Columnistas

SI al plebiscito del 2 de octubre
Autor: Guillermo Maya Muñoz
26 de Septiembre de 2016


La visión histórica que algunos sostienen es que Colombia era un paraíso hasta que llegó la “culebra” de las Farc y sembró la violencia y la discordia en Colombia, especialmente, en el campo colombiano,

La visión histórica que algunos sostienen es que Colombia era un paraíso hasta que llegó la “culebra” de las Farc y sembró la violencia y la discordia en Colombia, especialmente, en el campo colombiano, que vivía en la mayor de las armonías sociales entre los campesinos que laboraban sus tierras y los terratenientes que sin descanso aumentaban las propias, gracias al esfuerzo personal de años de incansable trabajo.


Esta visión no corresponde a la realidad histórica. Las Farc son solamente un eslabón de una larga cadena de violencia. Colombia cerró el siglo XIX -que ya había sido testigo de múltiples enfrentamientos partidistas violentos- y abrió el siglo XX con la Guerra de los 1000 días, originada en la férrea hegemonía conservadora desde 1886. Cerca de 100.000 personas perdieron sus vidas, al igual que se perdió el Canal de Panamá.


Los conservadores fueron derrotados electoralmente, inaugurando así la hegemonía liberal entre 1930 y 1946, y que puso en marcha importantes políticas sociales y económicas, como la Ley 200 ó de tierras, desatando la intransigencia e intolerancia de los viudos del poder. El asesinato de J. E. Gaitán en 1948 dio inicio a la peor violencia que el país haya vivido en toda su historia, por cerca de 10 años, con dos millones de desplazados (25% de la población de entonces), y unos 300 mil muertos. ¿Quién pidió perdón por estas atrocidades?


Los partidos tradicionales colombianos, que habían bañado de sangre el campo colombiano, negociaron un acuerdo de convivencia política, el Frente Nacional, entre 1958 y 1974, que significó la excusión política de amplios sectores sociales y de sus expresiones partidistas, y agregaría fuego a nuevos conflictos, a pesar de que logró aclimatarse una relativa calma social, entre una población exhausta por la violencia.


Las Farc nacidas en los años 60, al igual que el Eln, -en paralelo con la política de seguridad nacional patrocinada por los EEUU para evitar la repetición del ejemplo de la Revolución Cubana- se convirtieron en organizaciones que perseguían la toma del poder por la vía armada.


Sin embargo, la amenaza guerrillera para la viabilidad política y económica del país fue contenida con un creciente gasto militar y la colaboración de los EEUU, logrando construir el mayor pie de fuerza en Latinoamérica, mientras se mantenía vigente la democracia de las urnas, y los negocios marchaban bien como siempre. 


Lo que sí lograron las guerrillas fue suplantar y hacer a un lado al movimiento social en sus luchas por sus reivindicaciones sociales, que fue criminalizado y victimizado por la clase dirigente colombiana, como sucedió con el paro cívico de 1977 en contra de las políticas económicas de López Michelsen (1974-1978).


La economía del país nunca dejó de crecer, incluso si se compara su tasa anual del PIB con uno de los países más relevantes de Latinoamérica, como Chile por ejemplo: Entre 1961-69 creció 5.08% (4.37%), 1970-79 5.81% (2.48%), 1980-89 3.40% (4.39%), 1990-89 2.86% (6.38%), 2000-2009 4.14% (3.74%) (Datos de Chile en paréntesis).


Igualmente, la concentración del ingreso se hizo mayor. El índice Gini, que mide la concentración del ingreso, aumentó de 0.47 en 1990 a 0.59 en 2002, y se ha mantenido por encima del 0.53 desde entonces. 


También el coeficiente Gini aplicado a la propiedad de la tierra era 0.74 en 1974, 0.70 (1980), 0.81 (1996), y actualmente está cerca de 0.90. Los terratenientes sin descanso y pausa utilizaron el conflicto armado para aumentar su participación territorial en el total. 


Sin embargo, a los grandes propietarios territoriales no les gusta pagar impuestos, al igual que resto de la elite económica y política: “El valor catastral de toda la Colombia rural equivale a un tercio del catastro de Bogotá” y “el predial, actualmente, es regresivo: la tarifa efectiva que pagan los pequeños y medianos predios es mayor que la de las grandes propiedades” (Juan Camilo Restrepo).


Por su parte, el sector financiero, que no produce nada, sino intermediación y servicios bancarios, pasó de representar el 8% del PIB en 1990 a ser el 20% del PIB en 2015, mientras la agricultura y la manufactura conjuntamente no llegan al 20%, como efecto de las políticas del BanRepública libre y autónomo del gobierno, pero controlado por los intereses financieros.


Por el lado de los salarios, el 54.28% de los trabajadores (11.6 millones de personas) se ganan un mínimo o menos (elcolombiano.com), mientras lo sindicatos están reducidos en su capacidad negociadora.


En definitiva, después de 50 años, las Farc con un gran número de crímenes y violencia contra los colombianos -así como de los paramilitares que surgieron para neutralizarla, financiados por particulares, y con el respaldo militar en múltiples ocasiones- se aprestan a participar del juego democrático, con el reconocimiento implícito de que la vía armada no es solución sino problema. 


Permitámoslo. Votemos SI el plebiscito sobre los acuerdos logrados entre el gobierno y las Farc, y derrotaremos la triste tragedia colombiana de la violencia. Por lo menos el SI es el punto de partida para hacerlo.