Columnistas

Dólar - Figueroa - Costos
Autor: Alberto Maya Restrepo
12 de Septiembre de 2016


Las siguientes cifras desdicen de la salud económica y financiera del país. Ni Santos ni su minHacienda han hablado con claridad.

Las siguientes cifras desdicen de la salud económica y financiera del país. Ni Santos ni su minHacienda han hablado con claridad. La única manera de saber cómo vamos es revisando y analizando las cifras. Veamos algunas que me envió un amigo economista:


La situación de las finanzas públicas es compleja y tiende a agravarse por la existencia de las llamadas “vigencias futuras”. Es decir, desde ya se han comprometido recursos de años venideros, así que todo presupuesto que se haga tiene que arrancar por anotarle lo que ya se dijo se va a poner en tales o cuales proyectos. De otro lado, el desbordamiento del gasto ha sido enorme; la palabra austeridad parece no existir en el manejo del día a día del gobierno central. Mientras la inflación acumulada entre los años 2010 y 2016 es del 27,7%, la deuda interna del Gobierno Nacional central creció 64,4%, la deuda pública externa aumentó 73% y los gastos de funcionamiento se han incrementado en un 58,9%. Todo lo anterior sin contar con la corrupción que es escandalosa y ruinosa.


Sea quien fuere el próximo presidente se va a enfrentar a una crisis tremenda y sabrá Dios cómo pensará salir del hueco, pues los compromisos derivados del desarrollo de los Acuerdos de Paz son tan grandes que ya funcionarios del Estado han dicho que ni saben a cuánto ascenderían e, igualmente, han dicho que plata para el posconflicto no hay, empezando porque en el proyecto de Presupuesto de la Nación para 2017, que hoy está en manos del Congreso, no hay partida alguna asignada a tal fin.


Si solamente miramos la tasa de cambio, parece absurdo que algunos sigan pensando que su valor está atado exclusivamente al precio del petróleo, cuando el valor de nuestra moneda a lo que debe estar referido es a las condiciones macroeconómicas internas y éstas, viendo las cifras dadas antes, no son buenas, así que el precio del dólar va a tener que subir, aunque el precio del petróleo ronde los 50 dólares por barril.


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Óscar Figueroa, medallista de oro en los J. O. de Río, nacido en Antioquia y entrenado en el Valle, solicitó al gobierno $10.000 millones para construir un Centro de Entrenamiento. Al deportista, persona humilde, sana, honesta, disciplinada, puede que le hagan caso en lo de hacer ese Centro, pero él habló con el corazón y no con la realidad nacional en materia de hacer obras, pues si se lo construyen por esa plata va a resultar un rancho de paja con dos piedras para “entrenar” con ellas. Le faltó tener en cuenta, entre otros, los costos y gastos derivados de las licitaciones, de los contratos, de los subcontratos, de los permisos, de los impuestos (los que serán más altos que hoy porque en la tal reforma tributaria que viene como que lo que piensan también es tumbar las exenciones), así que al final los $10.000 millones pedidos no serán sino la primera cuota para la mermelada que desde ya debe tener larga fila para ver a quién le dan. Todo lo anterior sin contar con la nacionalidad de quien se haga a ese contrato, pues una cosa es que sea, digamos, japonés y otra que sea español. El primero muy posiblemente lo hará por lo que dijo al licitar, y el segundo traerá sus mañas y además irá a recibir instrucción de sus compatriotas de Electricaribe o de Comsa para enterarse de tácticas de alto calibre y sofisticación para tumbarnos.


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En tiempos normales seguramente no nos respondería el Gobierno algunas preguntas, y menos ahora que hay jolgorio por los documentos firmados en La Habana. Qué bueno sería saber cuánto nos ha costado el proceso de conversaciones en Cuba. ¿Cuánto les pagaron a Humberto de la Calle, a Sergio Jaramillo, etc. por estar allá pacientemente durante varios años? Álvaro Leyva y Enrique Santos ¿harían sus diligencias ante las Farc de forma gratuita? No creo, así que deberían decirnos cuánto les dieron. Hospedajes, alimentación, transportes, salones, personal auxiliar, en fin, ¿a cuánto ascendieron esos costos? ¿Habrá sinceridad y transparencia?