Columnistas

Definiciones políticas
Autor: Dario Ruiz Gómez
7 de Noviembre de 2016


Definir, recordaba Max Bense, es deformar. Por eso cuando alguien me llama derechista le recuerdo que quien define a otra persona se está descubriendo políticamente a sí mismo. Negarse a salir del clóset los hace vergonzantes de la izquierda.

Definir, recordaba Max Bense, es deformar. Por eso cuando alguien me llama derechista le recuerdo que quien define a otra persona se está descubriendo políticamente a sí mismo. Negarse a salir del clóset los hace vergonzantes de la izquierda.  Recuerdo los textos de Simone de Beauvoir y de Claude Lanzmann bajo el mismo título “El hombre de izquierdas” donde se establecía una  diferencia  entre el hombre de izquierdas, progresista, comprometido con la causa de los explotados, con la defensa de los obreros, con el repudio a cualquier dogmatismo, etc. Y el hombre de derechas defensor del status quo, de las tradiciones, de la educación religiosa, etc. Lanzmann aclaraba la inefectividad de la izquierda fijada paranoicamente en una visión parcial de la realidad.  Hasta hace treinta años el Partido Conservador colombiano se identificaba por su fidelidad a la iglesia Católica, defensor de la propiedad privada, de la familia. Y el Partido Liberal se identificaba por su defensa de un Estado laico, defensa a la libre asociación, a la libertad de opinión, los derechos de la mujer, etc. Hubo una izquierda liberal con el populismo de Gaitán y la izquierda progresista de Gabriel Turbay enfrentados ambos a la oligarquía bogotana. Y apareció el Partido Comunista bajo los conceptos terroristas dictados por la línea Moscú a cuyo camaleonismo político le debemos precisamente la aparición de las Farc cuyo propósito común fue destruir el Estado capitalista para instaurar una “patria socialista”. ¿Cuál es la filosofía bajo cuyos principios doctrinarios se cobijan hoy profesores, intelectuales, periodistas de esta izquierda  radical? ¿Cómo “Marcha Patriótica” puede dedicarse a perseguir con violencia a las asociaciones de víctimas de las Farc?  ¿Simplemente por odiar a Uribe se es izquierdista?  Así como se revisaron en los acuerdos lo concerniente a los territorios, así mismo se hace fundamental esclarecer el nuevo mapa político para evitar caer en los funestos extremismos que llevaron a una intolerancia criminal. 


En Colombia el Partido Comunista desapareció electoralmente por falta de votos. ¿Cuál será el perfil de la fusión doctrinaria del estalinismo de Jaime Caycedo, Carlos Romero con Márquez, Romaña, Catatumbo?  Con decir  “soy de izquierda” no se justifica, entonces, adoptar una actitud inquisitorial,  ya que  las definiciones políticas no se fundamentan desde un  sentimentalismo  sino desde una conducta personal afirmada contra la injusticia, contra la crueldad, contra el secuestro, contra el reclutamiento de niños. Un líder comunista, un estudiante de izquierda pueden decirnos que luchan por la justicia social pero si han pretendido justificar o han callado  tal como lo están haciendo ante uno solo de estos crímenes atroces en realidad son fascistas inhumanos carentes de las virtudes morales indispensables  para vivir en una sociedad plural. La izquierda, recuerda Arcadi Espada, se identificaba con la inteligencia, hoy con Podemos lo hace con la estupidez.


Durante cincuenta años nuestro Partido Comunista disimuló su crisis interna ¿qué pasará cuando bajo la democracia estas diferencias conceptuales empiecen a manifestarse? ¿Cuál ha sido la reacción de la ortodoxia comunista de Iván Cepeda ante la propuesta necesaria de Jorge Enrique Robledo por una izquierda  democrática? “No queremos, ha dicho Javier Cercas, una izquierda cínica, gestera, telegénica y ornamental. Queremos una izquierda humilde y decente que se parta la cara por resolver los problemas de todos, empezando por los que más  problemas tienen. No queremos una izquierda pija…” Pijos son los izquierdosos de modales  afectados, hijos de papá rico, de estos se alimenta la bazofia populista, el izquierdismo de cafetería. En Colombia ya se identifican  como una mezcla entre Enrique Santos y Timochenko, entre  Sergio Jaramillo y Aída Abello. ¿No es pues el momento de tener unos Partidos modernos para construir una democracia moderna o sea transparente?