Columnistas

Democracias y Partidos La dictadura de los silenciosos
Autor: David Roll
19 de Noviembre de 2016


No es verdad que la democracia está en crisis por el triunfo de Trump, el No al plebiscito, la crisis parlamentaria en España y el Brexit.

No es verdad que la democracia está en crisis por el triunfo de Trump, el No al plebiscito, la crisis parlamentaria en España y el Brexit. Sencillamente el mundo está virando a la derecha nuevamente, como sucedió al principio de los años noventa cuando se disolvió la Unión Soviética y se acabó la Guerra Fría. Pero se trata de una derecha democrática, aunque no nos guste esa orientación ideológica a quienes somos liberales y socialdemócratas y prefiriéramos gobiernos de centro izquierda no comunistas. No es por lo tanto una derecha fascista que piensa acabar con el sistema liberal democrático, aunque, como es su talante, reduzca protecciones, disminuya el goce de algunos derechos adquiridos y tenga a veces un tono que nos recuerda a líderes no democráticos de ultraderecha de otros tiempos. Pero la principal razón de su éxito son las fallas de la izquierda también democrática que estaba gobernando. En muchos países de Latinoamérica y Europa, los partidos de centroizquierda desilusionaron a los ciudadanos en varios aspectos y se fueron perdiendo elecciones y consultas populares. Así le había pasado a los neoliberales de derecha de los noventa, en Latinoamérica, que fracasaron, y los votantes decidieron ensayar la fórmula contraria. Afortunadamente, solo un puñado de tontos habla todavía de revoluciones comunistas o de dictaduras de derecha y la mayoría de la gente está enfocada en políticas públicas de mayor o menor estado de bienestar, reformas constitucionales en muy pocos temas controvertidos y en general nada que vuelva a poner en peligro la normalidad democrática. Pero los que verdaderamente están mandando en el mundo son los que se abstienen de votar. Hay una dictadura, la de los silenciosos. Si votara más gente en Estados Unidos, los que perdieron no estarían con esa sensación de injusticia electoral sino que entenderían que el país mayoritariamente quiere un cambio hacia la derecha y punto. Pero no fue así, y el margen es muy estrecho. Igual sucedió en Inglaterra, con ese empate técnico, y también en Colombia con el Plebiscito. Esas masas de ciudadanos que no votan por pereza o porque no creen en la política o por lo que sea, al final son los que ponen en jaque a las democracias. Da pena ver a personas muy cultas ufanándose de no haber nunca votado, y en Colombia personas muy famosas no lo ocultan, y hasta un famosísimo penalista lo dijo en los medios como un gran mérito varias veces. El voto obligatorio es muy mal visto, especialmente en Colombia, pero quizá haya que ir avanzando en esa dirección para destrabar la democracia del siglo XXI. Robert Putnam demostró que las sociedades en las cuales se cree en la política como solución y no como simple problema, funcionan mejor que las repúblicas de escépticos y las ciudades “amíquemeimporta”. El mejor ejemplo es Podemos en España, un partido de izquierda, que hizo que gobernara la derecha nuevamente al dividir a los votantes entre ellos y el Psoe (un partido transformador de ese país en los ochenta pero con continuas crisis en las últimas dos décadas). En lo que respecta al exministro inglés, conservador pero progresista, que perdió el Brexit, él tuvo la culpa por haber pactado esa consulta pensando que la ganaría sin ser necesaria. En Estados Unidos Obama y su partido no cumplieron la mitad de lo que prometieron, aunque quienes simpatizábamos con ese proyecto confiamos en que en la segunda presidencia lo lograría. También la coalición de partidos de centro y centro izquierda que gobierna en Colombia, surgidos la mayoría


del Partido Liberal, les faltó pedagogía para presentar al público el acuerdo de paz y un mayor proceso de sinergia previa con otros grupos políticos antes de la aprobación, y la derecha obtuvo un triunfo que intentará convertir en electoral. Pero en definitiva lo que está pasando en todos estos países, que para mí es negativo por mi ideología no conservadora, y porque está poniendo a la democracia en una situación difícil, en el fondo es culpa de los muditos.


*Profesor Titular Universidad Nacional