Columnistas

¿Y?
Autor: Álvaro González Uribe
8 de Octubre de 2016


Desde el punto de vista de las reglas aritméticas de la democracia ganó el No y perdió el Sí. Sin embargo, los resultados del plebiscito nos muestran en lenguaje electoral algo más profundo que tampoco es nuevo: fue Colombia la que perdió.

Desde el punto de vista de las reglas aritméticas de la democracia ganó el No y perdió el Sí. Sin embargo, los resultados del plebiscito nos muestran en lenguaje electoral algo más profundo que tampoco es nuevo: fue Colombia la que perdió y viene perdiendo desde hace mucho tiempo.


No trato de desconocer los resultados electorales del plebiscito porque así funciona la democracia: se gana incluso con un solo voto, pero en este caso no me parecen adecuados los términos ganar o perder debido al sentimiento y al concepto que generan en las partes contendoras y en general en todo el país y el mundo. Ello cobra más vigencia ante el inmenso interrogante con que amaneció el país entero el lunes pasado.


Es que ganar o perder son verbos muy simples para un fenómeno tan complejo como el que vive Colombia desde hace tantos años. El plebiscito era un momento clave, lo fue. Pero era un paso más entre tantos para desenrollar este enredijo histórico de país.


Yo estaba con el Sí, voté Sí, y lo volvería a hacer. Así pienso. Pero resulta que no es lo que yo piense, tampoco lo que piensen quienes votaron No, y menos quienes no votaron pudiendo hacerlo. Incluso, no puede decirse que el plebiscito haya sido un medidor fiel de lo que piensa Colombia sobre la pregunta que se hizo.


Estoy seguro de que si el plebiscito se hiciera hoy el resultado sería distinto, quizá a favor del Sí, quizá con mayor ventaja para el No, pero de todas maneras ventaja precaria en ambos casos. Esa es la democracia cuando se expresa en momentos electorales. La palabra clave es “momentos”, momentos influidos por miles de razones cambiantes en cortos lapsos, incluyendo el clima.


Lo importante es que sí se pudo medir o, mejor, percibir de manera más formal una realidad nacional: la división profunda del país que incluso va mucho más allá de aprobar o no unos acuerdos con una guerrilla. Un voto no es una expresión seca y neta de una idea, es la expresión de muchas ideas, creencias, sensaciones y circunstancias, y siempre está “contaminado” de otros elementos ajenos a la decisión electoral. Sin embargo, es la única manera de avanzar, o movernos, porque cuando se vota nos podemos mover hacia los lados o hacia atrás.


Diseccionando motivaciones del No y del Sí, tomo en otro sentido un pedazo de una canción de Silvio Rodríguez: nuestros actos son “un amasijo hecho de cuerdas y tendones, un revoltijo de carne con madera”, una mezcla de razones y pasiones. Es la complejidad de la mente humana en un país de por sí complejo y no resuelto aún como nación: Colombia.


¿Qué sigue? No recuerdo una encrucijada tan incierta para Colombia. Hemos tenido momentos muy difíciles, pero no tan complejos: con tantos actores, con tantas posiciones, con tanto qué jugarnos, con tanto qué perder, con tanto qué ganar. Ideal un curso de lectura rápida de país, tanto para los dirigentes como para los ciudadanos.


Esta es Colombia, aquí nacimos, aquí vivimos y aquí tenemos que seguir luchando por nuestros principios. En este momento mis sentimientos me dicen que los dirigentes tradicionales le quedan pequeños a Colombia. ¿O será que eso es lo que da la tierra? Bueno, son los que hoy tenemos y quienes nos deben sacar de este atolladero.


Pero cabeza fría. Si hay -como parece haber hoy- voluntad de las tres partes, el camino a seguir es trabajar rápido y al tiempo en dos frentes: Primero, destrabar lo jurídico, y segundo, llegar a acuerdos sobre contenidos. No es fácil (la paz no es fácil) pero no hay otra salida hoy. Nada está perdido hasta que todo esté perdido y siempre queda la esperanza.


Queda la esperanza en la grandeza de los dirigentes de las tres partes deponiendo vanidades y ambiciones de poder, entendiendo que más tarde el pueblo en las urnas los premiará o los castigará según sus actuaciones de hoy. Las multitudinarias marchas en todo el país muestran a las claras a quiénes favorecerá el pueblo colombiano. Una de las ganancias de este doloroso pero también esperanzador trance ha sido que la ciudadanía ha cambiado y tiene el microscopio puesto sobre los políticos.


Aldaba: Y no nos equivoquemos. No es incoherencia cambiar de actitud si cambian las circunstancias mientras no se modifiquen los principios que rigen el obrar de las personas.