Columnistas

Resistir y resistirse en libertad
Autor: Omaira Martínez Cardona
26 de Octubre de 2016


Se necesita más que soplar en el viento como lo dice el Nobel de Literatura Bob Dylan en una de sus canciones, para encontrar la respuesta a cuántos años deben vivirse para ser realmente libres.

Se necesita más que soplar en el viento como lo dice el Nobel de Literatura Bob Dylan en una de sus canciones, para encontrar la respuesta a cuántos años deben vivirse para ser realmente libres. 


El de la libertad es uno de los derechos más preciados y escasos en el convulsionado, y cada vez menos incomprensible mundo actual, donde aparte de las batallas cotidianas para sobrevivir, se lucha además para ejercer el derecho a expresarnos libremente, una de las características que no sólo nos distingue del resto de los seres vivos sino que también es una opción para no ser recordados como la creación más imperfecta del universo y una de sus especies más depredadoras.


Esa constante batalla por resistir y resistirse a las acciones de otros que aniquilan cualquier manifestación de justicia, respeto a la vida y a la libertad, ha sido tan agotadora que ha detonado en una  diversidad de posibilidades para que quienes no eran escuchados puedan alzar sus voces, para hacer visible lo invisible y para que el miedo y el silencio dejen de ser las únicas opciones.


Ejercitar la capacidad de expresarse es una de las acciones más liberadoras que se puede experimentar y una oportunidad de entendimiento y convivencia con los otros.


Además de las movilizaciones y creaciones artísticas como la música, la danza, el cine y la literatura, son  muchas las formas en que  se pueden ejercer los derechos a resistirse, disentir y convivir en paz y bienestar.


No debe temerse a la confrontación de las ideas y las emociones que es lo que humaniza. Las revoluciones que realmente han transformado la humanidad se han batallado en el campo de las ideas, con la capacidad creadora del hombre como única arma que es la misma que debe aprovechar para construir y no para acelerar su autodestrucción.


Es reconfortante y esperanzador en medio de tanta adversidad conocer que además de las letras poéticas, proféticas y conmovedoras de Dylan, hay más creadores que no le temen a expresarse y  a seguir resistiendo y resistiéndose no para ser reconocidos sino para ser realmente libres. 


Hace un año murió uno de los más polémicos galardonados en literatura,  el alemán Günter Grass, poco leído en nuestro contexto pero uno de los más comprometidos con la identidad entre el artista y el ciudadano, convencido de que las artes no pueden cambiar las cosas, pero sí contribuir a la formación de mejores ciudadanos y sociedades. “La principal obligación del ciudadano es mantener la boca abierta, expresarse”, argumentaba para defender la necesidad de intelectuales más comprometidos y públicamente críticos con el poder político. 


Otro ejemplo es Afshin Ghaffarian, un joven coreógrafo, director, bailarín y actor iraní que marcó un precedente resistiéndose a las prohibiciones de la danza en su país y apoyando al movimiento que denunció el fraude en las elecciones presidenciales en Irán en el 2009. Se exilió en París y después de cinco años regresó a su tierra donde ya puede expresarse a través de su arte con más libertad. Su historia fue divulgada en una adaptación cinematográfica titulada El bailarín del desierto.


Trotsky, el político y revolucionario ruso de origen judío pronosticó que quien se arrodilla ante el hecho consumado será incapaz de enfrentar el porvenir y así es. Seguramente pasarán muchos años más para que los señores de la guerra dejen de ajustar los gatillos y dejen de volar las balas. Otros más para que tantos dejen de voltear la cabeza para no ver las desgracias de los demás y para entender cómo es que en este mundo hay que ser honesto para vivir fuera de la ley.