Columnistas

De ayer y de hoy
Autor: Lucila Gonzalez de Chavez
24 de Noviembre de 2016


No soy resistente al cambio. Jamás lo he sido; pero….

 


No soy resistente al cambio. Jamás lo he sido; pero….


De la educación de ayer, debiéramos rescatar muchos parámetros. Recobrar el sentido del compromiso, el respeto por una nación y sus ciudadanos, hacer fructíferos algunos métodos que los grandes de la pedagogía nos trazaron, tales como el inductivo, el deductivo, el comparativo…


El médico, psicólogo y pedagogo Ovidio Decroly creó el método los “Centros de Interés”, consistente en “CENTRAR LOS TEMAS POR ENSEÑAR DE ACUERDO CON LOS INTERESES DEL EDUCANDO SEGÚN SU EDAD”.


Decroly fue el primero en definir pedagógica y psicológicamente el concepto de “globalización”, porque “EL ALUMNO PERCIBE UN TODO COMPLETO, NO POR PARTES”.


Con los anteriores principios metodológicos y psicológicos, y con otros más, creados por los llamados “Maestros de la Pedagogía Moderna”, y al amparo del psicólogo doctor Miguel Roberto Téllez y el pedagogo Absalón Guzmán, dos de los más destacados de nuestros profesores durante seis años, elaboramos la tesis de grado exigida para concedernos el título de “Maestra Superior”, hace ya muchos años. Aún valoro la importancia intemporal de dichos postulados psicológicos y metodológicos.


Hoy debemos enriquecer los métodos que dan buenos frutos. Y no permitir que cada nuevo ministro de educación llegue cambiando, sin discriminación y sin conocimiento, lo que - perdido entre tanto “documento” (la enfermedad actual de la “documentitis”) y entre tanta “verborrea” pedagógica - ha venido dando excelentes resultados.


La palabra “innovación” es un arma de doble filo; se viene aplicando arrolladoramente y sin equilibro. La innovación sin análisis y sin medir su trascendencia es peligrosa, sobre todo en el proceso enseñanza-aprendizaje: llegan los ministros a imponer principios extraños, de doble interpretación, o nacidos de su “fecunda” imaginación; a innovar en los niños, a ensayar con los adolescentes…; son formas de arrasar con el sentido de identidad y de tradición, tan necesarios en la formación de la personalidad. “Innovan” en la escala de valores construida paso a paso, e ignoran que son las raíces que afianzan al individuo en la vida, y sobre las cuales él va abriendo su propio camino.


Lo que educa para trascender debe conservarse, no importa la época. Los principios que aprendimos, dados por los llamados “Padres de la educación”, como: Pestalozzi, Ferrière, María Montessori, Claparède, Rousseau, Makarenko, John Dewey, Krishnamurti, Freire, etc. son intemporales.


Lo más controvertido hoy, además de la formación ética, es la enseñanza de LA LECTURA; todos conceptúan, evalúan y le señalan métodos al maestro.


Ayer, la lectura era lenta. Se escogían páginas de los grandes escritores, porque había que ir aprendiendo el hermoso manejo del idioma e ir estructurando el carácter.


Hoy, “se enseña a leer” empezando con pruebas para medir la habilidad de comprensión lectora y de complejidad ideológica y lingüística.


La metodología de la lectura como EXPERIENCIA DE VIDA Y DE APRENDIZAJE es exclusiva. Por la buena lectura, cada uno es el sujeto de su propia educación, como lo planteaba para Suramérica el ilustre brasileño Paulo Freire, cuando desaprobaba la “educación bancaria” y preconizaba la “educación 


liberadora”:


“Hagamos que el educando reflexione sobre su realidad. […]. Recibe pasivamente los conocimientos y es un depósito que hace el educador… El alumno pierde, así, su poder de crear… El destino de cada uno debe ser crear y transformar el mundo, siendo “sujeto” de su acción”. (Obra: Cambio). 


Hay lecturas que ofrecen la posibilidad paralela de crecer en conocimientos y en espíritu crítico y, al mismo tiempo, disfrutarlas. Hay otras que solo informan, no permiten la identificación lector-texto.


La capacidad comprensiva es diferente en cada ser; el sentido de una lectura nunca será igual para todos, a causa del diferente desarrollo de las categorías de la comunicación. La comprensión lectora será, en muchísimos casos, subjetiva, y hasta diferente de la interpretación impuesta por el maestro. Hoy, el objetivo de la lectura es que los alumnos ¡resuelvan rápidamente los talleres de comprensión! 


La sociedad, las familias, las librerías, las bibliotecas y muchos centros educativos le rinden culto a la CANTIDAD, que es el que nos hace creer que: “más” equivale a “mejor”, y a sentenciar contundentemente que “los estudiantes no leen”. Estamos extraviados entre los libros; la producción es una avalancha inatajable; hemos perdido la capacidad de escoger y de evaluar; en consecuencia, la educación no viene destacándose como la mejor.