Palabra y obra

Juan Diego Mejía, ten times a writer in soul and letter
Juan Diego Mejía, diez veces un escritor en alma y letra
Autor: Daniel Grajales
21 de Octubre de 2016


Antes de la publicación de Soñamos que vendrían por el mar, el escritor antioqueño entregó a sus lectores otros títulos en este género. Estas son cinco novelas previas de su bibliografía, acompañadas de cinco frases sobre sus intereses y retos.



Ilustración: Ever Alvarez Villa

Cinco novelas previas de Juan Diego Mejía


1: A cierto lado de la sangre (Editorial Planeta, 1991)


2: El cine era mejor que la vida (Colcultura 1997, Editorial Universidad de Antioquia, 2000, Editorial Norma, 2003).


3: Camila Todoslosfuegos (Editorial Norma, 2001).


4: El dedo índice de Mao (Editorial Norma 2003).


5: Era lunes cuando cayó del cielo (novela. Editorial Alfaguara, 2008).


Cinco reflexiones del autor


1: “Cuando en los hoteles me preguntan ‘¿ocupación?’, yo digo ‘escritor’, y todo el mundo se queda mirando raro, con desconfianza. Pero es que cuando uno dice que es escritor no quiere decir que sea bueno ni malo, escritor es un oficio que yo reivindico y es el único en el que me siento muy a gusto. Toda la vida he tratado que me respeten esa idea. La sociedad me ha dado el premio de reconocerme como escritor, no como buen escritor, sino como escritor. Yo no quiero traicionar mi oficio, es lo único que quiero ser”. 


2: “Dirigir la Fiesta del Libro de Medellín ha sido algo que no tengo cómo agradecer, siento que lo único que puedo hacer son libros, novelas, cuentos”.

3: “Todos los escritores son de clase media, hay muy poquitos que son de la alta burguesía. La clase media es la que se pregunta cosas, los que están en un estrato más bajo, que me gusta llamarlos los seres unidimensionales, porque son parecidos a los que están más arriba, que sólo les interesa una dirección, tienen que guapear, luchar, vender confites, para llegar a la casa con $15.000. Los que están más arriba tampoco se preguntan cosas, sólo piensan en los millones y las acciones. La clase media, porque sabe que es difícil subir al último escalón o que ascienda al primero, se pregunta cosas. Yo soy de clase media, tengo mi puesto seguro como un tipo de clase media, eso me ha permitido ser curioso, explorar otros mundos, mirarlos con asombro. Cuando me invitan a un escenario de la ‘crema y nata’, también me sorprende mucho, me doy cuenta de que la clase media es una clase muy privilegiada, es la casa de la que se nutre la literatura”. 


4: “Nunca volvería a ser secretario de Cultura de Medellín, lo fui 22 meses y creo que pagué el servicio civil. Era muy satisfactorio tomar decisiones con grandes presupuestos, aunque muy riesgoso. Todavía recuerdo lo que pasó en el 2004, cuando decidimos que íbamos a hacer Parques Bibliotecas en Medellín, que nos decían: ‘pero, ¿qué es eso?, si aquí lo que se hace son bibliotecas’. Pero no, ese era un guiño al resto de la sociedad, que estaba acostumbrada a que los políticos construían placas polideportivas en los barrios. Hoy me siento orgulloso de haber participado en esa decisión, de que en Medellín haya Becas a la creación, que las salas tengan acceso a presupuesto por el buen funcionamiento de las Salas Abiertas, pero es mucho lo que uno debe pagar, llegaba a la casa vuelto polvo, me quedaba dormido mientras me servían la comida. Admiro mucho a los que pueden hacerlo bien, a quienes les llegan las críticas y les resbalan, pero yo no puedo, hay que tener un cuero muy duro”. 


5: “Cada vez soy menos cruel con nosotros mismos, cada vez siento que la gente no lee tan poco como dicen. Las estadísticas de las que habla la prensa son del Dane y ese 1,9 libros que mencionan hablan de recordación… Me pregunto qué son ese 1,9 libros, si leerme un autor que me invite a matar vale, si una receta de cocina vale, si el directorio telefónico vale… Yo creo que lo importante es la calidad de lo que se lee. De igual manera, pienso que el que lee no necesariamente va a ser bueno, la lectura da unos elementos, pero no es que deba obsesionarnos cambiar esta estadística. No creo que la obsesión de esta sociedad debería ser la felicidad, aunque sea momentánea, momentos de esperanza, como tuvimos en algún momento antes de aquel domingo. Si llegamos a la meta de lectura que nos ponemos, entonces el ministro o la ministra que lo logre va a ser alguien muy importante, pero eso no le garantiza nada a esta sociedad”.