Palabra y obra

Cartografía urbana: relación entre la urbe y el paisaje natural
30 de Septiembre de 2016


Nuestra crítica apunta elementos destacados de la exposición Cartografía urbana: paisaje y naturaleza, abierta al público en el Centro Cultural Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia (Carlos E. Restrepo).



Libro Anatomía de la melancolía de Felipe Flórez Restrepo, que hace parte de la serie El zoológico de Durero.

Fotos de: Úrsula Ochoa

Úrsula Ochoa


Maestra en Artes Plásticas 


Crítica de Arte


Investigadora


Para nadie es un secreto que en el mundo del arte la palabra cartografía suele utilizarse con bastante frecuencia: textos, exposiciones, charlas, talleres y una gran cantidad de obras se han cobijado bajo las seductoras posibilidades teóricas y plásticas que este término puede ofrecer. Sea porque se enfoque puntualmente desde intereses formales elaborando mapas de toda índole, o porque se establezcan investigaciones sobre los contextos y los territorios, indagando asuntos antropológicos y culturales, tiene una correspondencia directa con métodos que conciernen en esta ciencia (la cartografía), a la marcha, al recorrido y a la reflexión intelectual y crítica que supone el acto de concebir, leer y trazar reflexiones desde un determinado lugar, físico o simbólico. 


Así, proyectos que se inscriben sobre conceptos como: cartografía del cuerpo, cartografía de lo cotidiano, cartografía del territorio, cartografía social, cartografía de lo político, cartografía de lo íntimo, cartografía de lo inteligible, cartografías conceptuales, cartografías críticas y un gran etc., han convertido este término en un lugar común. Esto, por una parte, tiene una razón de ser que no es arbitraria y que no sólo se sustenta desde planteamientos que imponen las teorías institucionales, a partir de la sociología del arte o desde la estética y los estudios visuales; esto sucede justamente porque los artistas son individuos que siempre están dispuestos a formular reflexiones críticas sobre cualquier asunto a través de las imágenes, pero, teniendo presente su contexto, ¿desde dónde crea y hacia dónde puede expandirse esa creación?, ¿dónde se ubica el artista que mira el mundo?


La obra Cosmopolis, de Carlos Carmona.


Cartografía urbana: paisaje y naturaleza es la exposición que fue inaugurada el pasado 16 de septiembre en el Centro Cultural Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia y se concibió a partir de una investigación realizada por Paola Peña, sobre las propuestas que han sido ganadoras entre el año 2010 y el 2014, en las diferentes convocatorias de las becas artísticas que cada año ofrece la Alcaldía de Medellín. 


En este caso, siendo coherente con las “dinámicas cartográficas”, Paola Peña realizó un ejercicio juicioso de observar y ubicar una serie de puntos de intersección conceptual que le permitieron generar un resultado expositivo en el que nos muestra, de manera eficaz, cuáles pueden ser los principales motivos de reflexión en el arte, que se enuncian como una directriz para los artistas de hoy. La muestra se encuentra definida desde dos ejes que, “aunque se inscriben en la ciudad, son de alcance mucho más general: el paisaje y la naturaleza”.


El paisaje más allá de sí mismo propone expandir las ideas comunes del término paisaje, planteándolo como “un constructo, una elaboración mental que los humanos realizamos a través de los fenómenos de la cultura” puntualpuntualizando en el territorio como un espacio político. Aquí se trazan relaciones entre las obras del colectivo Por Estos Días, Ana María Martínez, Daniel Carvalho, Valentina Canseco, Nadir Figueroa, Julián Agudelo, Fredy Alzate, Mauricio Carmona, Evelin Velásquez, Marlon Vásquez, Cristina Ospina y Esteban Zapata. El topos urbano es representado coherentemente con propuestas que se cruzan examinando las caóticas dinámicas de la urbe, el interior de sus arquitecturas y el hombre que convive en ellas. Así, la obra de Cristina Ospina rotula esas dinámicas urbanas a través de un material propio de la vida nocturna, el neón; con este nos señala de forma crítica las condiciones en las que el lenguaje se inserta a través de textos y grafías que nos narran una realidad social y política adversa. Por otra parte, obras como la de Evelin Velásquez, Marlon Vásquez o Julián Agudelo, plantean una relación poética entre un territorio, la arquitectura y las huellas materiales o simbólicas que dejan los individuos que hicieron parte de estos lugares, logrando disolver los paradójicos comportamientos de la ciudad, tanto como un ente móvil, casi un organismo que posee su propia vida, como un espacio liminal que teje relaciones donde hay una división confusa entre lo público y lo privado. 


El consumo nos consume de la serie El papel del canalla, 2013.


Por otro lado, La imposibilidad de la naturaleza reúne reflexiones que se detienen a revisar los fenómenos ambientales que el desarrollo urbano produce en el medio natural, tocando puntos como la idea del dominio territorial, la forma en la cual vivimos la ciudad moderna alejándonos de los conocimientos ancestrales, las costumbres con las que hemos cosificado a los seres vivos, y las consecuencias de los daños ambientales como ejemplos nefastos de las ambiciones humanas sobre el paisaje natural. Con estas inquietudes se conjugan las obras de Sara Herrera, Orlando Restrepo, Felipe Flórez, el colectivo El Cuerpo Habla, Gabriel Botero y Carlos Carmona, quien propone una correlación entre el desarrollo de las ciudades vinculado a los astros, recordándonos que hemos olvidado esas conexiones que hacen al hombre no sólo un habitante de la ciudad sino también del cosmos. 


En relación al resultado expositivo, la curadora responde frente a la pregunta de si considera que esto podría ser el reflejo de las consideraciones sobre las “temáticas” que muchas veces impulsan las academias de arte; sobre esto, Peña tiene claro que no es propio generalizar si partimos de este resultado, pues corresponde a dinámicas mucho más complejas en el ámbito de la creación:


“Lo que pienso es que los artistas responden a sus intereses y búsquedas personales, las cuales están estrechamente vinculadas a su contexto específico (social y personal, lo que abre la baraja de posibilidades exponencialmente), y quizás sí, a ciertos procesos de pensamiento que se desarrollan en lo local en relación a cómo se piensa y entiende la práctica artística donde lo académico sí puede tener una influencia, pero limitada”.