Columnistas

Plebiscito: ¿buscaremos la paz o continuaremos la guerra?
Autor: Alejandro Garcia Gomez
1 de Octubre de 2016


Nací en un año en que la llamada Violencia (conservadora-liberal) había afectado, hacía poco, a mi padre y, por ahí derecho, a mi familia.

Nací en un año en que la llamada Violencia (conservadora-liberal) había afectado, hacía poco, a mi padre y, por ahí derecho, a mi familia. Este domingo 2 de octubre, cada colombiano va a ser responsable, querámoslo o no, de algo que nos refugiará o nos aplastará a todos: el comienzo institucional de la búsqueda de la paz o la continuación, también institucional, de la guerra; de otra, que viene desde la misma. Y quiero subrayar, para quienes buscamos la paz aquí y ahora, que con nuestro voto por el SÍ, no queda hecho todo; es apenas el arranque de un inicio, y como todos los grandes comienzos, muy difícil.


Los promotores del NO, se curan en salud, “por un por si’a…”. Álvaro Uribe, su líder, dice que él sí está por la paz, pero con otras condiciones. Yo no habría firmado esto, ha declarado a los medios. Olvida que su primera ley, de “Alternatividad penal”, para los paramilitares, debió reemplazarla por la de “Justicia y paz”, debido al repudio nacional e internacional que causó. Y que aun a ésta, la Corte Constitucional le puso tales reparos que también debieron modificarla. Esas transformaciones a la Ley de Justicia y paz, más la incautación del computador de álias don Antonio, más las denuncias de crímenes que formuló Rafael García, Jefe de informática del DAS, contra esa institución donde trabajaba entonces, destaparon y prendieron el ventilador de la parapolítica. 


Uribe acaba de declarar que su entonces Mindefensa JM Santos se opuso a muchas acciones contra las Farc, entre las que nombró Operación Jaque y la que dio de baja a Raúl Reyes en territorio ecuatoriano (Blu radio, 29.IX.16) . Lo que uno no entiende es cómo, a pesar de esto, a pesar de que no se movía una hoja sin su conocimiento y su consentimiento, a pesar de todo, Santos no sólo continuó como su Mindefensa –alabado por él, micrófono en mano, después de cada gran evento-, sino que le endosó sus votos como regalo para la presidencia. Todos sabemos que sin esos votos y sin la guerra sucia contra A. Mockus, Santos habría seguido siendo candidato toda la vida, o ni siquiera eso.  


Además olvida Uribe, cuando –transparentemente- señala que también quiere la paz, que fue él quien trató de abortar este proceso desde antes de nacer. Cuando “sus fuentes” le informaron que se estaba cocinando una negociación que culminó con el actual Acuerdo de la Habana, él trató de formar la repulsa nacional para frustrarlo. No lo logró porque hasta periodistas de extrema derecha le señalaron que la búsqueda de la paz era deber constitucional de todo presidente. Estábamos cansados de esta guerra que él siempre negó. Sus seguidores repiten sus “argumentos”.


Todo está dado. La mesa está servida. En mi anterior artículo, señalé algunos, sólo algunos temas, que me generan recelo, además de los que han sido conocidos en la prensa. Quizá todos tenemos dudas. Pero esto es lo que hay. La idea de que si gana el NO en el plebiscito, se va a renegociar con las Farc, es otra falacia. Hay quienes, ingenuamente, creen en esa otra mentira o la esperan. Otros, a sabiendas de su imposibilidad, cínicamente la publicitan, porque saben que sí se renegociará, pero sólo de aquí a otras decenas de años y a miles de muertos y víctimas más. 


Si llegara a ganar el NO, el gobierno deberá cumplir la palabra empeñada: procurar las condiciones de seguridad para que quienes se han desmovilizado y concentrado en los campamentos sean acogidos por los países garantes. Seríamos responsables de ellos durante un tiempo prudencial, ante la comunidad internacional, que tiene los ojos encima de nosotros.