Columnistas

El Don
Autor: Pedro Juan Gonz醠ez Carvajal
22 de Noviembre de 2016


El Don era o es una manera muy particular de referirse al pater familia, al patriarca, al jefe, a la cabeza visible de una organizaci髇, al due駉 de la hacienda, al capataz, al capo de la mafia, entre otras varias posibilidades.

El Don era o es una manera muy particular de referirse al pater familia, al patriarca, al jefe, a la cabeza visible de una organización, al dueño de la hacienda, al capataz, al capo de la mafia, entre otras varias posibilidades, alrededor de lo que se conoce como el culto a la personalidad.


Cuando una persona llega a tener algún nivel de influencia sobre un círculo grande o pequeño de personas,  usualmente éstas acuden al Don para que defina la línea de actuación sobre cualquier tema,  dé su beneplácito y bendición sobre los asuntos mundanos, como quien se casa con quien, solicitarle que sea el padrino de la boda o del nuevo hijo, solicitar su ayuda para conseguir un trabajo o ponerle la queja sobre alguien que lo está molestando y entonces se recurre a su protección.


El Don hace las veces del sabio de la tribu y su autoridad es incuestionada e incuestionable. Retomando a Maquiavelo, abusa del miedo para superar a ratos los odios y manipular la esperanza, siempre pensando en sus intereses y posiblemente en los de los suyos, que son los propios, donde el premio y el castigo, el enfurecimiento y la ternura, la comprensión y la diatriba, la sonrisa y el insulto, son su forma de mantener sumisos a sus dependientes.


En la compleja “cultura paisa” este personaje tiene algo de divino y algo de maléfico, pero es innegable e indudable su presencia, querámoslo o no. 


Esperemos que con el tiempo, el proceso educativo, la multiculturización y la inatajable planetarización,  permitan que nos lleguen nuevos y refrescantes aires, así como en su momento llegaron a la Bretaña de Camelot, y desapareció por fin Morgana.


Muy movido este final de año para nosotros y para el planeta. En lo local, se ha vuelto a firmar un nuevo acuerdo de paz definitivo sujeto a la lectura cuidadosa y a la aprobación salvadora de los del no. Los aeropuertos colapsan con el anunciado invierno, pues el tema de las concesiones incluía no solamente el tema de la infraestructura física sino también la tecnológica, lo cual a la fecha no se ha logrado. Sin pena ni gloria termina el “año de la misericordia” promovido por el Papa Francisco, sin duda, con absoluta e indiscutible “pureza de intención”. Pero mientras en el planeta estén aconteciendo a la luz del día atrocidades como las que están sucediendo en Alepo, teniendo al propio planeta como cómplice mudo, estas figuras no pasan de lo retórico y de lo simbólico y desaparecen tan rápido como aparecen.


El tema de la corrupción en Corea va por la cabeza de su presidenta. Ojalá aprendamos a cortar de raíz este flagelo que nos corroe, nos empobrece y nos doblega, haciéndonos cómplices, como en el caso de aceptar una mal llamada reforma tributaria, ante la incapacidad consuetudinaria del Estado y de los Gobiernos por enfrentarla y erradicarla con valentía. Los recursos están allí, existen, pero otros se los roban,  pero por cobardía o complicidad no se buscan ni se enfrentan como debe ser. 


Ni para que nos desgastamos promoviendo desobediencia civil, si aquí, no hay con quien.


Que estemos o no de acuerdo con el Brexit, con el No en Colombia, y con la elección de Trump, poco importa. A todas luces y en todas partes, se están presentando decisiones que la inercia política califica como de sorpresivas. Pero la historia no es lineal y cada coyuntura le ha servido a la especie humana o para atizar los problemas y hacerlos más evidentes, esperando poder resolverlos o simplemente para generar un conflicto más. Ante la realidad no hay nada que hacer. La adaptación vuelve a ser el eterno recurso de la supervivencia.


Vuelve a ponerse en tela de juicio la vigencia de los conceptos de siempre y de nunca. ¿Quiénes son los buenos y quienes son los malos? ¿Quién tiene la autoridad moral para calificar? Como decía Jesucristo, “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Ahora bien, en un mundo lleno de Fariseos, ¿a quién hacerle caso y por qué? Las dobles morales, las verdades acomodadas, las falsedades aceptadas,  usualmente pasan sus cuentas de cobro, gústele a quien le guste y cáigale a quien le caiga.  


Recordemos a Robert Zend cuando dice: “Hay demasiada gente y demasiados pocos seres humanos”.