Columnistas

¿La paz del Sí es negativa? Sí
Autor: Alejandro Álvarez Vanegas
14 de Septiembre de 2016


Quiero repasar el concepto de paz dividiéndolo, como propuso Johan Galtung, en “paz negativa” y “paz positiva”.

Quiero repasar el concepto de paz dividiéndolo, como propuso Johan Galtung, en “paz negativa” y “paz positiva”. Pero, antes -porque seguro que alguien se estará preguntando “¿quién es Johan Galtung y a mí qué importa lo que haya propuesto?”-, voy a aclarar quién es él. Estamos hablando de un sociólogo y matemático noruego que en 1959 fundó el Instituto de Investigación de la Paz en Oslo, en 1964 estableció la revista Journal of Peace Research y en 1987 recibió el Premio Nobel Alternativo. Palabras más, palabras menos, es el principal fundador de una disciplina: el estudio de la paz y el conflicto. 


Siguiendo su línea de pensamiento, se entiende que la paz negativa significa ausencia de violencia y ocurre, por ejemplo, cuando se da un cese al fuego. Por llamársele negativa no debe confundirse con mala: se le dice así porque se está evitando que algo indeseable suceda: la violencia. Sin embargo, aunque la paz negativa es algo bueno y conveniente, ésta debe ser algo transicional y no el fin último de una sociedad. La paz positiva, por otro lado, se define como la “presencia de actitudes, instituciones y estructuras que no sólo crean, sino que también mantienen sociedades pacíficas”. Esto lo tomo del Reporte de Paz positiva 2016 del Instituto de Economía y Paz, donde dice además que “una paz positiva bien desarrollada representa la capacidad de una sociedad para satisfacer las necesidades de la ciudadanía, reducir el número de agravios y resolver los desacuerdos sin el uso de violencia”. Esta paz positiva, la que busca que vivamos justa y dignamente, es la que se debe perseguir.


Con ese telón de fondo, quiero señalar algo: votar por el Sí es promover gran parte de esa paz negativa pues, aun si hay disidencia, el punto del Acuerdo que trata el Fin del conflicto (Cese al fuego y reconciliación) implica que los crímenes de las Farc se reducirán, con lo que se aliviará parcialmente la situación actual de violencia. Con el Sí se abre la gran oportunidad de acallar una gran cantidad de fusiles. Muchas personas, sin embargo, piensan que eso no es suficiente -con lo que estoy de acuerdo- y por eso van por el No en el plebiscito -posición que no comparto-. ¿Por qué, si ya dije que la paz negativa no es suficiente, impugno la posición del No? Porque el Acuerdo trata otros puntos además de ése. La Reforma rural integral, la Participación política, las Drogas ilícitas, las Víctimas y justicia, y, por último, la Verificación y refrendación, posibilitan la construcción de la paz positiva que tanto anhelamos. Sí, la paz del Sí es -paz negativa-, lo cual es bueno y tiene el potencial de ser mucho mejor.


Puedo comprender que el hecho de firmar un acuerdo con las Farc (sea cual sea), despierte desconfianza, rabia, miedo e indignación -y puede que otros sentimientos-. Pero, ¿qué alternativas se nos ofrecen? ¿Cómo podríamos seguir tratando con las Farc después de una hipotética derrota del Sí?  Veo dos formas: una, retomar las negociaciones para modificarlas o, la otra, volver a las estrategias militares. En cuanto a la primera opción: en algún momento hay que pasar del análisis a la acción. El Acuerdo puede no ser perfecto, pero sí tiene suficientes elementos que le apuntan al resarcimiento de las equivocaciones históricas que han generado la violencia. ¿Y seguir con la estrategia militar? Es caro, es difícil, genera más violencia y, aparte de todo eso, es injusto. Como lo dijo Leonard Rentería: los hijos de los ricos no van a la guerra. 


Creo, por último, que una de las tareas más importantes que tenemos es reflexionar sobre la responsabilidad política que como ciudadanos nos compete y que no podemos seguir evadiendo. Se trata, al final, de asumir lo que tanto tiempo hemos estado aplazando y participemos activamente, entendiendo que la paz positiva es una tarea de toda la sociedad (sociedad civil, empresas, gobierno, academia, etc.). Hay que dejar la modorra participativa a un lado porque la paz no se va a construir sola.


Este cierre, para quienes tienen la desatinada pesadilla de que Colombia se convierte en Venezuela, debe ser un punto de profunda reflexión. Como dijo Fabio Rubiano hace poco: es posible decirle Sí al final de la guerra, teniendo claro que después puede decirles No a los políticos que no le gusten.