Columnistas

Medición y seguimiento
Autor: Pedro Juan González Carvajal
25 de Octubre de 2016


Grandes esfuerzos hemos realizado en diferentes momentos del tiempo, en los campos Departamental y Municipal, para proponernos Visiones, Objetivos y Metas, con el fin de focalizar orientaciones y racionalizar la asignación de recursos,

Grandes esfuerzos hemos realizado en diferentes momentos del tiempo, en los campos Departamental y Municipal, para proponernos Visiones, Objetivos y Metas, con el fin de focalizar orientaciones y racionalizar la asignación de recursos, siempre con el espíritu sano y a veces ingenuo, de mejorar la situación actual, y por qué no, de conseguir la equidad y el bienestar anhelados para toda la población. 


Sin embargo, en este, como en otros muchos aspectos, como decía el doctor Gilberto Echeverri, a los antioqueños nos sobra iniciativa y nos falta culminativa. De igual manera, de que carecemos de una cultura de la medición y del seguimiento a los Planes, Proyectos e Iniciativas que promovemos con bombos y platillos,  pero que después se dejan extinguir, de manera irresponsable, dejando a quienes fueron sus impulsores y principales promotores, “colgados de la brocha”, a pesar de que posteriormente, recurrimos a los mismos actores, para que participen activamente en la construcción de nuevas  iniciativas, esta vez, liderados por nuevos actores.


¿Qué pasó con el Plan Estratégico de Medellín 2015? ¿Dónde están los resultados de la Alianza de Antioquia por la Equidad? ¿En qué vamos con la concreción de la Visión Antioquia 2020?


Con respecto a los dos primeros, no sabemos a ciencia cierta en qué quedaron, ya que tanto los Gobiernos, como los respectivos Consejos Rectores, no han tenido la delicadeza de contarnos a los antioqueños y a los medellinenses, cuáles resultados concretos se obtuvieron, que quedó faltando y qué se va a hacer para culminar lo planteado. 


Lo más seguro, y teniendo como mal ejemplo a la ONU con los Objetivos del Milenio,  que no se cumplieron en el 2015, pues simplemente se le cambia de nombre a la iniciativa, se proponen otros nuevos objetivos a una fecha distinta, sin que medie ninguna evaluación, ni ninguna asignación de responsabilidades por el cumplimiento o incumplimiento de  los mismos.


El 2020 ya se nos vino encima, y de la Visión Antioquia Siglo XXI, ya casi nadie se acuerda y ni los gobiernos de turno, ni sus impulsores, siquiera la mencionan.


¿En qué vamos con aquello de ser la mejor esquina de América? Nos hemos engolosinado con las llamadas “Autopistas de la Prosperidad” y esperamos que este nuevo esquema de contratación por parte del Gobierno Nacional, nos acerque, por fin, al cumplimiento de cronogramas y presupuestos, pues de no ser así, será para nuestros tataranietos la posibilidad de verlas culminadas. Está cerca, pero falta la construcción del Puerto de Urabá y no hemos empezado a entablar y establecer relaciones de confianza con nuestros hermanos del Chocó para lograr, por fin, la idea maravillosa de desarrollar “la mejor esquina de América”.  


¿En qué vamos con eso de hacer  que Antioquia sea justa? Sinceramente en déficit, pues a pesar de los esfuerzos por quebrarle el cuello a la pobreza y la iniquidad, los datos muestran exactamente lo contrario. 


¿En qué vamos con qué Antioquia sea pacífica? Gracias a los intentos del Gobierno por negociar con las Farc, hemos sentido, como el resto del país, que la violencia originada por este actor ha disminuido ostensiblemente, pero que los otros actores continúan ahí y que la violencia e inseguridad urbana, crecen y no han podido ser controladas a pesar de los esfuerzos, que hay que reconocer, por parte de las autoridades.


¿En qué va lo de una Antioquia educada? Si nos atenemos a los resultados de las pruebas oficiales, en poquísimos o casi inexistentes avances, teniendo en cuenta que estos son procesos de larga duración. Indudable mejoramiento en infraestructura y acceso a tecnologías  y poco avance en la calidad docente.


¿En qué estamos con lo de una Antioquia pujante? A partir de las distintas acepciones que tiene el verbo pujar, para no entrar en discusiones escatológicas, digamos que “en un país de ciegos, el tuerto es rey”. 


¿Cómo vamos con lo de estar en armonía con la naturaleza? La creciente deforestación y el deterioro de la calidad del aire del Valle de Aburrá, sin entrar en detalles con respecto al manejo de residuos de todo tipo, es una variable que sigue en creciente deterioro, a pesar de los esfuerzos por sanear el rio Medellín, proteger los páramos y mitigar la degradación de la biota.


Esta reflexión es solo una invitación a que de manera responsable, entendamos que a los proyectos hay que medirlos para poder hacerles seguimiento y obviamente, poder evaluarlos.


NOTA: Medellín requiere de la construcción de un gran centro de espectáculos.