Editorial

Mitad reconocimiento, mitad voto de confianza
8 de Octubre de 2016


El premio también es, como bien lo explicó la vocera y presidente del Comité Noruego, “un espaldarazo a todas las partes que ahora deben dar lo máximo para lograr un Acuerdo que sí sea aceptado por el pueblo colombiano”.

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El Premio Nobel de Paz al doctor Juan Manuel Santos exalta su iniciativa y empeño por buscar el fin del conflicto armado con las Farc. Nos sumamos a la satisfacción de quien, como dijimos el miércoles, ha dedicado “paciencia, inteligencia, esfuerzos y recursos a la búsqueda de la paz y la reconciliación”. El premio también es, como bien lo explicó la vocera y presidente del Comité Noruego, “un espaldarazo a todas las partes que ahora deben dar lo máximo para lograr un Acuerdo que sí sea aceptado por el pueblo colombiano”. El reconocimiento también es para  ese pueblo colombiano, porque “a pesar de grandes dificultades y abusos, no ha perdido la esperanza en una paz justa”; a quienes han aportado a un proceso producto de décadas de resistencia que facilitaron que las Farc pasaran de contraparte del conflicto armado, con 30.000 efectivos y control sobre territorios, a facción criminal, con 5.700 miembros y presencia en parcelas de economía ilegal. De manera especial, y muy merecida, el galardón ofrece “tributo, no menos importante, a incontables víctimas” de homicidio, minas antipersonal, reclutamiento forzado, desplazamiento, secuestro y desaparición forzada, durante 52 años de ataques sistemáticos de grupos al margen de la ley, no contrapartes de una guerra civil, como sí lo es la de Siria. 


Los aplausos al presidente por voceros nacionales y la comunidad internacional invitan a reforzar el empeño por un acuerdo de paz estable y duradera. Al doctor Santos le piden redoblada paciencia con las Farc y respeto para la mayoría que desaprobó el Acuerdo Final, validada por el Comité Noruego, que presentó el premio como “esperanza de que todas las partes serán responsables y van a participar de manera constructiva en la negociación que se anuncia”. Pero los llamados del Comité al reconocimiento de la mayoría, no fueron entendidos por los negociadores de las Farc y el Gobierno. Con tono de revancha de minorías, el Comunicado No. 2 reitera que el Acuerdo “contiene las reformas y medidas necesarias para sentar las bases de la paz y garantizar el fin del conflicto armado”, pero admite como “conveniente que sigamos escuchando, en un proceso rápido y eficaz, a los diferentes sectores de la sociedad, para entender sus preocupaciones y definir prontamente una salida por los caminos señalados en la Sentencia de la Corte Constitucional C-376 de 2016” (subraya nuestra). Si un grupo minoritario tuvo cuatro años para exigir un país a su medida, ¿cómo explica el Gobierno su exigencia a la mayoría, diversa, para que acepte una renegociación reducida y rápida?,¿cuál legitimidad democrática tienen para imponer condiciones? Y, más grave aún, ¿con qué criterio abusan de la Sentencia 376/16, para presionar a los personeros del constituyente primario? Es lamentable el flagrante desconocimiento de una sentencia que explica que la decisión del plebiscito “tiene un carácter vinculante, en términos de mandato político del pueblo soberano”. Si los actuales negociadores se confiesan incapaces de representar, ya no al Gobierno, sino a los colombianos e insisten en otorgar a las Farc inexplicable paridad con el pueblo soberano deben permitir su relevo por ciudadanos que reconozcan y asuman la seriedad, independencia y valentía del pronunciamiento del domingo.


No contentos con pretender definir límites para la voluntad popular, intentan burlarla mediante artimañas jurídicas que tergiversan la Sentencia 376, indicando que el Congreso o la Corte Constitucional podrían revivir el Acuerdo Final, pues el obligado por los resultados del domingo sólo sería el presidente. Por otra parte, algunos, igualmente cínicos, pretenden revivir el Acuerdo mediante nueva convocatoria al pueblo. Tan insólita pretensión, con aire de dictadura, sólo será admisible previas modificaciones a los acuerdos en los puntos generadores del mayor desacuerdo y mediante convocatoria a referendo, que no plebiscito, a fin de que la ciudadanía se pronuncie sobre cada uno de los apartes de la norma y por aparte sobre la entrada en vigencia del Acto legislativo para la Paz, la reforma constitucional de marca mayor que no se pudo poner en marcha, por la victoria del “no”.  Ese, que es el verdadero efecto jurídico esperado con las votaciones del domingo, es el orangután que no han podido o querido ver los colombianos.  Por eso el Acuerdo no es todavía norma constitucional y sin esa Reforma las Farc no podrán suplantar las instituciones y el debate democrático por una Comisión ad-hoc responsable de producir, o evaluar, las normas que el Legislativo debe aprobar, sin modificar, y el Tribunal incorporar al orden institucional, sin calificarlas.




Comentarios
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salomon
2016/10/09 08:28:23 pm
Yo vote por el No, con conocimiento, nadie me dijo mentiras, todo lo leí en los acuerdos, como es que esta clase de congresistas corruptos vendidos por mermelada, algunos traidores, solo porque se les mantenga las entidades y empresas del Estado, hicieron campaña por el si, para seguir secuestrando los servicios del país, y seguir llenando de dinero , ahora nos dicen que el país que gano o voto por el No fuimos engañados, no señores, si este gobierno no hubiese obligado y presionado a los gobernadores y alcaldes, y comprado nuevamente a la corruptela de los partidos tradicionales, el NO hubiese pasado de diez millones de votos, felicitaciones a os este Editorial, que al menos dice con objetividad la significación de el voto del 2 de octubre