Editorial

Oasis de la ciudadan韆
10 de Septiembre de 2016


La lectura de historias, datos e ideas, es el medio insustituible de la formaci髇 de ciudadanos para la vida com鷑, esto es, para el aprendizaje, la comprensi髇, el di醠ogo y la participaci髇.

Medellín y sus visitantes disfrutan de la Fiesta del Libro y la Cultura, oasis para el ejercicio de la ciudadanía como vivencia en espacios públicos, donde los distintos se encuentran y los sueños se entretejen para manifestar una ciudad diversa, plural, abierta y segura, para la vida como creación y goce. Tenemos orgullo de ser parte, y testigos, de este sueño colectivo, que nació en la nostalgia y el deseo y se ha fortalecido en diez ediciones por la férrea voluntad de sus 400.000 visitantes anuales.


Esta Fiesta tiene un pasado que algunos habitaron y otros recuerdan gracias a quienes todavía los nombran, como sucede con el análisis Cuando éramos librescos y casi felices, escrito por Memo Ánjel y que ayer publicamos en Palabra&Obra. Con la fuerza del sueño, el documento recoge la nostalgia de la ciudad que el narcoterrorismo arrasó. Pero ese dolor transmuta en posibilidad, cuando el autor abre la posibilidad de preguntarse si la Fiesta es obra de la rebeldía (¿o la revelación?) de ciudadanos que anhelan la urbe como conjunto de calles, plazas y parques habitados por encuentros y construcciones culturales que representan, significan y transforman sueños, relatos, vidas. Ello, porque esta Fiesta es espacio público recreado por la ciudadanía y, por supuesto, creador de la cultura que ella vive y manifiesta en los libros, la música, las tradiciones, expresados y visibles en este encuentro. Celebrar que la ciudadanía de Medellín ha construido este espacio de encuentro invita a añorar la ciudad que perdimos, lo mismo que a preguntar por la ciudad de la vida que hemos deseado, y que se sigue construyendo en proyectos como las UVA, el Jardín circunvalar y Parques del río Medellín.


Hecha por los centenares de miles de ciudadanos que durante las diez versiones sucesivas desde 2007 se han dejado invitar a recorrer, mirar, escuchar, comprar, decir, la Fiesta es universo de posibilidades creadoras que se muestran en los eventos oficiales y en los encuentros improvisados. De manera especial, y a diferencia de eventos semejantes, pero con énfasis comercial, esta Fiesta es conversación. Es lugar de la palabra como libertad de quien se expresa para crear diálogos y como respeto de quien se deja interpelar porque se hace partícipe de interlocuciones y encuentros. Esas conversaciones que fluyen en los talleres pensados para coquetear con nuevos lectores, en los eventos convocados con escritores que disfrutan apearse de sus pedestales para hacerse iguales con su público, así como en los encuentros fortuitos, y muy deseados, en los que los pares recuperan el hilo de conversaciones para dejar nuevas palabras que recrean el ritual que esperará otro momento de fortuna en el que caigan muros y barreras para provocar el encuentro y el diálogo.


La Fiesta del Libro y la Cultura es un rito en honor a la lectura; está forjada por los escritores, los editores, los libros publicados en papel y en nuevos medios. Convocarla y celebrarla es renovar el milenario asombro que es el lenguaje y su escritura; la ilustración, el diseño y la edición que le dan forma y complemento.  También es comprometerse con la libertad de expresión, tema que este año se cuestiona ante la multiplicación de medios, y la amplificación irrestricta de todas las voces, todos los mensajes. La pregunta por el significado cultural de espectaculares frases de 140 letras o dramáticas imágenes que acumulan seguidores y emociones no puede, sin embargo, alentar fundamentalismos de nuevo cuño que minimicen, hasta amenazar su existencia, la escritura libresca, de relatos complejos y textos dicientes, o desprecien el esfuerzo por leerla, entenderla, discutirla. Como en el pasado, la lectura de historias, datos e ideas, es el medio insustituible de la formación de ciudadanos para la vida común, esto es, para el aprendizaje, la comprensión, el diálogo y la participación. Al renovar, o crear, la admiración y la pasión por el libro y la lectura, más allá del acto comercial de comprar y vender libros, la Fiesta del Libro y la Cultura se realiza como magno encuentro de la ciudad, como el oasis que la ciudadanía añora y disfruta.