Columnistas

El paso al borde del abismo
Autor: Carlos Arturo Soto Lombana
6 de Septiembre de 2016


Se atribuye a Pinochet la frase: “Ayer estábamos al borde del abismo, hoy hemos dado un paso al frente”.

Se atribuye a Pinochet la frase: “Ayer estábamos al borde del abismo, hoy hemos dado un paso al frente”. La frase no nos dice si los chilenos estaban de espaldas o de cara al abismo, por lo que no se puede concluir si el paso al frente significa apartarse o caer al abismo. He recordado esta frase a raíz de la polarización que vive el país con relación a la firma de los Acuerdos de Paz. Hasta hace poco tiempo, en la esfera internacional, se consideraba a Colombia como un Estado fallido, que a pesar de contar con una de las democracias más antiguas del continente, el Gobierno no tenía el control de todo su territorio y el monopolio de la fuerza lo disputaba con fuerzas insurgentes y al margen de la ley. Esta realidad se agrava más con la creciente polarización ideológica de la clase dirigente que no logra ubicarse de cara o de espaldas del abismo.


Lo que se estila en una democracia es que existan partidos o sectores que hagan oposición al partido que gobierna, pero esta oposición debe tener un límite cuando se trata de construir un bien común para la Nación. Como lo mencionó el Dr. Humberto de La Calle “el acuerdo logrado es el mejor acuerdo posible” pero no representa un salto al vacío, sino que es el producto de una negociación, que pasa por reconocer con sentido autocrítico, que el Estado colombiano está en deuda con los sectores más afectados por la violencia: los campesinos, las minorías étnicas y en general el contexto rural.


Las críticas de los opositores al Gobierno y a los acuerdos suscritos han centrado sus principales dardos a lo relacionado con la justicia transicional, dejando entrever que se trata de un Acuerdo de impunidad que no castiga con cárcel a las cabecillas de las Farc. Pero esta falacia también ha tenido su respuesta por parte de la Fiscal Fatou Bensouda, presidenta de la Corte Penal Internacional (CPI), que en comunicación afirma: “Noto con satisfacción que el texto final del acuerdo de paz excluye amnistías e indultos para crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra bajo el Estatuto de Roma”,


Me uno a las opiniones que emergen, y sobre esto escribí una columna, de que la decisión sobre el respaldo a los acuerdos de paz debe recaer en los jóvenes. Como lo dice Fernando Carrillo en su columna de El Tiempo: “Los jóvenes tienen en sus manos la llave que clausurará la puerta de la guerra, cerrando el capítulo que les quedó pendiente al Frente Nacional y a la Constituyente.” La séptima papeleta promovida por los jóvenes en 1990 permitió que el país rediseñará su marco constitucional lo que imprimió un avance importante en la democracia en Colombia y en las garantías de los ciudadanos con la formalización de la tutela. Por supuesto que no me estoy refiriendo a los jóvenes del Frente Nacional ni a los de la Constituyente de 1990; los jóvenes a los que me refiero son los de Plebiscito del 2016.


Una última reflexión: con todo respeto los expresidentes de la República le harían un gran favor al país manteniendo su distancia e imparcialidad en las decisiones que el pueblo colombiano tomen en este momento en relación a las Acuerdos de Paz. Los actuales expresidentes han sido actores importantes en la búsqueda de la paz y su legado en alguna medida es el que nos ubica en este momento histórico. Nunca antes la nación había logrado consolidar un proceso de Paz, que se expone ante el mundo como emblemático y de referencia para resolver conflictos similares que tiene el mundo. 


(*) Profesor Universidad de Antioquia