Columnistas

A Uribe no le interesa ni la paz ni las reformas
Autor: José E. Mosquera
22 de Octubre de 2016


Más allá de la retórica mediática de los líderes del Centro Democrático sobre el proceso de paz, antes y después del plebiscito, se concluye que, ni quieren la paz, ni quieren las reformas que se plantean en el acuerdo.

Más allá de la retórica mediática de los líderes del Centro Democrático sobre el proceso de paz, antes y después del plebiscito, se concluye que, ni quieren la paz, ni quieren las reformas que se plantean en el acuerdo. Muchos de sus reparos están consignados en los acuerdos. Es evidente que no se necesita hacer mucho esfuerzo para comprender que su estrategia es hacer propuestas inaplicables en la práctica para dilatar el tiempo y luego salir a culpar al gobierno del fracaso.


La finalidad del CD no es hacer viable el proceso de paz, sino entorpecerlo, a Uribe y a las élites que representa no les interesa que el proceso de paz llegue a buen puerto. Se oponen de manera clara a tres aspectos que son la médula del proceso de paz: la reforma agraria, la justicia transicional y la participación en política.


Los demás aspectos de su propuesta son sofismas para esconder el verdadero trasfondo de su oposición. Su estrategia no es buscar el fin del conflicto, sino ensombrecer y enredar con mentiras el proceso de paz. Durante ocho años negaron la existencia del conflicto armado y su estrategia fue llamar a los desplazados migrantes internos. Las estadísticas demuestran que fue el período donde más se multiplicó el desplazamiento y el despojo de tierras.


Su principal oposición visceral al proceso es por la reforma agraria que se plantea en los acuerdos. Por un lado, a las Zonas de Reservas Campesinas y del otro a la actualización del catastro rural, dos pilares fundamentales de la reforma al campo que se buscan con los acuerdos. Se oponen a la restitución de tierra con los pueriles argumentos que los actuales propietarios son compradores de buena fe. Pretenden que se legalicen millones de hectáreas de tierras, desconociendo las intimidaciones, los asesinatos, los desplazamientos y las falsedades documentales que existen detrás de esas tierras, adquiridas con presiones de los escuadrones de asesinos de los paras.


Igualmente que a un impuesto predial progresivo y a una reforma al campo colombiano, que implica entrega de subsidios, construcciones de vías entre otros aspectos claves para la modernización de la Colombia rural. No quieren una reforma catastral que afecten los intereses de los latifundistas, ni una modernización del campo desde la perspectiva de los campesinos pobres.


La segunda razón de su oposición es por el modelo de justicia especial de los acuerdos, la cual garantiza una justicia restaurativa y reparadora. Un modelo de justicia que los líderes del CD y sus aliados tienen temor que se implemente, porque mediante ese sistema judicial se desnudarán muchas de las alianzas con el crimen organizado. Se esclarecerán miles de crímenes, ligados al despojo de tierras y a los escuadrones de muertes del paramilitarismo, los falsos positivos y decenas de asesinatos impunes y desaparecidos. En cambio, plantean un sistema similar al que se le aplicó a los paras y que en 11 años de ejecución ha dejado en la completa impunidad los crímenes del paramilitarismo.


El otro eslabón de la oposición al proceso de paz es la participación política de las Farc, la reforma del sistema electoral y un estatuto de oposición. El CD con su propuesta lo que busca es dividir a las Farc, con cárcel para los líderes y amnistías para los combatientes rasos. Propuesta que no conduce un proceso de paz serio, porque con ella lo que se busca


son ponerle trabas al proceso. Pensar que un grupo rebelde no derrotado militarmente, después de una lucha de 52 años de guerra, firme un acuerdo de paz para que sus líderes se han encarcelados, en lugar de reinsertarse a la vida civil para que defiendan en la plaza pública sus ideas políticas es una utopía populista que no conduce a un verdadero proceso de paz.