Columnistas

La rutinizaci髇 en la era del vac韔
Autor: Omaira Mart韓ez Cardona
23 de Noviembre de 2016


La esencia de la existencia sigue siendo el pensamiento y por m醩 que las sociedades contempor醤eas tiemblen ante nuevas amenazas, cambios acelerados y seres extraterrestres,

La esencia de la existencia sigue siendo el pensamiento y por más que las sociedades contemporáneas tiemblen ante nuevas amenazas, cambios acelerados y seres extraterrestres, evidenciando que no estamos solos en el ilimitado universo, la capacidad de pensarse a sí mismo en su relación con el entorno variable que le rodea, seguirá siendo el fundamento de la existencia humana.


Es precisamente en el constante pensarse y problematizarse del hombre donde son necesarias las humanidades como opción para vivir y convivir en una sociedad culturalmente identificada con una cantidad de condiciones, hábitos y tradiciones que se manifiestan en las formas de relacionarse, de saber, pensar y hacer.


El hecho de que en algunos países como el nuestro en los modelos educativos que se promueven como integrales, ya no se incluyan áreas como las humanas o sociales con asignaturas como filosofía, historia y geografía, no significa que las humanidades hayan muerto y ya no se necesiten. Todo lo contrario, en los nuevos enfoques pedagógicos en otros contextos como los europeos,  se ha transformado el modelo y ha renacido el ser como el centro desde el cual la humanidad debe seguir evolucionando y desarrollándose integralmente.


Lo que es incomprensible y retrógrado es que justo ahora que más se necesita de ciudadanos pensantes, críticos, propositivos y activos,  se descarten las humanidades y la infinidad de posibilidades que ofrecen para contener el desenfrenado abismo hacia el que avanza la humanidad, sumida en un sin sentido, en la rutinización de la mente y por consiguiente, de sus relaciones con el entorno y con las maneras de hacer.


Que la filosofía es aburrida es un tabú de los tantos que hacen parte de nuestra cultura. Si desde los primeros años escolares, en la época de los por qué, no comenzamos a cuestionarnos como seres pensantes en coexistencia con otros, difícilmente se evoluciona hacia transformaciones significativas  del mundo que se habita. Es urgente romper las rutinas y hacer por lo menos algo diferente a lo habitual cada día para abrir puertas y derribar las murallas mentales que han estancado al hombre en su capacidad de pensar.  


Al mundo no vinimos a contemplar y repetir sin inmutarnos, esperando que el tiempo y el destino se cumplan, a que todo ocurra por algo y a que la rutina se convierta en el arma más mortal. El sentido de la existencia está en la incesante reflexión sobre la condición humana, sobre lo que nos hace distintos y lo que somos capaces de hacer para trasformar el entorno y avanzar hacia nuevas realidades.


Crecimiento, desarrollo, tecnología, academia, ciencia y pensamiento humanista no son opuestos, son complemento y su integración va más allá de los muros escolares. No es posible concebir el desarrollo social, cultural y espiritual del ser humano sin la constante búsqueda del conocimiento para comprender las situaciones que se viven y cómo afrontarlas, así como el escrutinio permanente de la historia y la exploración del territorio para conocer las circunstancias en las que se habita. 


Las humanidades constituyen la interminable escuela de la vida, un camino para desarrollar todas las capacidades del ser en una época que Gilles Lipovetsky denomina la era del vacío, en la que todo se mide en términos de utilidad, un mundo autista en el que cada uno se encierra en su reino privado, un mundo de soledad, de frustraciones o como dice el sociólogo francés, un  mundo de abundancia de medios y carencia de propósitos en el que desde el nacimiento hasta la muerte, de lunes a lunes, las 24 horas,  todas las actividades están rutinizadas y prefabricadas.