Columnistas

La decisión
Autor: Henry Horacio Chaves P.
9 de Septiembre de 2016


Con la misma firmeza con la que hemos reclamado una mejor disposición para la discusión y una valoración más respetuosa de las diferencias; así como hemos abogado por subir la calidad de los argumentos y bajar el tono de la voz;

Con la misma firmeza con la que hemos reclamado una mejor disposición para la discusión y una valoración más respetuosa de las diferencias; así como hemos abogado por subir la calidad de los argumentos y bajar el tono de la voz; es justo reconocer el esfuerzo de distintos sectores y actores para debatir y explicar sus puntos de vista sobre el plebiscito del 2 de octubre. Un importante avance en materia de civilidad y buen augurio para el esperando posconflicto. Insistamos: no queremos a todos pensando igual, pero sí respetando la diferencia, celebrándola.


Animados por la academia o por algún colectivo social, promovidos por medios de comunicación o por partidos políticos, ha habido varios debates y foros sobre las posiciones contrarias con representantes tanto del sí, como del no. Espacios que se han ganado, como el “Lunes de ciudad” que promueve el teatro Pablo Tobón Uribe, vale la pena conservarlos y aumentarlos. La asistencia al análisis del acuerdo da cuenta de la convocatoria y de la oportunidad. Aunque pudiera pensarse que hay exceso de información del tema, el entusiasmo en la participación de los foros es muestra del interés que suscita y de la disposición a la controversia sobre un tema tan crucial. 


Además de los promotores de estos espacios de discusión y análisis, conviene exaltar a quienes se sienten convocados y se disponen a escuchar voces contrarias, para criticarlas con respeto. No creo que haya mucha disposición para dejarse convencer o para cambiar de opinión. Me parece que quien se acerca con una decisión tomada, busca mejores argumentos para defenderla, más que incubar la posibilidad de dejarse tocar por los argumentos que la desvirtúan. Quien sabe cómo votará, escucha y participa pero no atiende ni reelabora. Otra es la realidad de la alta franja de indecisos, objetivo primordial de los defensores de una u otra postura. Ellos hacen bien en sopesar los argumentos y valorar los datos, para que no se dejen meter gato por liebre, pues de lado y lado se han sumado imprecisiones, mitos y abiertas mentiras. 


A pesar de eso, también es oportuno celebrar la disposición de quienes han acudido, y seguirán yendo, a esos espacios, para defender su postura. De eso se trata el debate político y así es como se ejerce la democracia. Hemos asistido a un buen ejercicio, aunque aún extrañemos mayor profundidad en los análisis y menos dogma en las expresiones. Vamos avanzando, eso es lo importante. Se va haciendo evidente que somos capaces de pensar distinto, de soñar diferente, de vivir desigual, sin tenernos que matar o ignorar. Hay esperanza, sobre todo, porque este proceso ha sido impulsado por muchos jóvenes que no quieren que otros decidan por ellos, así en sus argumentos y reflexiones todavía se sienta con fuerza la voz de un tercero.  


Ese entusiasmo juvenil me obliga a recordar el espíritu que nos animaba 25 años atrás, cuando nos quedamos esperando a las Farc y al Eln en el proceso que desembocó en la constituyente, tras el acuerdo con el M19. Los elenos siguen dejados por la historia. La mayor virtud de la Constitución del 91 no es la tutela ni la elección popular de gobernadores, ni la aún esperada descentralización administrativa; fue poner de moda la norma, hacer que todos la quisieran leer y se sintieran parte de ella. Se sembraron muchas esperanzas, no todas satisfechas aún. En todo caso, con la misma ilusión con la que voté para la constituyente, votaré el plebiscito que me parece de igual valor histórico. Con el tiempo me arrepentí de votar por Rojas Birry, espero que esta vez no me pase lo mismo, porque sigo pensando que un país mejor y más incluyente es posible.


Coda:   A propósito de esperanza, mientas escribo este Memento es noticia la esperada nulidad de la reelección del procurador Ordóñez. Motivo de alegría porque demuestra que no hay funcionario por encima de la ley o la norma y en cambio existen abogados decentes que no están dispuestos a tolerarlo.