Columnistas

Fechas importantes
Autor: Pedro Juan González Carvajal
11 de Octubre de 2016


Dentro del calendario histórico de Colombia como República, hay muchos acontecimientos que han marcado nuestro trasegar, entre los cuales me atrevo a rescatar los siguientes: 20 de julio de 1810, cuando se inicia el largo proceso de Independencia.

Dentro del calendario histórico de Colombia como República, hay muchos acontecimientos que han marcado nuestro trasegar, entre los cuales me atrevo a rescatar los siguientes: 20 de julio de 1810, cuando se inicia el largo proceso de Independencia. 7 de agosto de 1819, fecha de la victoria militar en el Puente de Boyacá, ratificada el 12 de febrero de 1820, cuando se derrotó definitivamente al ejército español en Chorros Blancos. 10 de mayo de 1957, caída de la dictadura militar, acompañada del plebiscito del primero de diciembre de 1957, donde se le reconoce ciudadanía a la mujer colombiana. 26 de septiembre de 2016, firma del acuerdo de Paz con las Farc, no refrendada mediante el plebiscito celebrado el 2 de octubre del mismo año.


Cada una de esas fechas parte en dos la historia de un país que a partir de una independencia no buscada en sus inicios, se sumergió en el maremágnum de los debates y las luchas por el tipo de modelo de organización política a implementar, a la luz de las figuras del centralismo y del federalismo. La postura excluyente de la Constitución de 1886, llevó a que movimientos que enarbolaran ideas diferentes a las defendidas por los partidos constitucionalmente aceptados, el liberal y el conservador, fueran estigmatizados y perseguidos, produciendo los conflictos propios de la violencia partidista y posteriormente, de la aparición de la guerrilla como enemigo del Estado.


Dice Hernando Valencia Villa en su excelente texto Cartas de batalla, que en Colombia hemos empleado la promulgación de Constituciones nuevas, como figura de armisticio, donde por un período de tiempo se aplacan los ánimos sin resolver los problemas que originaron los conflictos previos, para luego integrarse a un ciclo histórico nefasto, qué como noria, nos ha traído hasta nuestra realidad actual.


Un poco más de 60 conflictos armados en casi doscientos años de historia republicana, nos muestran como un pueblo violento y proclive a vivir en medio del desacuerdo y del conflicto.


Una estructura socio política débil, donde el papel de la iglesia como amalgamador social se ha venido diluyendo y venido a menos, y donde no se ha encontrado reemplazo a otra figura que permita cierto nivel de integración, en medio de nuestra multiculturalidad y diversidad.


Un país tradicionalmente fragmentado, dividido y muchas veces polarizado, donde la inclusión y la integración territorial, social y política, ha sido hasta la fecha, una quimera, problemática mayormente alimentada por intereses particulares, que en nada tienen en cuenta los altos intereses de la nación (si es que ella existe).


La oportunidad que se nos presenta, no puede ser desaprovechada. No nos puede quedar grande la grandeza. Si no desarmamos los espíritus y hacemos un gran esfuerzo patriótico, si no comprometemos nuestras voluntades, nuestros esfuerzos y nuestros recursos por construir el país nuevo que muchas veces ni nos atrevemos a imaginar, y mucho menos a soñar, no tendremos derecho a presentarnos como generación civilizada, ni ante los ojos de nuestros hijos, ni ante la mirada expectante de la comunidad planetaria, que de alguna manera observa con esperanza, pero con prevención, como es apenas natural, lo que seamos capaces de lograr, teniendo en cuenta nuestros 


antecedentes.


El resultado del pasado domingo nos invita y nos reta a plantear la posibilidad y la exigencia de construir una verdadera democracia, donde la mezquindad, la venganza o el oportunismo político no deben tener cabida y deben ser rechazadas con toda la fuerza de nuestro espíritu. 


De nada sirven los retrovisores, de nada sirven las críticas, de nada sirve la negatividad: amanece un nuevo día, y con éste, nuestro compromiso con un futuro en paz.


NOTA: Medellín necesita de un adecuado escenario para espectáculos públicos.