Columnistas

Para vivir bien
Autor: Luis Fernando Múnera López
14 de Noviembre de 2016


Ser feliz. Ser feliz es la razón principal de la vida. No tienes derecho a no serlo. No creas que ése es un sentimiento egoísta, pues en la medida en que tú vivas bien podrás ayudar más a los demás.

Ser feliz. Ser feliz es la razón principal de la vida. No tienes derecho a no serlo. No creas que ése es un sentimiento egoísta, pues en la medida en que tú vivas bien podrás ayudar más a los demás.


Ser solidario. Vives en una sociedad egoísta y desequilibrada. Mientras un grupo reducido de personas acaparan rentas y bienes por encima de lo que razonablemente necesitan, la gran mayoría no tienen acceso a una vida digna. Para solucionarlo no se necesita quitarle al que tiene para dárselo al que no tiene, sino permitirles oportunidades a todos. ¿Eres tú parte de este problema o parte de la solución? ¿O no te importa?


Valorar y respetar al otro. Nadie es más grande ni más pequeño que tú. De cada persona sólo vale lo que queda después de restarle posesiones, posiciones y títulos. Mira siempre a cada persona a los ojos, sin subestimarla ni sobreestimarla, y encuentra en ella lo bueno que tiene.


Tener un propósito. Que tu vida tenga contenido, más allá del placer. Cumplir una vocación exige esfuerzo y sacrificio, y produce frutos y alegrías. Dejar que el tiempo pase en vano es desperdiciarte tú mismo.


Aprender. El mundo está lleno de cosas bellas que merecen conocerse. No pierdas la curiosidad ni el apetito por encontrar cosas nuevas. Tu día ha valido la pena si has adquirido un conocimiento nuevo.


Dialogar. No te niegues el beneficio de conversar mucho, mucho, con tus seres queridos, con tus amigos y aún con desconocidos. Escucha con atención y habla con asertividad, o sea de manera precisa y constructiva. Dialogar permite aproximarse a la verdad de una manera más completa. Nunca ofendas al otro si discrepa contigo. Recuerda que la verdad se defiende con argumentos.


Ser firme. Los principios de la moral no se negocian. Mantén la firmeza sin violencia, ni verbal ni física. Tu tranquilidad de conciencia vale mucho, no la comprometas. 


Ceder. Hay ocasiones en que debes ser flexible, porque tú no posees la verdad completa o porque la convivencia así lo requiere. Eres más sabio y más fuerte si sabes ceder, que si mantienes una postura intransigente.


Disfrutar la belleza. Acostúmbrate a degustar el paisaje, a mirar el amanecer, a apreciar las pinturas y las esculturas de los grandes artistas, a escuchar buena música y cantar, a leer y recitar poesía. La belleza alimenta el espíritu y alegra la vida. La vida misma es la mayor belleza.


Cultivar el espíritu. Identifica los valores morales que dan sentido a tu vida y desarróllalos en tu interior, de manera consciente, sistemática.


Practicar el trabajo manual. Usa tus manos, dibuja, pinta, amasa, recorta, pega, pule, serrucha, lija, martilla, escarba la tierra, siembra plantas. No importa que ensucies las manos y la ropa, el jabón no se acabará.


Atreverse. Sube a los árboles; monta a caballo, en bicicleta y en patines. No tengas miedo a caerte, es más grave negarte el placer de hacerlo. Recuerda que la virtud está en el punto medio, los extremos de la cobardía y de la temeridad son viciosos. 


El dinero es un medio, no un fin. 


Ama la familia, consérvala unida, es el mayor tesoro que la vida te da. Las distancias y los rencores con tus hermanos nunca son buenos. El perdón que les des o recibas de ellos no tiene precio.


Honradez. Entiende que la principal razón para no faltar a la ética es generar y mantener confianza de los demás hacia ti y hacia tu trabajo. Si se pierde, nunca o casi nunca se recupera. Ser honrado es la mayor alegría.


Lo que antecede podría formar parte del plan de vida de alguien que valore la vida. Quisiera que fuera un legado para mis hijas y mis nietos. Advierto que no creo haber cumplido totalmente, sin equivocarme, sin desviarme, todo lo que aquí digo. Inclusive, puedo estar lejos de ello en muchas cosas. Pero lo intento.