Mundo deportivo

Yeison and the reversal of the Games
Yeison y el reverso de los Juegos
Autor: Juan Felipe Zuleta Valencia
27 de Octubre de 2016


Más allá de los resultados, la histórica clasificación de 36 atletas colombianos a Río 2016, se configura como la piedra angular para una nueva etapa del atletismo colombiano formada por muchos esfuerzos, a veces, anónimos.


Foto: Hernán Vanegas 

Yeison Rivas posee actualmente el récord nacional en 400 vallas con 49 segundos y 90 centésimas.

Río fue una experiencia bonita, pero también fue un montón de promesas ahí que no se cumplieron. Y ahora hay que volver a la realidad y ponerse a trabajar para lo que lo que viene”, dice Yeison Rivas, unos de los deportistas colombianos que representaron al país en los Juegos Olímpicos.


Yeison fue uno de los deportistas anónimos, que a su regreso a Colombia no fue más que un pasajero que descendió de un vuelo proveniente de Río de Janeiro.


Los que no ganan medalla o no captan el interés del público, no sirven para contar historias y por lo tanto no figuran. Son invisibles. Ese es el reverso de los Juegos Olímpicos. Que por cierto abarca a la mayoría de los deportistas que van a las Olimpiadas. Porque en el caso de Colombia son unos pocos los que se quedan con el privilegio de las cámaras de televisión, los perfiles a doble pagina y los trending topics en las redes sociales.


Yeison, (como la mayoría de los deportistas que tejieron unas expectativas reales con base a su desempeño, pero no lograron concretarlo en Río), llegan con la necesidad de aislarse en sí mismos y volver a recoger las fuerzas físicas y mentales para volver a empezar. Porque cuatro años de ciclo olímpico dejan secuelas y desgaste en el cuerpo y la mente.


Yeison corrió la prueba de los 110 metros vallas; fue un viernes, en medio de un diluvio que caía sobre Río de Janeiro. La serie en que corrió el atleta antioqueño tuvo que ser repetida a causa de la lluvia. Al final, registró un tiempo de 13,84 y quedó eliminado en las clasificatorias. Al otro día estaba en suelo colombiano y el ciclo de tantos años y esfuerzos estaba concluido.


Sin embargo, la marca con la cual clasificó Rivas a los Juegos fue de 13,36 un tiempo que, por ejemplo, lo habría ubicado entre los cinco mejores en la final de los 110 vallas.


“De todos modos Río fue una experiencia increíble. Estar en medio de ese nivel, entrenar, conocer y competir junto a los más grandes. Por ejemplo, repasé el video de la primera carrera y vi que alcancé a estar por delante de Omar Mcleod, quien fue el que en últimas se quedó con la medalla de oro. Entonces me di cuenta que sí puedo competir en ese nivel y que mi trabajo sí es meritorio para estar allá”, dice Yeison. Un hombre silencioso, de palabras precisas y estudiadas, y cuyos ojos siempre delatan que en su cabeza tiene mucho más por decir de lo que realmente expresa. Es un hombre inteligente y un corredor talentoso y metódico.


Hace poco regresó a entrenamientos; volver a llenar su mente y su cuerpo de motivaciones nuevas no es fácil, pero para Yeison el atletismo es como la vida misma. “Correr me hace feliz. La pista es el refugio mío y cuando lo necesito, cuando tengo rabia, por ejemplo, vengo a correr y se me olvida el mundo”, dice.


Tiene siete meses por delante para lograr la marca para el Mundial de Londres. Y anhela algo que, más que para él, es para el país al que ama representar. “He ganado medallas en Grand Prix por fuera y eventos así en representación propia, pero desde el 2014 no gano una medalla para Colombia y se siente muy bien saber que con el aporte de uno, las vallas colombianas pueden volver a figurar”, dice el atleta nacido en Carepa, quien, tal como un doctor Jeckyll y mister Hyde, la tranquilidad e introversión de su vida cotidiana, dan paso a un ímpetu incontrolable en la pista. “No me importa si estoy desbaratado por dentro. Siempre intento que nadie se de cuenta. Y si me van a ganar me tienen que ganar es pero en la línea de meta”, expresa Yeison, haciendo ademanes enérgicos.


Ahora que empieza un nuevo ciclo sería grato que su esfuerzo y el de tantos otros no fueran visibles sólo hasta que se convierten en una cifra dentro de una delegación o en una medalla.