Columnistas

EEUU: Los trabajadores perdieron con la globalizaci髇
Autor: Guillermo Maya Mu駉z
19 de Septiembre de 2016


Los trabajadores estadounidenses son perdedores en el proceso de la globalizaci髇 actual, y con los acuerdos comerciales no han logrado los beneficios prometidos.

Los trabajadores estadounidenses son perdedores en el proceso de la globalización actual, y con los acuerdos comerciales no han logrado los beneficios prometidos. El desempleo, los salarios estancados, la mala distribución del ingreso y la riqueza, con efectos negativos en sus perspectivas de vida y la de sus hijos son hechos que ya van siendo imposible negar por el `establecimiento´ y los beneficiarios del proceso, las megacorporaciones y Wall Street.


Según Derek Thompson, La economía estadounidense, en 60 años (1947-2007), sufrió una transformación estructural profunda, en la participación de cada uno de los sectores económicos en el empleo total. La manufactura y la agricultura pasaron del 33% del empleo al 12%, mientras los servicios crecieron de 24 a 50%. Entre los servicios, el sector financiero, que incluye finanzas, seguros e inmobiliario, dobló su participación en el empleo del 10.5 a 21.4%. Entre 1979 y 2012, en total, EEUU perdió 7.5 millones de empleos en la manufactura, pasando de 19.5 a 12 millones.


¿Qué pasó? Las corporaciones se relocalizaron en el extranjero buscando salarios bajos y las exportaciones se convirtieron en importaciones: “Las importaciones chinas explican el 44% de la disminución del empleo manufacturero en EEUU entre 1990 y 2007” (theeconomist.com, july 30-2016). 


En consecuencia, Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, señala que “el 90% de la población estadounidense ha sufrido un estancamiento de sus ingresos en los últimos 33 años. (…) En la parte inferior, los salarios reales son comparables a los niveles de hace 60 años. (Aug 5-2016). ¿Por qué? Alexander Friedman apunta a que “desde 2009 (…) aproximadamente el 95% de todos los aumentos del ingreso (nacional) han ido a parar a manos del 1% más adinerado de la población”, y “curiosamente, a una hora al norte de Wall Street, en Bridgeport, Connecticut, el coeficiente Gini es peor que en Zimbabue”. Titular: “Una familia negra estadounidense promedio necesitaría 228 años para construir la riqueza de una familia blanca actual” (thenacion.com).


Por su parte, Anne Case y el también Nobel de Economía 2015 Angus Deaton en su trabajo “El aumento de la morbilidad y la mortalidad entre los norteamericanos blancos no hispanos de edad media en el siglo 21” (original en inglés) señalan que “éste trabajo documenta un marcado aumento en la mortalidad de los hombres y mujeres blancos y no hispanos de edad media en EE.UU entre 1999 y 2013. Este cambio revirtió décadas de progreso en la disminución de la mortalidad y fue excepcional para los EE.UU. Ningún otro país rico vio un cambio de tendencia similar. La reversión de la mortalidad en personas de edad media se limita a los blancos no hispanos. (…) en gran parte explicada por aumento de las tasas de mortalidad por las intoxicaciones de drogas y alcohol, el suicidio y las enfermedades crónicas del hígado”.


La casualidad entre enfermedad y muerte y el deterioro económico la señalan como la posible causante de ésta epidemia: “Aunque la epidemia de dolor, suicidio y sobredosis de drogas precedió a la crisis financiera, hay posibles vínculos con la inseguridad económica. Después de la desaceleración de la productividad en la década de 1970, y con el aumento en la desigualdad de ingresos, muchos de la generación del Baby Boom son los primeros en darse cuenta, que ellos no van a vivir mejor que sus padres”.


En otro  estudio se afirma que en EEUU “el 1% más rico de los hombres vive 14.6 años más en promedio que el 1% de los hombres más pobres, mientras que entre las mujeres la diferencia es de 10.1 años” (April 11-2016). 


Finalmente, por lo tanto, el surgimiento del políticamente incorrecto, xenófobo, racista y narcisista Donald Trump, en el escenario político como candidato presidencial antiglobalizador y antilibrecambista, no es pura casualidad, y que sean los blancos pobres y en vías de serlo quienes constituyen la mayoría de su seguidores, y que ha sido llamados ‘deplorables’ por la candidata Clinton.


Por otro lado, Hillary Clinton, la “chica Goldwater” republicana, patológicamente mentirosa, responsable con Bill Clinton de la deriva neoliberal corporativa del partido Demócrata y que tan desastrosas consecuencias ha traído a los trabajadores estadounidenses y al resto del mundo, hace promesas públicas que no cumplirá, pero no aquéllas que hace en privado y que seguramente se convertirán en realidad. Wall Street y el mundo corporativo paga su ambición y sus discursos muy generosamente, al igual que los de su marido.


Los políticos en todas partes son como el Gatopardo, prometen el cambio y cambian algo para que nada cambie.