Columnistas

La niñez del campo
Autor: Manuel Manrique Castro
5 de Octubre de 2016


Pasado el plebiscito del último domingo entramos a una delicada etapa que el país deberá encarar con la mayor madurez posible, porque además de la nueva realidad planteada por el resultado democrático de la consulta,

Pasado el plebiscito del último domingo entramos a una delicada etapa que el país deberá encarar con la mayor madurez posible, porque además de la nueva realidad planteada por el resultado democrático de la consulta, está el telón de fondo de la delicada situación fiscal cuya solución urge. 


Sin embargo, a lo largo de los últimos meses el silencio de las armas y la tranquilidad relativa producto de la negociación en Cuba se hizo sentir en el país y en particular en el ámbito rural donde el enfrentamiento con las Farc produjo el mayor número de víctimas, con saña especial en los más jóvenes. 


Pero ese sólo silencio, aunque bienvenido, no es suficiente porque el campo clama por una nueva, comprometida e integral presencia del Estado, capaz de promover el salto positivo que los niños y las familias del ámbito rural reclaman y esperan hace muchos años.  


De las más de 7’500.000 víctimas del conflicto armado, el 84% fueron familias forzadas a escapar casi con lo que tenían encima y condenadas a empobrecerse aún más de lo que estaban en el campo, si lograban acomodarse en las periferias de las principales ciudades del país.  Las minorías indígenas y afrodescendientes de las zonas rurales aportaron el mayor número de víctimas causadas principalmente por las Farc. Colombia ocupa el nada honroso el tercer lugar con población desplazada en el mundo, luego de Siria y Somalia. 


En cada caso se trataba de un terremoto familiar del que difícilmente podían reponerse. Huir era la solución aparente pero el destino, a su vez, una nueva realidad de penuria constante para padres e hijos y con mayor dureza para estos últimos, porque 30 de cada 100 desplazados eran menores de edad cuyos años futuros quedaban profundamente comprometidos.  Más aún, de cada 100 niños un tercio estaba en sus seis primeros años de vida y 42% entre 7 y 12 años de edad. 


Desde luego que al desplazamiento hay que agregarle la larga lista de atropellos directos cometidos contra la niñez del campo sea por reclutamiento, accidentes por minas antipersona, abuso y explotación sexual, o la zozobra de la vida en regiones siempre a la vera de un ataque armado. 


Tan grave como lo anterior es el impacto del desplazamiento en las mujeres. Una publicación de la ONG Plan recuerda un estudio realizado por Profamilia y Usaid el año 2011 con 2.072 mujeres según el cual del total de las víctimas de desplazamiento “37% habían sido víctimas del desplazamiento por el conflicto armado, y las más afectadas eran las mujeres de la zona Central y la Costa Caribe. En la muestra estudiada cuatro de cada cinco mujeres habían vivido en más de un sitio en los últimos cinco años; tres de cada cinco provienen de zonas rurales y el 27% de ellas se abstiene de denunciar el desplazamiento” conscientes seguramente del estigma que cargan quienes llegan a las zonas urbanas expulsadas por la violencia. 


El primer Acuerdo con las Farc concertado bajo el interés de promover “la transformación integral del campo” es necesario, pero insuficiente.  Su contenido debe hacer parte de una política pública integral de estadoporque sólo así podrá dar cuenta de la multiplicidad de desafíos que implica. Aunque va más allá del reto agrario, falta también que el estado emprenda con firmeza, acierto y al lado de la población, la tarea de atacar a ese monstruo de tantas cabezas que es el narcotráfico. 


Independientemente del resultado del plebiscito, sigue siendo urgente que el Estado y la sociedad le cumplan, sin demora, a la niñez del campo. Se necesita hacer de la construcción de cultura de convivencia ciudadana, la erradicación de la pobreza y la multiplicación de la oferta social y económica, especialmente de la educación pertinente y de calidad, las nuevas armas capaces de llevarles justicia a quienes más sufrieron durante las largas décadas de conflicto armado.