan los dibujos, porque puede estar relacionado con sus vínculos, personas que están con ellos, o quienes ven en la televisión o el cuento. A veces el dibujo se utiliza, con niños que han pasado por situaciones de abuso sexual, para saber si en efecto ese abuso existió o fue real”.