Palabra y obra

Do Medellin’s museums need oversight? (I)
¿Necesitan los museos de Medellín una Veeduría? (I)
14 de Octubre de 2016


El artista, curador, crítico y gestor cultural, exdirector del Centro Cultural del BID en Washington, Félix Ángel, reflexiona sobre diferentes procesos de los museos locales.



El telón Decoración de interiores, una serigrafía sobre tela, de Beatriz González, junto a las obras que presentó en la Bienal de Berlín, recientemente. 

Félix Ángel


Artista y curador


Washington ( EE.UU.)


Quienes estamos comprometidos con las artes quisiéramos que los museos de Medellín fuesen los mejores del país, y su nivel reconocido fuera como instituciones profesionales a la altura de las más exigentes. Nadie en la ciudad desea -al menos eso creo- que los museos de Medellín sean mediocres.  “Los museos son la herencia de la cultura: su memoria y su esperanza, verlos, vigilarlos, es cuidar nuestro horizonte como sociedad, que siempre es posible, así nos parezca difícil”, dice una buena amiga mía, y yo estoy completamente de acuerdo.


La realidad, sin embargo, es que nuestros museos no funcionan como deberían ni obtienen resultados en proporción a la inversión pública y privada  que en ellos se hace. El reciente informe del  Mamm deja mucho que desear, y la solución no está en decir que falta mucho por hacer, que  queremos hacer más y vamos a trabajar para ello, y luego volver a la rutina como si nada.


Todo proyecto público que esté gastando dineros del fisco, incluyendo los museos, debe ser controlado por veedurías, máxime cuando los resultados no son los óptimos (hay algunos mejores que otros), y denotan falencias crónicas que afectan el progreso, la misión de preservar, educar y promover su patrimonio entre todos los miembros del conglomerado social, el dinamismo de las artes locales en sus diversas manifestaciones  (innovación artística, cultivo de audiencias, aprecio del coleccionismo),  etc.


Esta obra de Félix Ángel, que retrata a Cochise Rodríguez, fue regalada por el pintor al Mamm y hoy hace parte de la exposición Año cero. 


Es muy fácil justificar la existencia  de un museo y la burocracia que genera con una programación mediana o insignificante, escudándose en estadísticas que no corresponden exactamente con actividades intrínsecamente ligadas a la misión que deben desarrollar. Por supuesto, nadie está en contra de operaciones complementarias que amplían el alcance de los proyectos y magnifican el “outreach”.


En el caso de los museos de Medellín, como en otras organizaciones, por ejemplo un hospital, la veeduría debe ir más allá de confrontar cifras. Me refiero a una veeduría que examine el rigor y la seriedad de las actividades, los niveles de profesionalismo que estos tienen o carecen, y la visión del liderazgo para ver si todo el dinero empleado en el funcionamiento de la institución se está utilizando efectivamente.  No es un asunto de contabilizar un número determinado de exposiciones, hacer con ellas relaciones públicas en otros lados donde no hay forma de corroborar si la narrativa difiere del verdadero o ningún impacto en la audiencia a la que están dirigidas (como tantos premios que ha recibido la ciudad de Medellín),  o nivelar los ingresos con los gastos, sino examinar el nivel  de excelencia con que el museo manifiesta su condición para poder entrar en una discusión de cierto nivel.


Nuestros museos están acostumbrados a funcionar sin escrutinio sobre la calidad de lo que presentan. Los artistas, historiadores,  museólogos, periodistas culturales, tanto graduado en la ciudad en disciplinas relacionadas, no se manifiestan proactivamente ni cuestionan el accionar de los museos, para bien o mal.  La audiencia a la que pertenecen debería  demostrar con madurez cierto grado de liderazgo pero no exigen, y por lo tanto el resto no se siente comprometido a responder de una forma u otra. Similares estadísticas indican que Colombia es un país de mayoría indiferente, y le da lo mismo un “sí” que un “no”.  


Un buen ejemplo es la reciente muestra del Mamm atractivamente titulada Año cero. El boletín informativo la describe como “Los orígenes de la colección Mamm”, “una exposición de la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Medellín que reúne las obras que de manera simbólica, le dieron vida”. Hasta aquí el título de la exposición resulta consecuente  y la descripción estimulante.  El problema es que en la misma comunicación, a continuación, el boletín incluye una contradicción que destruye la premisa  curatorial dando a entender que se ha organizado  “sin ser estrictos en cuanto al período en que fueron realizadas las obras (…)” 


Es decir, la muestra es una aglomeración colectiva de artistas, incluyendo varios nombres que no tienen nada que ver con las circunstancias que generaron la creación misma del Museo o el origen de la colección, con obras que por ser realizadas hace poco descontextualizan lo que pudo ser una examinación rigurosa, un ejercicio para convocar audiencias que vivieron ese momento, y, de paso, envolver los más jóvenes en una discusión iluminadora.  No es mucho pedir que  la muestra viniese con una memoria de la investigación –si es que se hizo- y a todas luces se nota que no hubo ninguna. Es una lista de artistas -entre ellos algunos “muy queridos” como para dejarlos por fuera- aunque no tengan nada que ver con el tema.  


Definitivamente, se hace necesario establecer una veeduría de nuestros museos más allá de lo financiero, y esa veeduría le corresponde al gremio mismo. Es fastidioso comprobar que cuarenta años no han enseñado nada, ni establecido niveles de rigor historiográfico, museográfico, crítico y artístico. Año cero es  otro intento fallido a nivel  institucional para justificar la existencia de lo inexistente, presentado con la pretensión de ser  testigo de una transformación que no se sabe exactamente en qué consistió.


Gracias por el amarillo. Gracias por el esfuerzo. No es suficiente.  Hay que tratar con más ganas. Los artistas y el público antioqueños merecen algo mejor pensado, más serio. Si Año cero fue el origen de la colección y existencia del Mamm, en la forma como se ofrece al público es un cero a la izquierda.