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Se cambian black hawk por Cultura
Autor: Carlos Arturo Soto Lombana
13 de Septiembre de 2016


Gran parte de las dificultades que tiene Colombia para obtener la paz se focaliza en las ganancias económicas que representa sostener la guerra para la industria militar,

Gran parte de las dificultades que tiene Colombia para obtener la paz se focaliza en las ganancias económicas que representa sostener la guerra para la industria militar, amén de las coimas que se pagan para ganar las licitaciones y/o adjudicar la contratación. Las compras de equipos de guerra, pagos en entrenamiento del personal militar, sistemas de inteligencia terrestre y satelital, entre otros, representan enormes inversiones que se pagan con los impuestos que aportan los colombianos. Por ejemplo, el costo de diez helicópteros black hawk en el 2012 (según dato tomado del portal militar colombiano) fue de U$ 150.000.000 (ciento cincuenta millones de dólares), cifra que no se compadece con la que se deriva de los cálculos que, a grosso modo, se pueden hacer de lo contemplado en los Acuerdos de La Habana, en lo relacionado con el cumplimiento de las garantías para la reincorporación económica y social de los guerrilleros a la vida civil (punto 3.2.2.7 de los Acuerdos).


Se calcula que la guerrilla puede tener cerca de ocho mil efectivos que harán el proceso de reincorporación a la vida civil en los próximos meses; el Gobierno se comprometió a pagarle a cada excombatiente el equivalente al 90% de un salario mínimo mensual, más prestaciones sociales durante 24 meses, además de una asignación única de dos millones de pesos. El cálculo de lo que puede costar para los colombianos cumplir este compromiso equivale a la suma de U$64.000.000 (sesenta y cuatro millones de dólares), costo equivalente a comprar 4 black hawk. 


Por supuesto que queda por valorar lo que significa la inversión que demandará llevar a la práctica el acuerdo primero, relacionado con la infraestructura y adecuación de tierras (puntos 1.3.1, 1.3.2., 1.3.3 y 1.3.4. de los Acuerdos), primer capítulo sobre reforma rural integral, representado en inversiones relacionadas con infraestructura vial, infraestructura de riego, infraestructura eléctrica y de conectividad, salud, educación, vivienda y agua potable, estímulos a la economía solidaria y cooperativa, asistencia técnica, subsidios, generación de ingresos y crédito y mercadeo. 


Desde luego que hay una gran diferencia entre destinar el presupuesto nacional para la compra de equipos  de guerra (aviones, helicópteros, buques de guerra, misiles, armamento pesado y liviano, etc), que utilizar el presupuesto en la inversión en infraestructura, en la implementación de sistemas de salud, educación, comunicación, asistencia técnica y demás programas que permitan aumentar los ingresos de la población rural y de quienes viven en condiciones de pobreza y vulnerabilidad. Entre otras cosas, este enfoque de los Acuerdos de La Habana no está distantes del Plan Nacional de Desarrollo del presidente Alfonso López denominado “para cerrar la brecha” que quedó a media marcha.


Sin duda alguna un sector minoritario de la sociedad ve con bueno ojos que exista la guerra y que incluso se intensifique por los réditos económicos que se derivan de la misma, aspecto que no sólo ocurre en Colombia sino que es el principal detonante de los conflictos internacionales, como lo expresó Jeb Bush, hermano del expresidente estadounidense George W Bush, en su visita a España en la época de la invasión militar a Irak: “Puedo asegurar a todos los que tienen sus dudas [sobre la guerra y la participación de España en esta] que a largo plazo esa relación dará beneficios que no se pueden imaginar ahora…”. Los españoles siguen esperando tales beneficios y lo que ven en su horizonte mediato es una escalada de violencia que está pasando factura al continente europeo.


Invertir en armamento es apostar por la destrucción de la cultura, mientras invertir en la paz es apostar a la Vida. La Vida es Cultura. 


 (*) Profesor Universidad de Antioquia