Columnistas

La paz invisible
Autor: David Roll
24 de Noviembre de 2016


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Últimamente en muchos medios se habla con pesimismo sobre el futuro de la paz mundial. Pero haciendo una proyección histórica de lo sucedido en el último cuarto de siglo, en el mundo, entre 1991 y 2016, es muy probable que en el 2050 estemos casi totalmente en paz en el planeta tierra. Quienes tenemos más de medio siglo de vida, si lográramos llegar a esa fecha estaríamos contando  a nuestros incrédulos nietos una historia digna de una novela de terror que ellos no podrán creer, aunque puedan comprobarlo consultando el “archivo único de hechos reales”, que probablemente existirá para entonces, en el que seguramente se pondrá orden al actual caos de información del ciberespacio, y el cual es muy probable que se llame Diderot.com. Les contaremos que la historia de la humanidad desde la formación de las sociedades políticas hace cinco mil años fue de guerra permanente: entre imperios en la antigüedad, entre príncipes y señores feudales en la Edad Media, entre naciones en formación en la Edad Moderna, entre grandes estados e imperios en la Primera Guerra Mundial y entre estados militarizados en la Segunda Guerra Mundial. Para recordarles cuando comiencen a bostezar que eso no es prehistoria, en mi caso les tendría que contar como mi propio abuelo fue soldado en esa última gran guerra, en la que murieron 53 millones de personas, un poco más de los habitantes de Colombia hoy en día. Sabrán también que mi tío paterno, cuyo nombre y apellido llevo, luchó en la Guerra de Corea durante la Guerra Fría, y que mi propio padre seguramente hubiera estado en Vietnam si no decide venir a vivir a Colombia unos años antes, justo cuando pensaba comenzar a estudiar para ser aviador. Les contaré, aunque no lo crean, que Jung Chang demuestra en su biografía de Mao que por culpa de este líder comunista, que vivió hasta cuando yo tenía 10 años,  murieron 80 millones de chinos, y que a pesar de esto yo alcancé a tener una colega muy amable y a admirar a una historiadora muy brillante que se decían maoístas con orgullo. Sabrán que incluso desde la fundación de las Naciones Unidas al fin de la Guerra Mundial en 1945 hasta el fin de la Guerra Fría en 1991 murieron 20 millones de personas en más de cien conflictos, y que en el conflicto colombiano, terminado en 2016, la cifra fue de 200.000 y de casi seis millones de desplazados. Pensarán que estamos exagerando cuando les contemos que en nuestra juventud explotaban bombas del narcotráfico en Colombia en un avión, un edificio público, una plaza de toros o el lugar menos pensado a cualquier hora, y que en España y Gran Bretaña había dos grupos separatistas haciendo lo mismo por esos tiempos. Será difícil explicarles porqué y cómo Alemania y Japón pasaron de ser naciones genocidas a los líderes del pacifismo desde 1945, de qué manera al disolverse  la Unión Soviética en 1991, se acabó el peligro inminente de una destrucción nuclear total, y cómo fue el proceso en el que toda Europa y toda América llegaron en pocas décadas al siglo XXI sin ninguna dictadura, casi cero conflictos con vecinos y una democracia generalizada. Los jóvenes de hoy no distinguen ya las siglas Eta e Ira y nuestros nietos no sabrán qué significaron Farc o Eln, Plan Cóndor, dictadura franquista, ni entenderán como funcionaban esas cárceles inmensas que eran los países comunistas, hoy prósperas democracias la mayoría. Los menores de 25 años hoy ven la saga de películas de los Juegos del Hambre como si no hubiera habido fascismo y estalinismo en vida de sus propios abuelos, y recorren el mundo como si fuera un parque temático, visitando países antes considerados irrecuperables. Hoy pocos entienden que el mundo, comparativamente con su pasado, y sobre todo respecto del siglo XX, está en paz, porque es un hecho indiscutido el que solo diez países  tienen hoy graves conflictos armados. Casi todo el mundo piensa lo contrario, pero esa sensación de guerra general se debe a la inmediatez de lo hechos que generan los medios y las redes sociales, y a las terribles y actuales guerras, especialmente la tragedia Siria, pero también a la modalidad reciente de atentados terroristas en ciudades antes intocables. Para el 2050, si la corriente histórica no se invierte por algún acontecimiento inesperado, todos los factores indican que la paz se mantendrá en los por lo menos 180 países en los que no hay casi ningún conflicto importante (hay unos 10 que sin estar en guerra tienen otro tipo de conflictos). Además, serán más los conflictos que se solucionen, como el caso Colombiano, que los que surjan nuevos. Hay peligros reales, como Corea del Norte y la propia Rusia, pero no se avecina ninguna guerra mundial, y será casi total la paz cuando se encuentren las claves para neutralizar las guerras de oriente próximo e incorporar el mundo musulmán a la posmodernidad sin imponerles valores externos, pero tampoco permitiéndoles estados medievales. En síntesis se puede hacer la proyección por un simple ejercicio de extrapolación temporal. Salvo conflictos muy específicos, cortos, no extensivos y de mediano impacto la mayoría de ellos, todo parece indicar que nuestros nietos heredarán la paz y escucharán todas estas historias con incredulidad.