Columnistas

¿Qué hay detrás de la consigna “paz ya”?
Autor: Eduardo Mackenzie
21 de Octubre de 2016


Las Farc han aprendido poco de la lección que les dio Colombia el 2 de octubre pasado. Los jefes del narco-comunismo están tratando de impedir que los efectos jurídicos y políticos del plebiscito cristalicen en una nueva negociación de paz.

Las Farc han aprendido poco de la lección que les dio Colombia el 2 de octubre pasado. Los jefes del narco-comunismo están tratando de impedir que los efectos jurídicos y políticos del plebiscito cristalicen en una nueva negociación de paz. La posición de esa gente es cada vez más dura e intransigente. Están desconcertados ante su derrota en el plebiscito y han optado por utilizar artimañas de bajo nivel que los conducen a un callejón sin salida.


Impulsan y financian manifestaciones y ocupaciones de jóvenes e indígenas que piden “paz ya” para quitarle tiempo y firmeza a la nueva negociación de paz que tendrá que abrir Juan Manuel Santos necesariamente. Con el acosamiento callejero quieren impedir que esa negociación nueva se instale debidamente, se tome el tiempo indispensable, pueda informarse, documentarse y trabajar con serenidad y llegar a conclusiones que sean aceptables para los colombianos.


Pretenden reimponer el monstruoso pacto que fue rechazado por los electores. La táctica consiste en exigirle “celeridad” al expresidente Uribe, urdir bajas intrigas  para descalificar el plebiscito  y  crear un clima malsano y de temor en las ciudades.


Colombia necesita tiempo para discutir, trabajar y llegar a un verdadero acuerdo de paz. Quitarle tiempo a esa negociación es abolir de hecho esa negociación salvadora. Así es como están las cosas. El mensaje real de quienes gritan y agitan de manera santurrona la consigna de “paz ya”, es “las Farc ya”.


La entrevista concedida por alias Pablo Catatumbo a El País, de Cali, resume esa posición. Allí ese individuo insulta al Centro Democrático, principal fuerza del campo del NO, y partido que tiene la gran responsabilidad de dirigir, junto con los otros sectores políticos que impulsaron el NO, el nuevo proceso de paz. Allí rechaza todos los puntos que  los voceros del NO han expuesto. En violento ataque contra el CD, dice que éste cometió un “fraude” en el plebiscito, explotando los desatinos imaginarios de Juan Carlos Vélez, y ocultando el hecho que Vélez retiró inmediatamente sus frases. El jefe fariano acusa, además,  al CD de tener “intereses mezquinos” y de “dilatar la implementación de los acuerdos”. Ridículo. Las Farc y Santos se tomaron seis años para redactar en secreto un acuerdo inservible y ahora quieren que ese mismo acuerdo rechazado sea levemente enmendado, en uno o dos puntos, en una o dos semanas, por el CD y sus aliados, por el gobierno y por los jefes de las Farc. También es negativa la posición de alias Iván Márquez quien salió a decir: “sólo hablamos con el gobierno”.


Repitámoslo: estructurar un diálogo responsable y patriótico para llegar a un verdadero acuerdo de paz no se puede hacer en unos días, ni en unas semanas. Eso tomará meses, en el mejor de los casos. Como bien explicó el expresidente Uribe, no se trata de hacerte retoques cosméticos al acuerdo cubano sino de revisar a fondo ese texto y producir uno nuevo.


¿Por qué las Farc están tan urgidas? ¿Qué se oculta detrás de esos llamados a  que el país decida ya “implementar los acuerdos” cubanos?


La única respuesta es esta: las Farc están perdiendo dinero y logística con su cese al fuego. Ellas necesitan que Santos “implemente los acuerdos” para poder seguir en sus operaciones ilícitas y seguir ampliando la ocupación del escenario nacional. ¿La Corte Constitucional se le apuntará a eso acatando la intriga de quienes esperan abolir  la Constitución incorporándole las horribles 297 páginas de los acuerdos cubanos?


Catatumbo, miembro del secretariado de las Farc, da una bofetada a la mayor reivindicación de los colombianos al decir que los jefes de su organización no pagarán ni un día de cárcel. El rechaza la aplicación de la Ley de Justicia y Paz, que propone el nuevo fiscal general, y rechaza la sugerencia de Álvaro Uribe de que esa detención se cumpla en granjas agrícolas. Catatumbo parece ignorar que los del NO y muchos de los del Sí,  no aceptarán una paz basada en la impunidad. Los jefes de las Farc no son actores políticos, son personas que cometieron crímenes de masa. Ninguna justicia internacional comprenderá que ellos se salgan con la suya.


Las Farc tampoco quieren renunciar al grotesco “tribunal especial de paz” -que ahora llaman “jurisdicción especial de paz” para reducirle su connotación vengativa-, instrumento para reabrir todos los procesos judiciales que ellos quieran, para aterrorizar a expresidentes, parlamentarios, jefes políticos, periodistas, empresarios, industriales, ganaderos, sindicalistas, religiosos, intelectuales, es decir a todas las clases, sectores y categorías sociales que se oponen a la transformación de Colombia en una Cubazuela.


¿Qué hacer pues ante semejante intransigencia? Hablarle con claridad al país: no más ilusiones a corto plazo. La nueva fase que abrió el plebiscito, de análisis, discusión y acuerdos, necesita tiempo y sosiego para trabajar en serio. Cesen pues las Farc su arrogancia, sus presiones y amenazas de que tras el 31 de diciembre desatarán una ofensiva armada. Alias Tanja estima que el 31 de diciembre fijado por Santos es solo “un tiempo máximo para solucionar los asuntos pendientes”. Oigan el tonito.


Las Farc han cesado buena parte de su accionar armado. Si vuelven a disparar, el país les quebrará de nuevo esa aventura. Y serán expuestas ante la Corte Penal Internacional y ante la opinión pública mundial y serán acusadas de crimen contra la paz, una imputación tan grave como los crímenes de guerra. Que se calmen pues. Dejen trabajar.