Columnistas

Y ahora el 33% del Nobel. . .
Autor: Rubén Darío Barrientos
29 de Septiembre de 2016


Como ya Crisanto Vargas, Vargasvil, graficó que “Si nos ponemos a cuantificar el premio Nobel al que aspiran Santos y Timochenko se calcula que podría salir valiendo 200 billones de pesos”

Como ya Crisanto Vargas, Vargasvil, graficó que “Si nos ponemos a cuantificar el premio Nobel al que aspiran Santos y Timochenko se calcula que podría salir valiendo 200 billones de pesos” (El Colombiano, 27 de septiembre de 2016) y pasó el show de Cartagena, debemos adentrarnos en lo que es una meta para Juampa: El Nobel de la Paz versión 2016.


Este premio fue instituido por el industrial sueco Alfredo Nobel, quien por testamento lo creó bajo disposición de que se dotara con los réditos de su fortuna. Se entrega en el ayuntamiento de Oslo, capital de Noruega y se decide por un comité integrado por 5 personas designadas por el parlamento noruego. Está dotado con la no despreciable suma de 10 millones de coronas suecas.    


Para Juan Manuel Santos, recabar este premio ha sido una alucinación durante su segundo período presidencial. La cuota inicial de su prurito, la puso el 16 de junio de 2015, cuando viajó a Oslo a entrevistarse con la primera ministra noruega, Erna Solberg, para venderse y orear el proceso de paz. Allí también se habló estratégicamente de que Noruega fuera un país garante. No contento con ello, intervino en el Oslo Forum, para expresar retóricamente que la solución no pasaba por la guerra sino silenciando las armas y construyendo la paz.


Luego consiguió aliados que lo propusieran, como la ONG de Nicaragua, Fundación Esquipulas. Y aunque hay 376 candidatos al Nobel, que es toda una cifra record, el hecho de que el premio se otorgue a las personas o instituciones que hayan trabajado a favor de promociones de procesos de paz, le otorga la esperanza de que se logre su propósito endemoniado. 


El año pasado ganó una institución: El cuarteto para el Diálogo Nacional en Túnez, por su armazón de una “democracia plural” en el país africano. Para este 2016, empero, hay candidatos macizos como el papa Francisco (nominado por tercera vez), Edward Snowden (a quien tiene que derrotar Santos y su combo, por su reconocido favoritismo) y el secretario de Energía de Estados Unidos, Ernest Moniz (admirado por la firma de un acuerdo inédito entre Teherán y las principales potencias del mundo).


Pero la tarea de Juampa está cumplida a las mil maravillas: a) presencia en Oslo para exhibirse en su actividad proselitista por la paz; b) discurso emotivo ante la Onu, el 29 de septiembre último, ante 120 jefes de estado; c) Show en Cartagena para la firma del acuerdo final, con una presencia internacional de jefes de estado y personajes reconocidos y d) Festejos rimbombantes de la paz, en los previos de la selección del ganador del Nobel.


Hay solo algo que le debe estar disgustando a Santos sobremanera: que la nominación no es para él solito sino también para alias Timochenko y para cinco víctimas. Como quien dice, la aspiración es por el 33%, lo que no estaba en sus planes. Le dejará ello el malhumor de que personajes como Barack Obama, Jimmy Carter, Yasir Aarafat, Nelson Mandela, Rigoberta Menchú, Óscar Arias, Lech Walesa, Teresa de Calcuta, Adolfo Pérez Esquivel, Henry Kissinger y otros más, se lo ganaron sin sombras al lado y con el 100%.


El segundo gobierno de Santos ha sido dedicado en su totalidad a estas metas de la paz y del Nobel. Si no corona el premio, le quedará una rabieta eterna y un sabor bastante agridulce.