Mundo deportivo

The match never ends
La partida nunca acaba
Autor: Juan Felipe Zuleta Valencia
16 de Octubre de 2016


El torneo Estándar del IRT Internacional que se realiza en Medellín desde el jueves pasado ha sido masivo y de gran nivel. Digno homenaje a los 50 años de vida de la Liga pionera del ajedrez en el país.


Foto: Hernán Vanegas 

Medellín se ratifica como una ciudad con gran actividad en el ajedrez. Un deporte con vigencia en todas las generaciones.

El Parque del Ajedrez de la Liga se va llenando de vida desde muy temprano. Los dos bandos del tablero; blancos y oscuros aguardan por el comienzo del juego y están apostados en sus posiciones iniciales, prestos a dar el primer paso adelante.


Los rivales de turno toman asiento; se saludan, se respetan, se enfrentan. Más de 70 partidas comienzan al mismo tiempo: niños ante adultos mayores, muchachos ante señores, profesionales ante entusiastas. Toda una amalgama de personalidades, historias y propósitos en una sola fuerza común: el tablero y las 32 piezas.


Todos los juegos comparten la hora de inicio, pero cada uno uno tiene su propio tiempo y extensión. Rige el silencio y la concentración; los jueces caminan por los pequeños pasillos, entre las hileras de mesas donde están los tableros.


Cuando los minutos se van acumulando en la paciencia y las espaldas de los jugadores, comienza un curioso desfile por todo el Parque. Los jugadores visitan otros juegos, analizan y calculan las partidas ajenas en silencio. Lo hacen para despejar los ojos y la mente del juego propio, pues el agotamiento les impide, en determinado momento, ver con lucidez la lógica y las perspectivas de la batalla que libran en su tablero. También lo hacen para encontrar algunas soluciones, ese movimiento que vaga escondido por la cabeza sin dejarse atrapar, por ejemplo.


Con las ideas despejadas y el cuerpo más liviano de cansancios, retoman el juego, en un tablero en el cual las piezas empiezan a ausentarse y quedan aisladas a un lado, víctimas del avance del color rival.


Las primeras partidas llegan a su fin; no hay aspavientos en las victorias ni cabezas gachas en las derrotas, sólo un estrechón cordial de manos y el rito repetido, en el cual el vencedor es quien entrega el reloj al juez principal y declara su triunfo, para luego ir a registrar los acertados movimientos en el computador.


Uno de los derrotados es Juan Sebastián Herrera, un ajedrecista profesional de 25 años, quien esta vez debe asumir la pérdida de un juego en el que puso sus mejores armas y batalló con sus recursos, pero no fue suficiente.


Acaba de sufrir su segunda derrota en el torneo; los días anteriores sumó tres victorias, un empate y otra caída.


Esta última duró más de tres horas. Juan Sebastián termina pensativo y trata de descansar sus ojos viendo las partidas vecinas que aún persisten. Después de tantos años de practicar el ajedrez competitivo (y enseñarlo, porque también es profesor) , sabe que no hay una fórmula que facilite el duelo o impacto de una derrota. 


“Asumir una derrota en competencia no es algo que se pueda enseñar. Se aprende con el tiempo y en la medida que adquieres experiencia en los campeonatos. La derrota es algo que cada quien debe vivir en la zona de juego”, dice el ajedrecista. A quien la experiencia le ha hecho entender que después de una partida, sea cual sea el resultado, sólo hay una cosa por hacer.


“El duelo por una derrota depende; si fue porque el otro jugó muy bien o por un error tuyo, esas dos condiciones influyen completamente en el estado sicológico tuyo después del juego. Lo que no cambia es la obligación de trabajar, pues debes tener una mejor aptitud contra rivales con las mismas características y que no vuelvan a hacerte las mismas. Pasa lo mismo que si fue por error tuyo. Igual siempre tienes que prepararte más”, dice el joven deportista.


Más tarde volverá al tablero a enfrentar otro rival en el torneo. Pero antes tendrá algunas horas en las cuales Sebastián se obliga a olvidarse del ajedrez para poder despejar su cabeza para su próximo juego.


Lo que sí sabe él y todos los que van acabando sus partidas, es que de cierta forma, los posteriores juegos que enfrenten serán continuaciones de todos los anteriores, pues el ajedrez es un único gran aprendizaje en busca siempre de la partida perfecta. Que nunca llega, pero que se acerca con cada juego. 


Al mediodía, el Parque del Ajedrez se va quedando vacío; casi todas las partidas han finalizado y aún persisten unas pocas. Los jugadores disponen las piezas a su posición inicial antes de marcharse. Los tableros vuelven a su quietud. Es el rito final y a la vez inicial, pues siempre habrá un próximo juego.