Columnistas

La reforma rural integral es la verdadera aplanadora
Autor: Carlos Arturo Soto Lombana
4 de Octubre de 2016


Los esfuerzos de los distintos gobiernos nacional, departamentales y municipales para ubicar a la educaci髇 como prioridad y camino para superar las desigualdades no han logrado su prop髎ito,

Los esfuerzos de los distintos gobiernos nacional, departamentales y municipales para ubicar a la educación como prioridad y camino para superar las desigualdades no han logrado su propósito, en la medida que los distintos programas y proyectos no han logrado atacar los factores prevalecientes, de pobreza e inequidad presentes a lo largo y ancho de Colombia, que inciden de manera drástica en la calidad de la educación y en las posibilidades de ascenso social, cultural y económico de la población. Dentro de las analogías que se han utilizado para explicar lo que ocurre en Colombia en el plano de la inequidad se ha utilizado la figura del campo de fútbol inclinado: en la parte superior del campo de fútbol se ubica quienes han gozado de las oportunidades mientras en la cancha de abajo se encuentran las personas que están en la pobreza; quienes están arriba del campo hacen pocos esfuerzos para llevar la pelota a la cancha de abajo, caso contrario a lo que le ocurre a quienes se ubica en la parte inferior de la cancha para meter un gol. En la analogía de la cancha de fútbol con pendiente, se ha puesto la educación como la aplanadora que logra acabar con la pendiente y/o nivelar el campo de futbol.


Como se menciona en el informe de investigación denominado “Separados y Desiguales”, del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (Dejusticia) publicado en el año de 2013 se concluye: “el sistema educativo separa a las personas por razones de clase, pues, en términos generales, los ricos estudian con los ricos en colegios privados, y los pobres con los pobres en colegios públicos: el 93% de los estudiantes de estrato 1 asisten a colegios públicos, mientras que el 98% de los estudiantes de estrato 6 asisten a colegios privados. En segundo lugar, los estudiantes no solo están separados, sino que tienen acceso a una educación desigual: mientras que un estudiante promedio de estrato 1 que asiste a un colegio público obtiene un puntaje de 43,14, un estudiante promedio de estrato 6 que asiste a un colegio privado obtiene un puntaje de 60,45.”


Quienes insisten en que es la educación la aplanadora que logrará acabar con la pendiente y nivelar el campo de fútbol les hace falta profundizar la naturaleza de las desigualdades que existen en Colombia, que va más allá de lo que sucede en el plano académico y en la acción de los docentes en las aulas de clase. Tener docentes mejor preparados, con programas y proyectos educativos de alta calidad, con sistemas de reconocimiento social y salarial equiparables a los ofrecidos en países que tienen los mejores indicadores en educación (lo que no se sucede aún en Colombia), no asegura que las diferencias en la pendiente presente en la cancha de fútbol se acaben o al menos se suavicen.


El Acuerdo entre el Gobierno de Colombia y las Farc, por lo menos en el capítulo primero, sobre “reforma rural integral”, representaba una posibilidad de contar con una aplanadora con instrumentos, recursos y sobre todo voluntad política para afrontar el principal problema que tiene el país: la inequidad presente en el contexto rural y en la periferia de las grandes ciudades. 


Como educador me alegra que se considere que la educación es el camino para conseguir la equidad y superar los desbalances en los órdenes social, económico y cultural, pero los factores prevalecientes de pobreza, falta de oportunidades y violencia que tiene Colombia realmente son los determinantes que definen en que parte de la cancha nos ubicamos. 


(*) Profesor Universidad de Antioquia