Editorial

Las bodas de roble de la UPB
15 de Septiembre de 2016


Este aniversario es testimonio del enorme valor de la coexistencia de la educaci髇 p鷅lica y privada, no s髄o por el espacio ganado por las distintas visiones e ideolog韆s sino por la competencia que se gesta en la b鷖queda de la calidad educativa.

Con la celebración de una eucaristía solemne, que presidirá el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo en la Catedral Metropolitana, la Universidad Pontificia Bolivariana celebra hoy 80 años de su fundación, efemérides que llena de orgullo a sus estudiantes, profesores, empleados, directivos y, muy especialmente, a sus egresados, quienes han sido testigos del afianzamiento de la misión institucional legada por sus fundadores, a la cual ha sabido mantenerse fiel a pesar de la apremiante transformación de su oferta académica, su entorno físico y su cobertura, ante los vertiginosos cambios sociales y culturales que ha debido enfrentar.


Pese al entusiasmo juvenil de los promotores de una nueva institución, del apoyo del profesorado que les dictaba las primeras clases y de la aquiescencia de la Iglesia Católica, pocos creían en 1936, según relata en sus memorias Fernando Gómez Martínez, uno de los primeros profesores, que tal empresa fuera a tener algún éxito o perdurabilidad en el tiempo dado su origen en la disidencia de un grupo de estudiantes de Derecho de la Universidad de Antioquia que reclamaban para sí libertad de culto y de cátedra. Tal sensación de desánimo se vio acrecentada por las muertes, inesperadas como todas, de Juan Evangelista Martínez, profesor fundador, y del primer rector, monseñor Manuel José Sierra, quien era entonces tal vez la única voz optimista entre los impulsores de la idea, pues él sí visionaba una institución a  la que concurrirían masivamente los jóvenes de 


Medellín.


Pasadas ocho décadas desde que el arzobispo Tiberio de J. Salazar y Herrera firmó el decreto de fundación, es evidente que la ilusión de monseñor Sierra se impuso sobre el temeroso escepticismo de sus compañeros de quijotada, pues la Universidad, llamada Pontificia desde 1945 por sello conferido por el papa Pío XII, tiene para mostrar hoy, entre muchos otros logros, una oferta de 46 pregrados, 102 especializaciones, 48  maestrías y nueve doctorados en su sede de Medellín, además de las subsedes en Bucaramanga, Palmira y Montería, y una oficina de gestión en Bogotá. Solamente en la capital antioqueña, son 15.500 los estudiantes, sumados los de pregrado y los de posgrado, así como 3.700 empleados y docentes; cifras que hablan por sí mismas del compromiso de la institución con la educación y con la sociedad.


Aunque son innumerables las ejecutorias a lo largo de 80 años, así como prolífica la lista de egresados ilustres, queremos centrarnos en destacar tres hechos recientes que son evidencia de la transformación social y humana que la Universidad promueve. Primero, la obtención de nueve patentes fruto del trabajo de 103 grupos de investigación orientados a buscar soluciones a problemas cotidianos y que tienen como norte la innovación. La más reciente se otorgó al desarrollo de una pala con geometría no convencional para turbinas eólicas, la cual permite una mejora operacional respecto a los equipos similares disponibles en el mercado. Segundo, la cobertura de población indígena, que le  ha permitido a la UPB, mediante la licenciatura en etnoeducación, ofrecer en Antioquia primero y luego llevar la educación superior a pueblos alejados y a etnias discriminadas. Este trabajo se ha materializado en Leticia (Amazonas), Toribío (Cauca) y Puerto Asís (Putumayo). Y, tercero, la amplia aceptación que la institución ha tenido entre los beneficiarios del programa Ser Pilo Paga, del Gobierno Nacional, que con 1.396 estudiantes, sumadas las cohortes 1 y 2, hacen de la UPB la primera universidad de Antioquia y la tercera del país en número de beneficiarios; fenómeno atribuible, en parte, a  la estratégica ubicación de Medellín con respecto a regiones como los Santanderes, el Chocó y la Costa Caribe, y a la novedad de algunos de sus programas, como los de ingeniería en Diseño de Entretenimiento Digital, Nanotecnología o Aeronáutica.


Para nosotros, este aniversario es testimonio del enorme valor de la coexistencia de la educación pública y la educación privada, no sólo por el espacio ganado por las distintas visiones e ideologías sino, principalmente, por la competencia que se gesta en la búsqueda de la calidad educativa. Independientemente de la base filosófica o religiosa, al final todas las instituciones trabajan al unísono por formar profesionales idóneos e íntegros, dispuestos a aportar al desarrollo de la región y del país, una perspectiva de la que es botón de muestra el G8, el grupo de universidades acreditadas en Antioquia, que desde 2004 han unido esfuerzos para potenciar sus capacidades, y del cual han surgido otras experiencias como Tecnova o el  Comité Universidad-Empresa-Estado. Felicitamos, pues, a la Universidad y a quienes a ella están vinculados, y hacemos votos para que siga prodigando sus frutos a la sociedad por largos años.