Columnistas

¡Oírles la misa y sacarles el cuerpo!
Autor: José Alvear Sanin
26 de Octubre de 2016


Dado que los liberales de Rionegro eran tan católicos como los godos de Marinilla, y como los sacerdotes estaban comprometidos más de la cuenta con el conservatismo,

Dado que los liberales de Rionegro eran tan católicos como los godos de Marinilla, y como los sacerdotes estaban comprometidos más de la cuenta con el conservatismo, los primeros acuñaron la máxima de “¡A los curas, oírles la misa y sacarles el cuerpo!”.


Traigo esto a colación porque los católicos vamos a tener que decir: “A los obispos, oírlos y sacarles el cuerpo”, puesto que sus pronunciamientos políticos desorientan a los fieles y dividen al país. 


Afortunadamente el pueblo, venciendo todos los abusos, trucos y amenazas del gobierno, rechazó el acuerdo Timo-Santos, que significaba, simplemente, la desaparición de la democracia colombiana; pero por desgracia hemos entrado luego en la mayor confusión, porque se intenta hacerle conejo a la voluntad soberana. Gobierno y Farc quieren hacer creer que el acuerdo entre ellos sigue vigente y que únicamente se le pueden introducir mínimos retoques cosméticos, que el país debe aceptar a la mayor brevedad, para lo cual se ha organizado una ensordecedora algarabía mediática y todas las imaginables maniobras de “agitación y propaganda”.


Circula por internet un interesante escrito de Halinsky Sánchez Meneses, que explica el sorpresivo triunfo del NO por la actitud de los votantes pertenecientes a las iglesias evangélicas, que habrían aportado unos dos millones de votos. Incidentalmente rechazo los insultos, cada día más frecuentes, que ellos reciben por haber votado en conciencia, aterrados por la incorporación de la ideología de género al “bloque de constitucionalidad”.


En cambio, anoto, las mayorías católicas, perplejas, se dividían o abstenían, olvidando lo que espera a la Iglesia en un Estado comunista. 


La jerarquía colombiana reaccionó contra la imposición de la ideología de género en la enseñanza, apoyando el clamor popular, pero luego, en la Conferencia Episcopal, hubo dificultadas para que se aprobara la recomendación de “votar en conciencia”, por la presión de prelados que querían recomendar el SÍ.


A continuación sobrevino la monumental metida pontificia de guayos en favor del SÍ, que se produjo cuando ya los malos consejeros colombianos del papa habían leído el “acuerdo”, con sus 114 párrafos favorables a la ideología de género, la misma que dos días más tarde sería rechazada por Bergoglio en su viaje a Georgia y Azerbaijan, como que si fuera tolerable en Colombia lo que condena en países ortodoxos y musulmanes. 


Nunca sabremos cuántos católicos a última hora votaron por el SÍ o se abstuvieron, por seguir al papa, pero la extraordinaria llamada de atención que le hizo el doctor José Galat y que ha dado la vuelta al mundo católico no ha sido tenida en cuenta por muchos de nuestros pastores, ahora comprometidos, por activa o por pasiva, en la campaña de resurrección del “acuerdo” derrotado por los colombianos. 


En vez de defender la validez del resultado del plebiscito y el imperio de la Constitución democrática, que ha permitido la libertad religiosa en Colombia y la vigencia de los derechos humanos, el episcopado se suma al “clamor” por la rápida aceptación de la paz fariana. 


La mayoría de los obispos guardan silencio frente a los exabruptos de algunos de sus colegas. Las atroces e inauditas declaraciones del señor arzobispo de Cali, en boca de, digamos, Iván Cepeda, serían congruentes, pero en labios de un obispo escandalizan a la grey. Menos beligerante pero igualmente pérfido es el lenguaje de monseñor Castro, presidente de la Conferencia Episcopal, cuando urge la inmediata suscripción del “acuerdo” con las Farc, en lenguaje aparentemente diplomático y neutral, con frases ambiguas, anodinas, ampulosas, ambivalentes, imprecisas, sibilinas y ladinas, fingiendo ecuanimidad, porque trata de llevarnos hacia donde quieren el presidente y las Farc. Además, también pretende hacernos creer que el papa no dijo lo que dijo y se empeña en no ver en el famoso “acuerdo” lo de la ideología de género, callando asimismo los temas del narcotráfico, la retención de menores, el aborto en las niñas esclavizadas y otros asuntos repudiados por la moral católica desde tiempo inmemorial.


Frente a estos temas falta monseñor Castro al Evangelio, porque la respuesta debe ser clara, de “sí o no, como Cristo nos enseña” (Mateo 5, 37), y no el blablablá políticamente correcto, que viene alejando al pueblo de la Iglesia.  


¡Y como si fuera poco, las desorientadoras y torticeras declaraciones del Excmo. Señor Cardenal Arzobispo de Bogotá!


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Los mismos con las mismas – Los entregadores, De la Calle y Jaramillo, van a Cuba a remachar el acuerdo con los receptores Márquez y Catatumbo: dos caras de la misma moneda para el perfeccionamiento del conejo.