Columnistas

La ciudadanía que la paz necesita
14 de Octubre de 2016


Mucho se ha dicho intentando explicar lo ocurrido el 2 de octubre con el “triunfo del NO”

Natalia Linares Valderrama


Mucho se ha dicho intentando explicar lo ocurrido el 2 de octubre con el “triunfo del NO” en el plebiscito que buscaba refrendar los acuerdos construidos en la Habana buscando “el fin del conflicto armado y la construcción de una paz estable y duradera”, y al respecto se ha cuestionado fuertemente al sector educativo.


Ante la altísima abstención de votantes, unos hablan de nuestra falta de educación política y otros dicen que padecemos de “analfabetismo democrático”, que somos poco conscientes del poder que tenemos como ciudadanos y de nuestra responsabilidad en la toma de decisiones que nos afectan como colectivo. Otros manifiestan su preocupación porque miles de personas que votaron por el NO lo hicieron influenciadas por el temor a la mal llamada “ideología de género” o el “castrochavismo”, quedando en evidencia los bajos índices de lectura y de pensamiento crítico que hay en el país -asunto ya conocido gracias a los resultados de las pruebas Saber y Pisa.


Si bien comparto esas interpretaciones, quiero hacer énfasis en otras capacidades requeridas para la construcción de paz. En 2003, consciente de la necesidad que tenía el país de avanzar en la formación para el ejercicio de los derechos humanos, el MEN publicó los “Estándares básicos de competencias ciudadanas”, en cuyo diseño y difusión participaron profesionales de diferentes disciplinas, maestros/as de universidades y escuelas públicas de todo el país. 


Dichos estándares comprenden la ciudadanía como la capacidad de cada individuo para reconocer y respetar la dignidad de todas las personas y en esa medida participar activamente en acciones que garanticen la igualdad de derechos para todos. Esta capacidad no es innata, sino que puede desarrollarse en la familia, el barrio y, por supuesto, en la escuela. En palabras de Antanas Mockus: “el núcleo central para ser ciudadano es pensar en el otro. Se basa en tener claro que siempre hay un otro, no sólo el que está cerca (…) sino también considerar al otro más remoto, al ser humano aparentemente más lejano -al desconocido-, por ejemplo, o a quien hará parte de las futuras generaciones”.


Las competencias ciudadanas representan las habilidades y los conocimientos necesarios para construir convivencia, participar democráticamente y valorar el pluralismo. La apuesta implicaba que se abordaran en todos los grados de manera transversal, es decir desde todas las áreas del conocimiento, y no desde una cátedra específica o desde acciones aisladas –como las convivencias o izadas de bandera-.  


Cito ejemplos de algunas competencias ciudadanas:


Grados 1º a 3º: “Identifico cómo me siento yo o las personas cercanas cuando no recibimos buen trato y expreso empatía, es decir, sentimientos parecidos o compatibles con los de otros (Ej: Estoy triste porque a Juan le pegaron.)” 


Grados 4º a 5º: “Identifico algunas formas de discriminación en mi escuela (por género, religión, etnia, edad, cultura, aspectos económicos o sociales, capacidades o limitaciones individuales) y colaboro con acciones, normas o acuerdos para evitarlas”.


Grados 8º a 9º: “Identifico y supero emociones, como el resentimiento y el odio, para poder perdonar y reconciliarme con quienes he tenido conflictos”.


Volviendo a los resultados del plebiscito, el hecho de que muchas personas hubieran votado NO, motivadas por emociones como la rabia y sentimientos como el rencor hacia las Farc -sin que en esta decisión hubiera primado la consideración de las víctimas-, me hace pensar en la urgencia de que en este país se retome seriamente el trabajo en competencias ciudadanas. Necesitamos que los niños/as y jóvenes cuenten con oportunidades reales para desarrollar su capacidad de empatía, la compasión, el reconocimiento del otro y la consideración del sufrimiento ajeno.


Sólo con una apuesta clara desde todas las entidades educativas del Estado a nivel nacional, regional y local, podremos pensar en un país en el que sea posible la reconciliación y que, como dijo María Emma Wills, Directora del Centro Nacional de Memoria Histórica, “no estemos condenados a cien años más de soledad, sino que podamos transformar las aulas para que florezca la vida”.


* Gerente del proyecto Comunidades de Aprendizaje en la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.