Columnistas

El reinado de los mitos
29 de Septiembre de 2016


Momentos como el que vivimos en Colombia, crisis recurrentes o tr醤sitos importantes,

Eufrasio Guzmán Mesa


Momentos como el que vivimos en Colombia, crisis recurrentes o tránsitos importantes, son ocasión para que los mitos aparezcan con fuerza demoledora que neutraliza la deseable capacidad de buen juicio y conduce la mente individual y colectiva hacia el error. No nos debemos extrañar, pero no deja de sorprenderme que el mito inunde mentes brillantes, obnubile el juicio de expertos y establezca su reinado de simplicidad dando respuestas simples frente a la complejidad de nuestra historia. La realidad es más diversa y rica que cualquier teoría. Las palabras no son las cosas, nuestro lenguaje es limitado para describir el mundo. En épocas cruciales esas cosas sencillas parecen olvidarse y presenciamos el reinado de los mitos. Los mejores columnistas del país, los dirigentes con dotación intelectual y científica, caen como moscas ante los mitos. El mito es una fuerza anterior a la racionalidad humana, la ciencia contemporánea y la tecnología son frutos nuevos. El árbol del conocimiento empezó con los frutos agridulces del mito y las formas míticas de pensamiento presidieron nuestro primer paso por la tierra; lo que nos ha llevado de ser animales comunes a ser casi criaturas sublimes o terribles es nuestra capacidad cognitiva; el mito y la ciencia son frutos diferentes de ese árbol. En los momentos actuales, rumbo quizás a ser otra nación diferente, aparecen de manera contundente esos mitos y se reducen las actitudes racionales y objetivas. No hay que lamentarse, hay que tratar de comprender y buscarle remedio a la situación con crítica y conocimientos de alta calidad para enfrentar los mitos que no nos dejan pensar bien. Dos grandes mitos se pueden observar, quienes piensan que nos dirigimos al abismo, apocalípticos los podemos llamar, y los ingenuos que juzgan que viene el reino de la miel y la leche en ríos. Ambos están equivocados, no estamos ante el fin de Colombia como nación democrática y tampoco en las puertas del reino del bien y la felicidad que tanto canalla ha ofrecido para llenar sus bolsillos. Vivimos momentos interesantes, podemos ser mejores, cerebrales y conscientes, dueños de nuestro destino, con participación y decisiones serenas para ejercer la ciudadanía y dar un paso firme, con racionalidad y objetividad, en la construcción de la nación que queremos; el Plebiscito del 2 de octubre es una buena oportunidad para empezar a hacerlo.