Columnistas

Territorializar la confianza
Autor: Jorge Meja Martinez
9 de Noviembre de 2016


Tenemos que aprovechar el momento de la paz para alinear los incentivos y desarrollar las instituciones en el territorio que, con el tiempo, van a hacer valer los derechos de todos por igual.

Tenemos que aprovechar el momento de la paz para alinear los incentivos y desarrollar las instituciones en el territorio que, con el tiempo, van a hacer valer los derechos de todos por igual. Para avanzar en esa dirección, hay que complementar el enfoque de derechos con un enfoque territorial… Primero porque el conflicto ha afectado más a unos territorios que a otros. Y porque ese cambio no se va a lograr, si no se articulan los esfuerzos y se moviliza a la población en esos territorios alrededor de la paz. Eso es lo que llamo la paz territorial”. Sergio Jaramillo, Alto Comisionado para la paz, El MUNDO 16 de agosto 2015. El funcionario plantea un punto de quiebre significativo con la experiencia centralista de la negociación gobierno Álvaro Uribe y Auc. Las entidades territoriales y las comunidades locales fueron las grandes ausentes del proceso. Convidadas de piedra. 


Por ello llama la atención la poca resonancia que tienen en el Palacio de Nariño, las exigencias, sugerencias o iniciativas de los gobernadores y alcaldes preocupados por relacionar, en la realidad más que en el papel, las bondades de la desmovilización de las Farc (lo mismo del impredecible Eln) con las particulares circunstancias locales y regionales.


Ocurre con los gobernantes antioqueños. Luis Pérez se cansó de solicitar un protocolo firmado Gobierno Nacional y departamental donde se especifiquen las particularidades de la desmovilización y concentración de las fuerzas guerrilleras: número de personas involucradas, áreas comprometidas, actividades a realizar, cronogramas y recursos disponibles, de tal manera que el ejercicio se lleve a cabo con organización y planificación, dado que en juego está no solo la construcción de una paz cierta, sino también la tranquilidad de los pobladores. Otra iniciativa de Pérez, sin respuesta aún, tiene que ver con cómo garantizar que los territorios que han estado por décadas a merced de la presencia de las Farc, no se sometan a la presión de otras fuerzas que desde la ilegalidad pretendan hacerse al control de fuentes de rentas como la droga o la minería ilegal. Es la preocupación latente en la propuesta de permitirles a los alcaldes la designación de miembros de la fuerza pública, o civiles con el perfil necesario, como vicealcaldes para coordinar la presencia institucional integral en las zonas de histórica conflictividad o disputa. 


El alcalde de Medellín también lanzó su voz de alerta al reclamar por la no información previa a la traída a Medellín de un número significativo de miembros de las estructuras farianas, para recibir capacitación en los tejemanejes de la negociación, según se supo después. Esos son los detalles que enamoran o desenamoran. 


Territorializar la paz es un concepto innovador, fuerte. Resultado de aprender de las experiencias anteriores y de la convicción de que la superación de los daños del largo y degradado conflicto armado colombiano, requiere generar confianzas para superar nuestras brechas atávicas: entre el centro y la periferia, lo urbano y lo rural, lo público y lo privado, la riqueza y la pobreza, la equidad y la desigualdad. La paz es un activo de todos, no de los que la firman.