Columnistas

¿Síndrome de Estocolmo en las tierras farianas?
Autor: Alejandro Garcia Gomez
24 de Septiembre de 2016


Hace unos días, alguien que trajina las regiones que por años han sido territorios Farc, me decía que observa muchos miedos en la gente que reside allí, a propósito, primero de los diálogos y ahora de los acuerdos de la Habana.

Hace unos días, alguien que trajina las regiones que por años han sido territorios Farc, me decía que observa muchos miedos en la gente que reside allí, a propósito, primero de los diálogos y ahora de los acuerdos de la Habana. Ellos –que han sufrido por años y en carne propia, sus abusos, delitos y crímenes- temen lo que vendrá porque están seguros de que será peor. 


Que ya “se habían acostumbrado” a los miles de pesos que religiosamente, cada semana o cada mes o cada año, habían venido entregando a los recaudadores de sus “contribuciones voluntarias” para su “guerra del pueblo”. Hasta por las aves de corral dizque cobraban. Obvio que si era ganado mayor, cerdos o ganado vacuno o equino, la contribución aumentaba; y mucho. Igualmente por las cosechas y por la producción agroindustrial. Nadie ha podido mentirles acerca del número de semovientes o de hectáreas que posea o del producido de sus empresas. Al parecer tienen personal suyo, dentro de la administración estatal o en las instituciones particulares -almacenes, cooperativas, etc.-. Ellos dizque les dan un registro pormenorizado de algunos elementos que sirven para identificar plenamente las cantidades de abonos o insumos agroquímicos que consumen periódicamente (para las hectáreas de terreno sembradas); de medicamentos y vacunas que adquieren para sus hatos; y de carga y descarga de insumos y producido agroindustrial. 


Cuando hubo quién se atrevió y arriesgó a mermar el número de animales denunciados, para bajar el costo del “voluntario Impuesto de Guerra”, le rebajaron el gravamen, pero le quitaron los animales que hallaron “sobrantes”, porque dizque “no le pertenecían”. A los “civiles” que les preguntaban que si ya estaban en el Proceso de La Habana, por qué seguían cobrando la “vacuna”, dizque les respondían: “los de La Habana comen en La Habana, a los de aquí nos toca comer acá”. Que –a pesar de la firma- aún hoy hay quien cobra el “impuesto”. 


Se habían acostumbrado a asistir, por la razón o por la fuerza de “la advertencia”, a las reuniones citadas por los “comandantes” en la montaña y a las Juntas de Acción Comunal, manipuladas por ellos, con la frecuencia con la que se los “invitara”. Cualquier imposibilidad de asistencia se debía comunicar con los debidos soportes, ¡o…! Se habían acostumbrado a informar a “los comandantes” o a sus delegados sobre sus desplazamientos fuera de su región habitual de residencia, motivos, razón, sitios y tiempos de demora. Los recién llegados, igualmente debían reportarse y demostrar el objeto de su visita o estadía definitiva.


Tienen miedo. Quizá es el Síndrome de Estocolmo, que en este caso no sólo sería por secuestro (dentro de su propia región) sino por los abusos, delitos y crímenes, “conocidos y por conocer”.


Tienen miedo porque, supuestamente, se están trasladando los narcocultivos a zonas muchísimo más alejadas, selva adentro, donde se vuelven invisibles cultivos, “peones” y “dueños”. Que a quienes les trabajan los llevan vendados. Claro que ante la advertencia de castigo frente a cualquier delación… Los peones… ¡…! 


Pero del otro lado, de los que llegarían (Eln o paras Bacrim) no serían menos los abusos, delitos y crímenes y por eso temen. ¿Quién los reemplazará? “‘Sin la guerrilla esto se convertirá en un caos de robos y violaciones’, argumenta [un]mototaxista decidido a votar por el ‘no’ en el plebiscito del 2 de octubre”, zona de concentración en Antioquia (“Lo duro es la Paz”: El Confidencial, Hotmail). 


Mis dudas y estas consideraciones son una razón más para dar mi SÍ en mi voto del plebiscito por la búsqueda de la Paz. Pero también es otra alerta no sólo para el Gobierno sino para la comunidad mundial acompañante.