Columnistas

Palabra de encuestador
Autor: Rodrigo Pareja
15 de Noviembre de 2016


La devota expresión “palabra de Dios”, tan utilizada por la iglesia Católica y sus fieles para concluir alguna de las lecturas de la Biblia y ratificar así su respeto y acatamiento, se ha vuelto en los últimos tiempos una voz coloquial empleada.

La devota expresión “palabra de Dios”, tan utilizada por la iglesia Católica y sus fieles para concluir alguna de las lecturas de la Biblia y ratificar así su respeto y acatamiento, se ha vuelto en los últimos tiempos una voz coloquial empleada para aseverar que algo es cierto o inmodificable.


Desde hoy en adelante sería bueno considerar que esas tres palabras puedan también aplicarse, con una leve modificación, a algunas empresas que se dedican con muy buenos réditos económicos, dizque a escudriñar la opinión pública en cuanto tema humano o divino se les ocurre. Eso sí, a tono de sorna, podría decirse en el futuro “palabra de encuestador”.


Obvio que se hace mención a esas firmas cada día más desacertadas y carentes de credibilidad, aunque sus responsables apelen a toda clase de argumentos para justificar las garrafales equivocaciones en que incurren.


No debe extrañar lo que han venido perdiendo las casas dedicadas a adivinar, o mejor, a desorientar la opinión pública, si se tiene en cuenta que uno de los principales insumos que las alimentan y mantienen es la política, y, por ende, quienes integran esa también desprestigiada fauna en la que mentir e incumplir es “palabra de Dios”.


En la incesante tarea de manipular “la opinión pública”, cualquier cosa que esto sea, además de aquellas entidades que se dedican a indagarla mediante sondeos – muchos de ellos espurios porque toca hacer coincidir el resultado con el interés del contratante – contribuyen también, y de que manera, los dos canales más vistos de la televisión.


Con un facilismo que asombra pero que le basta a sus orientadores en la creencia que tienen de estar informando debidamente, entrevistan al primer desocupado que encuentran en la calle y de una le preguntan su opinión sobre, por ejemplo, el efecto que el Brexit tendrá sobre la economía colombiana. Y los de la tv felices porque acaban de llenar el espacio requerido para completar la escasa “torta” noticiosa, pues la otra, la publicitaria que es insufrible, ya la tienen hace rato repleta.


Lo del Reino Unido en junio demostró que la opacidad que ya se cernía sobre el trabajo de esas fábricas de ilusiones al gusto que son las encuestadoras, no era algo excepcional o pasajero, sino que el error y el desacierto eran la constante de su actividad, sobre todo en casos de notable envergadura como ese.


Y ni qué decir del caso colombiano con el sonado plebiscito del pasado 2 de octubre, rajada plena en un escenario dónde sólo había que acertar entre dos opciones. En esa fecha que recordarán por mucho tiempo, todos los augures jugaron cara y cayó sello, y no hay poder humano que valga para aceptar las farragosas explicaciones sobre su fracaso.


De ahora en adelante, al menos en el caso colombiano que ya tiene tantos nombres para ingresar al puzle presidencial del 2018, la táctica frente a las encuestadoras será no creerles ni lo contrario de lo que digan, al estilo de lo que se hace con ciertos pronosticadores del tiempo. 


Para completar el ennegrecido nubarrón que las arropó en los últimos días queda el notable caso de la elección presidencial en los Estados Unidos el pasado martes, escenario que confirmó el estruendoso fracaso de los encuestadores.


Según despachos de la prensa internacional, solo uno de ochenta sondeos realizados acertó que Donald Trump ganaría en el vital estado de La Florida, triunfo al final determinante en su temido ascenso a la Casa Blanca.


Nadie cree entonces que los encuestadores hayan ido a consultar la preferencia de quienes extraen el carbón en Wyoming, o de los cultivadores de papa de Oregón, Idaho y las Dakotas, por ejemplo, campesinos quizá menos letrados que aquellos electores de las grandes ciudades, pero que al fin y al cabo también votan, como lo acaban de demostrar.


Jugar a las adivinanzas desde confortables oficinas de las grandes ciudades se ha convertido en deporte inédito, en el cual para alcanzar justificar el fracaso no bastan luego las ininteligibles explicaciones de sus protagonistas. Palabra de encuestador. 


TWITERCITO: Según Mahatma Gandhi, “si hay un idiota en el poder es porque quienes lo eligieron están bien representados”.