Columnistas

De Hammurabi a hoy
Autor: Carlos Alberto Gomez Fajardo
25 de Octubre de 2016


Desde los tiempos de Hammurabi –tiempos severos aquellos, del ojo por ojo, mano por mano- las actuaciones de los médicos han sido vigiladas y cuestionadas por las sociedades, en cada cultura y momento cronológico.

Desde los tiempos de Hammurabi –tiempos severos aquellos, del ojo por ojo, mano por mano-  las actuaciones de los médicos han sido vigiladas y cuestionadas por las sociedades, en cada cultura y momento cronológico. En mayor o menor grado se han ejercido necesarios mecanismos de control, de auditoría, para expresarlos en palabras de hoy, cuando reinan como nuevos dioses la tecnocracia y la comercialización de los derechos. Por supuesto, es un hecho conocido, existe la iatrogenia, se dan los casos en que es peor el remedio que la enfermedad. No se puede negar esta dolorosa realidad, como lo leemos humorísticamente en las geniales comedias de Moliere. El error existe y no se puede ocultar, pero merece también que las cosas se ajusten a su verdadera proporción y significado.


Es claro el esfuerzo que milenariamente se ha puesto en el compromiso de las profesiones sanitarias por la beneficencia-no maleficencia. Hoy se habla, especialmente haciendo relación a la imparable tendencia a los procesos de certificación y acreditación en que se ven empeñadas las instituciones hospitalarias y sus equivalentes, de los estrictos protocolos de seguridad del paciente, de los avances en implementación de políticas de prevención de hechos como las infecciones hospitalarias, los fallos en identificación de pacientes y procedimientos, las equivocaciones con medicamentos de alto riesgo, los déficits en  comunicación médico-paciente-familia. En las instituciones estas políticas se logran establecer con gran esfuerzo, con  notables inversiones, con impulsos educativos y administrativos de gran fuerza.


Pero ahora resulta –los medios masivos se ocupan de ello en un entorno en que aumenta la desconfianza del público hacia el quehacer de la profesión- que los “errores médicos” son la tercera causa de muerte en pacientes hospitalizados en los Estados Unidos, luego de enfermedades cardiacas y cáncer. Hace pocos años, cuando salió el célebre reporte “To err is human”, se ubicaba esta causal en un modesto octavo lugar. ¿Qué está pasando?


Cabrían al respecto unas preguntas: ¿cómo se define “error médico”?, ¿cómo se establece la relación de causalidad entre el error y el desenlace fatal?, ¿quiénes y cuáles intereses están tras las indagaciones y definiciones relacionadas con lo anterior? ¿Cómo entender que el hecho cierto de los avances en longevidad y manejo de enfermedades crónicas y degenerativas se asocie a la mortalidad hospitalaria citada en los últimos años?


Por supuesto, existen los ambientes académicos y jurídicos que han de considerar  cuestiones tan delicadas en el debido escenario de responsabilidad y de idoneidad técnico-científica antes de establecer culpas por desenlaces negativos. Pero puede añadirse a esto lo siguiente: ¿no ocurren aquellos fallecimientos hospitalarios en personas de mayor edad y de mayor complejidad en sus situaciones pre-existentes de enfermedad? ¿No es entonces la enfermedad y su curso natural la causa de la muerte, sino la desviación –mayor o menor- de determinados protocolos establecidos por parte de personas e instituciones?  


Hay un hecho también cierto y desafortunado que tal vez esté jugando parte de este papel en una equívoca definición de “error”: El acto médico progresivamente se ha “judicializado”, se ha convertido, sobre todo de modo retrospectivo, en una fría pugna de intereses económicos entre los diversos actores: aseguradores, entidades financieras, instituciones prestadoras de servicios, intermediarios de infinitas tecnologías médicas que se ofrecen en una dinámica de mercado a pacientes deliberadamente confundidos con usuarios-consumidores.


Existe un interesante concepto: el “sesgo retrospectivo” que sucede cuando algo sale mal. Para muchos, obviamente sólo después de  conocer un resultado negativo, es fácil decir lo siguiente, “… claro, yo sabía que algo iba a salir mal”. Es doloroso ver el actuar del médico como un expediente que termina en manos de abogados que litigan entre ellos. Algunos seguramente, defienden la verdad y la justicia, pero otros defienden intereses económicos y comerciales de una actividad que se ha degradado y deshumanizado en su esencia.