Columnistas

El poder imperial de China en el Congo
Autor: José E. Mosquera
29 de Septiembre de 2016


Los africanos subsaharianos en menos de 15 años han pasado del dominio económico y geoestratégico de Europa y Estado Unidos a la zaga de una hegemonía imperial de Biejing.

Los africanos subsaharianos en menos de 15 años han pasado del dominio económico y geoestratégico de Europa y Estado Unidos a la zaga de una hegemonía imperial de Biejing. China marca un nuevo derrotero en el mapa de la dominación imperial en África, en consecuencia, desarrolla una avasalladora penetración colonial a través de inversiones estratégicas en sectores claves de las economías africanas.


Su política ha sido la de crear decenas de centros de promociones de sus inversiones, un Banco de Inversiones y representaciones del Bankof China y del China Construction Bank en varios países. Además, una serie de filiales del Eximbank para financiar importaciones y exportaciones, y desde luego, ha estructurado alianzas claves con el Ecobank Transnational, un Banco panafricano con filiales en más de la mitad de los países africanos. 


Igualmente a través de la Chinese Communications Construction Company, uno de sus mayores conglomerados en construcciones de obras de infraestructura, se ha ocupa de construcciones de vías, puertos, aeropuertos, hidroeléctricas, oleoductos, hospitales, ferrocarriles, programas de electrificaciones y de equipamientos militares en gran parte de los países.


Los chinos no sólo significan una amenaza para los intereses comerciales y hegemónicos de Estados Unidos en África, sino en el campo militar ya son los segundos proveedores de armas de África. También controlan grandes concesiones de explotaciones madereras, negocios de compras de tierras para producciones de alimentos y exenciones tributarias y aduaneras para a inundar el comercio africano de sus productos. De allí que en algunos países por las competencias desleales de los chinos han surgido protestas en torno de la destrucción de las nacientes industrias nacionales, que no han podido competir con las importaciones de los productos chinos. Muchas empresas textiles africanas se han visto abocadas a la quiebra tras las inundaciones de las telas chinas. 


Más allá de la hegemonía de China en las economías de Nigeria, Ghana, Argelia, Sudáfrica, Angola, Sudán, Kenia, Sudán del Sur,  Mauritania, Zimbabue, Guinea Ecuatorial, Camerún, Zambia y Tanzania, entre otras. En el Congo es una de las economías donde más fuerzas han penetrado los capitales chinos y por sus incalculables riquezas, se ha convertido en centro neurálgico de los intereses estratégicos de Beijing.


Es uno de los países africanos más ricos en recursos mineros-energéticos, en flora, fauna y posee más del 30% de los recursos hídricos del continente. Un país cuyo pasado está marcado por uno de los peores saqueos en la historia africana. Primero por el rey Leopoldo II de Bélgica, luego por las multinacionales norteamericanas, canadienses, europeas y ahora por el neocolonialismo de Beijing. 


Los chinos tienen sus garras puestas en sus riquezas de diamantes, petróleo, cobre, oro y coltan del Congo, estas últimas las mayores del mundo. Los millonarios tratados firmado en los últimos años con los chinos, denominado “El Plan Marshal para el Congo”, los cuales superan los 15.000 millones de dólares. Explican los intereses de Pekín en la economía de Kinshasa, acuerdos comerciales donde los chinos aseguran exportaciones de diamantes, maderas, petróleo, oro, cobre y coltan, entre otros minerales por más de tres décadas. 


Pese a que la política de los chinos es no involucrarse en cuestiones políticas en los países que tienen intereses comerciales. Sin embargo, en el caso del Congo, las cosas pintan diferentes, su socio el presidente José Kabila, pretende perpetuarse en el poder y los chinos no son ajenos a sus pretensiones.


El conflicto político que se ha desato en el Congo, obedece a que el presidente Kabila, aspira seguir en el poder más allá del límite permitido por la Constitución, dos períodos de gobierno. Su interés de aplazar las elecciones ha desencadenado fuertes disturbios en el país, que han obligado a su gobierno abrir un diálogo político con la oposición con el fin de llegar un acuerdo para la celebración de las elecciones en noviembre.