Columnistas

Gracias, doctor Jorge Arango Mejía
Autor: Rubén Darío Barrientos
13 de Octubre de 2016


Me compungió sobremanera e icé la bandera a media asta, tras la postrera columna del doctor Jorge Arango Mejía del 9 de octubre último, en donde al periódico EL MUNDO y a la Crónica del Quindío les decía adiós a sus páginas de opinión,

Me compungió sobremanera e icé la bandera a media asta, tras la postrera columna del doctor Jorge Arango Mejía del 9 de octubre último, en donde al periódico EL MUNDO y a la Crónica del Quindío les decía adiós a sus páginas de opinión, al decidir libremente no proseguir con el envío y publicación de sus artículos dominicales. Su frase medular fue esta: “Lo que he escrito, se lo ha llevado el viento”. Y el epitafio fue: “Todo llega a un final”.


Tenía que existir gran desazón en este prohombre nacido en Armenia (Quindío), con ochenta años cumplidos, porque lanzó en su columna final esta otra sentencia: “No encuentro una razón para persistir en una actitud infructuosa, que a nada conduce”. Y es cierto que cuando se quiere cambiar el mundo desde una columna, aparece una roca que colisiona el espíritu. Escribir en un diario, exteriorizando la opinión, es un arrojado privilegio pero también es una quijotada que hay que saberla entender como el afán por entregar puntos de vista, sin esperar que la otra vertiente ceda a su paso.


Habrá gran orfandad desde este domingo en EL MUNDO y en La Crónica del Quindío, habida cuenta de que Arango Mejía, rebosante de claridad, de argumentos, de simpleza efectiva y de hondura reflexiva y valerosa, nos acostumbró a sus sesudas columnas, llenas del embrujo de la agradabilidad. Es que el jurista quindiano, es dueño de una fortachona valentía y de una vasta cultura, que han acompañado el ejercicio del Derecho en su vida.


Abogado de la Universidad Externado de Colombia, tuvo el honor de ser alcalde de Armenia y gobernador del Quindío. Y como si fuera poco ese orgullo, fue embajador y alcanzó el pináculo jurídico de ser magistrado por siete años y presidente de la Corte Constitucional. La anécdota, que no falta, indica que por apenas un pelito –noventa votos– perdió un escaño en el senado en 1978. Y con tenacidad lo intentó nuevamente, pero ya la escaramuza electoral hizo que le faltaran 6.000 votos. Ahí declinó seguir en esa brega.


Gran orador, lector incansable de periódicos y amante del sancocho y los fríjoles, es padre de un abogado, un odontólogo y un publicista. Está casado con María Lucía Isaza Londoño y sus bisabuelos figuran entre los fundadores de Manizales. Sus artículos en EL MUNDO, siempre tuvieron el interés del tema de actualidad y el escalpelo para cortar lo mediocre, lo ruin y lo indeseable. Combatió siempre la corrupción, la mentira y la traición a los principios, en donde la actual justicia colombiana salió mal librado de su pluma, al tildarla sin temores de venal, politizada y discriminatoria.


Fue magistrado ponente de celebérrimas sentencias (entre 1992 y 1995) sobre las temáticas de injuria, calumnia y medios de comunicación. Recientemente, hace apenas tres meses, presentó queja disciplinaria en la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes, en contra del magistrado Luis Ernesto Vargas Silva por filtración de la ponencia del plebiscito por la paz. También en alguna oportunidad, fue defensor de Vivian Morales en un proceso ruidoso.


Esculpió una pieza gigante vuelta crónica monumental (21 de mayo de 2011), precisamente en EL MUNDO, sobre la profesión de abogado, que recomiendo sea buscada por quienes hemos elegido esta carrera profesional y ejercemos este noble oficio, tan desacreditado por estas calendas. La pueden buscar en google, desde luego. Su desánimo nos cogió de sorpresa, porque en materia del plebiscito estuvo bastante activo con su opinómetro y nadie presagiaba que el desfallecimiento lo iba a derrotar anímicamente.


A este gran maestro, como devoto lector suyo y como admirador de su péndola y de su juicioso magín, le digo: MUCHAS GRACIAS por habernos compartido su sapiencia y por entregarnos su erudición incalculable. Larga vida, doctor Arango Mejía.